Selección natural

07/02/2011  

En este trabajo, como en casi todos en estos tiempos en los que adoramos a la producción como se adoraba a Horus, muchos intentamos seleccionar qué hacer con nuestro tiempo laboral, principalmente porque si multiplicas todo lo que tendrías que hacer por el tiempo que te llevaría hacer bien cada cosa no te salen las cuentas. Incluyendo horas extras, sí. De ésas que a casi nadie nos pagan, sí.

Una solución alternativa a tener que elegir lo que haces sería relajar tu sentido de la ética y responsabilidad (llámese ser práctico para que no suene a crítica, puesto que no lo es) y dejar de hacer bien tu trabajo: ir a toda prisa, hacer lo mínimo para cumplir, llevar las ochocientas tareas de cada jornada dedicando un par de segundos a cada una. De hecho, eso no sólo está bien visto en este país, sino que como no lo hagas se te castiga (y si eres experto en ello se te premia, pero lo más desesperante es que como no lo hagas, se te castiga).

Como uno está mal hecho y le es (casi) imposible realizar las cosas de las que se siente responsable de aquella manera que uno piensa que están mal, no tiene más remedio que asumir el castigo y dedicarse a seleccionar y establecer prioridades (o tratar de hacerlo todo y morir de un infarto, pero estoy intentando evitar esa salida tan fácil). En resumen: mejor no hacer algo por imposibilidad temporal y de recursos que hacerlo con el culo.

Sí: Es bastante probable que alguien ahora mismo esté elucubrando sobre mi indecencia por intentar seleccionar y dejar sin hacer las cosas que no puedo hacer bien, y sobre la inmensa suerte que tengo de poder actuar así. (Incluso sin saber qué cosas son ésas que dejo de hacer y hasta qué punto mi contrato me permite regularlas, dejar de hacerlas o todo lo contrario). No tengo ganas de meterme en esas batallas ahora.

Sigamos el razonamiento y asumamos la realidad de quien es incapaz (no estoy orgulloso, creedme) de hacer algo sin el debido tiempo y dedicación. Hay que elegir. Puestos a elegir, yo primero elijo hacer aquello que no tengo más remedio que hacer, me guste o no, y de la mejor forma posible (o sea, con el tiempo que ello me requiera y no con el que marque el siguiente deadline), luego lo que me gusta hacer pero tiene requisitos temporales más laxos, también de la mejor forma posible, luego lo que no me gusta hacer y puede esperar.

Si el lector es avispado, puede detectar sin mucho esfuezo que en la secuencia anterior no puedo hacer las cosas de mi trabajo que me gustan y que no tienen requisitos temporales claros que cumplir (investigar, estudiar, madurar ideas y otras tonterías que tenemos los profesores universitarios). Para ésas no tengo tiempo desde hace años. Sí, no he exagerado con lo de años, aunque sea andaluz. El único motivo por el que no las dejo del todo es porque dedico tiempo personal a ellas, ya que mi trabajo me impide hacer mi trabajo, literalmente.

Curiosamente, casi ninguna de las cosas que me da tiempo a hacer me dan currículum (y sí muchas de las que no tengo tiempo de hacer), lo cual no es sino otra prueba más que el currículum que se le pide a un profesor universitario parece diseñado (por decir algo) por una manada de Cockers Spaniel en celo alimentados cinco veces al día con pasta de cafeína. El resultado es que nada de eso de “hacer las cosas con su debido tiempo y dedicación” da la menor pizca de currículum. Preparar las clases bien y modernizarlas cada año no da el menor currículum. Gastar varias jornadas para tener un ejercicio de examen resuelto con detalle para el bien de los alumnos presentes y futuros no da currículum. Estar de plantón las 6 horas de vellón que me obliga la ley para tutorías en el despacho, a rajatabla, sin que venga nadie a consultar nada -con lo que al menos me da tiempo para avanzar en otras cosas, eso sí-, no da puntos en el currículum. Intentar corregir exámenes lo más justa y detalladamente posible no da puntos en el currículum. Tratar de llevar mejor proyectos fin de carrera o tesis doctorales no da puntos en el currículum. Entregar un paper a tiempo y no la madrugada de antes de que se cierre el plazo no da puntos en el currículum. No hay apartado alguno en el currículum, en definitiva, para eso de hacer las cosas bien. Ahora, baremos que reflejen la cantidad de cosas que uno hace (las haga como las haga)… Para listar ésos me quedaría sin dedos de las manos y de los pies.

La selección natural es sabia, y sólo sobreviven los más aptos. En este sistema en el que hay que producir y producir y producir, y luego producir (da igual cómo), los más aptos son los que producen y producen y producen, y luego rebajan un poco más su exigencia profesional para poder seguir produciendo. El resto, o no prospera, o le da un yuyu.

Yo elijo no prosperar (llamadme cobarde).

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Un comentario sobre “Selección natural

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