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Lecturas recientes






Publicado el 19/ 03/ 2010 En: Inclasificables

Si fuéramos la cúspide de la evolución…

…podríamos sintetizar eficientemente los azúcares, de modo que estaríamos todo el día comiendo (y disfrutando) cosas como ésta:

¿¿A quién se le ocurre evolucionar hacia una forma en la que lo mejor es comer lechuga, pudiendo haber evolucionado hacia una en lo que lo mejor fuera comer los flanes de mi suegra??

Publicado el 18/ 03/ 2010 En: Reflexiones

Idiosincrasias

Es posible que cuando alguien se empeñe en hacer las cosas bien no lo consiga, pero desde luego que es casi seguro que no lo conseguirá en el seno de una sociedad en que no está valorado hacer las cosas bien y en la que por tanto hay poquísima gente dispuesta a ello o incluso que haya podido aprender a hacerlo.

Publicado el 17/ 03/ 2010 En: Inclasificables

El bar probabilístico

Publicado el 16/ 03/ 2010 En: Reflexiones

Confundir arte con negocio

El espectador no puede condicionar la escritura: si el producto es bueno, la audiencia responderá; pero incluso si no es así, uno debe hacer las cosas tal como cree que deben hacerse.

David Simon, guionista de The Wire, en un artículo en el País

Y no, esto que dice este hombre no es un desprecio a los espectadores/lectores/consumidores. Es que crear arte no debe (puede) hacerse de otra manera. ¿Que el arte luego hay que venderlo y por tanto le tiene que gustar a cuanta más gente, mejor? Bueno, en el modelo clásico sí (no en el de cola larga), pero si empiezas a escribir (o cualquier otra cosa) pensando en crear un producto vendible, es decir, planificando el resultado, en mi opinión estás dejando de hacer arte. Estás haciendo un producto, lo que es tan respetable como el arte, pero no es arte sino ingeniería. Si tienes suerte puede que te salga alguna cosa realmente creativa (porque nada se puede planificar del todo), pero será eso: suerte.

Es lioso, ¿verdad? Pues sí, pero muchos dilemas que les surgen a alguna gente que se dedica a crear obras artísticas quedarían bastante más claros si supieran separar bien el proceso de creación del asunto del mercado libre, porque además no suelen ser cosas muy compatibles…

P.D.: La principal causa de que ambos temas se confundan es la parte del mercado libre, que trata de convencer a la gente de que arte y negocio son lo mismo para vender más: así surgen los premios “a la mejor obra de…”, que tratan de atraer la atención del comprador, cuando en cualquier ámbito artístico eso de “mejor” es un puro eufemismo, o la búsqueda de la popularidad del autor, que trata de atraer al ego del artista pero sólo para vender más, que es para lo único útil que sirve la popularidad del autor, etc, etc.

Las redes P2P no vulneran derecho alguno protegido por la Ley de Propiedad Intelectual.

Raúl N. García Orejudo, Magistrado titular del Juzgado Mercantil nº 7 de Barcelona (publicado en varios lugares de la blogosfera a estas alturas, por ejemplo en Microsiervos).
Publicado el 14/ 03/ 2010 En: Cine/Televisión

La peli del finde

Es curioso como una película casi de serie B, con un guión de lo más convencional (y visto) dentro del cine de ciencia-ficción, con actuaciones sólo correctas, puede entretener e incluso hacerte llegar a pensar, en la primera media hora, que va a ser una sorpresa.

Luego deja de serlo, pero mientras dura el efecto te mantiene pendiente y disfrutando. Será la ambientación y el misterio inicial, digo yo…

Pues nada, iba a poner un par de vídeos que me han gustado últimamente, empotrándolos desde Youtube, pero como desde hace un tiempo a esta parte deshabilitan esa posibilidad especialmente en las novedades, no vaya a ser que les des publicidad gratis (!), pues no los pongo (y tampoco digo de quiénes eran).

Publicado el 12/ 03/ 2010 En: Cine/Televisión, Reflexiones

La verdadera esencia del viernes

El verdadero significado del viernes está en que es el día anterior al sábado.

(Escuchado en un anuncio de TV)
Publicado el 11/ 03/ 2010 En: Cine/Televisión

The Wire S01

¿Cómo puede conseguirse que una serie sin grandes artificios, desde luego sin mucho presupuesto, con actores prácticamente desconocidos (incluso amateurs), y con un primer episodio que confunde bastante dado el elevado número de personajes -algunos casi indistinguibles en ese primer momento- consiga enganchar y llenar la cabeza de tal manera que no puedas cerrar la boca hasta terminarla?

Pues no tomándose prisa en contar las cosas, olvidándose de maniqueísmos, simplismos, mentiras a fin de cuentas que nos meten por los ojos hasta cuando no parece que nos los meten, retratando la realidad tal y como es, y cuando hay que tomarse licencias artísticas -que las tiene-, tomarlas justo para resaltar esa realidad.

The Wire (”La escucha”) es una pequeña maravilla. Presenta perfectamente las miserias cotidianas, especialmente las políticas (de las que parece que ningún país se libra en este siglo XXI de democracias tan avanzadas), pero en realidad las de cualquier estamento social en el que haya posiciones de poder y gente ambicionándolas. Refleja con claridad cómo por los actos y forma de resolver los conflictos de cada cual se puede distinguir bastante bien a la gente que no es que no quiera, sino que no acepta llegar a ciertos sitios (hacer ciertas cosas) con tal de conseguir un poder que, de todas formas, es efímero, seguramente lleno de minas y bastante vacuo, de aquella gente que está dispuesta a todo por conseguir avanzar hacia “arriba” en esta feria de las vanidades en que hemos convertido a nuestras sociedades y de la que últimamente ni siquiera queremos saber que existe (o lo mismo es que somos tan tontos que no nos damos cuenta).

Quizás la única diferencia entre lo que narra esta serie, ambientada en los Estados Unidos de América, y lo que pueda suceder en cualquier otro país, es la idea que tienen tan clara los americanos de quién es bueno -técnicamente- haciendo cada cosa y quién no, y cómo suelen reconocérselo al primero y no al segundo (aunque eso no evite que pisoteen al primero cuando haga falta, nos parezca contradictorio o no). Por supuesto, no pasa lo mismo aquí: en España nunca se reconocerá quién es mejor que quién en lo que sea, porque es de muy mal gusto. Aquí todos somos iguales. (El pisoteo es independiente: se termina produciendo de todas formas).

Cinematográficamente es una delicia ver como cuenta lo que tiene que contar (el trabajo policial para enchironar a una mafia de la droga de los barrios más pobres de Baltimore) con el detalle y la parsimonia con los que merece ser contado. Si hace falta que lo que pase sea una secuencia de tonterías cotidianas, eso es lo que se cuenta, y le dan tanto sentido a la historia como todo lo demás. Si hay que mezclarlo con algún acontecimiento más llamativo porque de vez en cuando la vida tiene esas cosas, pues se inserta con naturalidad y listo. Se toma su tiempo. El espectador va descubriendo a los personajes muy lentamente (ninguno es ni bueno ni malo ni todo lo contrario), y seguramente agobiándose al ver cómo las iniciativas que son técnicamente buenas van siendo arrolladas sin piedad por los intereses creados. Y cuando digo sin piedad, me refiero a sin piedad.

En resumen: quedo listo para afrontar la segunda temporada. Y las que hagan falta, si sigue como hasta ahora.

Museo Sorolla (Madrid)



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