Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Adoctrinamiento andaluz

Marzo21/2011

La televisión pública andaluza, al igual que pasa en otras comunidades españolas de igual o distinto signo político, no destaca precisamente por su objetividad; prueba de ello son la plétora de programas de adoctrinamiento que puedes encontrar, empezando por los propios telediarios (todo es de colores menos cuando se habla del partido de la oposición), pasando por los inefables Salud al día y Tecnópolis (Andalucía es el paraíso terrenal según su ubicuo presentador, especialmente si tomas ocho tostadas con aceite de oliva al día, te vas a las maravillosas playas a pasear -aunque sea invierno y caigan chuzos de punta- y reciclas), y terminando con el adorable Club de las ideas (todos los niños andaluces se divierten muchísimo aprendiendo y coaprendiendo -aprenden unos con otras y otros con unas-, aunque nunca matemáticas ni hincando codos ni memorizando nada -San Blas Infante nos proteja-, ni por supuesto, en el aula -andan por ahí observando, sin anotar lo más mínimo en ningún cuaderno, la flora y fauna locales-).

Por supuesto, hay programas que merecen un cierto respeto. Se me ocurren el innovador El público lee, donde traen en cada emisión a un escritor al que entrevista el presentador y también algunos lectores (cuidándose mucho de no entrar en temas “escabrosos” como la política, a no ser para criticar algo franquista), o el incombustible Cifras y letras, que con el mínimo presupuesto lleva años dedicado a eso, a juntar cifras y letras, lo cual debe de ser un deporte lo suficientemente aséptico como para pasar los filtros.

La sensación que uno se lleva si se dedica un cierto tiempo a ver la televisión de esta tierra es que Andalucía, una de las comunidades más atrasadas de España en tantos aspectos, va de mejor en mejor (aunque casi alcancemos la cifra de 1 millón de parados, que se dice pronto en una comunidad con 8 millones y cuarto de habitantes), que lo suyo es no cambiar nada de lo que hay, puesto que lo que hay es absolutamente maravilloso, limpio y cristalino (no existen, puesto que no se mencionan, ni EREs irregulares ni otras corruptelas que nos sangran), y que si esto no es el Silicon Valley es porque el resto del mundo es tonto y no se da cuenta, porque aquí somos la repera con nuestro flamenquito y ese solecito tan rico (y seguimos con una de las peores tasas de fracaso escolar -y de falta de preparación de los que no fracasan- y una franja costera extensísima y perfectamente incomunidada de este a oeste, por mencionar sólo dos detallitos).

Joroba, qué bien se vive aquí, que lo dice la tele. Mejó que en ningún sitio, pisha. Pa qué moverse.


P.D.: Los presentadores de nuestra tele, por supuesto, no hablan en andaluz, que queda cateto y no daría la imagen de sociedad avanzadísima que debe dar.

Lo que implementaría un informático en previsión de cambios futuros

Marzo18/2011

Cosas que odio de algunos artículos científicos

Marzo17/2011

(Y que puedes encontrar en cualquiera, ya sea éste muy conocido o poco conocido, muy importante para el desarrollo de su campo o poco importante)

  1. Que suelten ecuaciones porque sí, sin deducirlas o sin dar referencias de dónde se deducen. Me da igual que sean triviales y me da igual que me las sepa ya. Un artículo junto con sus referencias bibliográficas debe ser autocontenido.
  2. Que den partes del razonamiento por pensadas por parte del lector, o sea, que asuman que el lector sigue la misma línea de razonamiento que ellos cuando ellos no explican qué línea están siguiendo al detalle.
  3. Que no expliciten cuándo se inventan algo ellos y cuándo es invención de alguien anterior.
  4. Que utilicen sus propios términos para referirse a cosas que otros ya han nombrado. Estoy hasta el gorro de darme cuenta después de mucho esfuerzo de que una cosa ya la conocía de antes, sólo que con otro nombre.
  5. Que usen la estratagema de inventar nuevos términos innecesariamente para evitar relacionarse con toda la teoría existente sobre los términos originales, no sólo reinventando la rueda sino reinventándola peor.
  6. Que su objetivo sea apabullar, especialmente con formulación matemática, en lugar de explicar. Es curioso cómo en ciencia, al igual que en literatura, es mucho más difícil escribir algo de manera simple que de manera enrevesada y confusa.
  7. Que no sigan el orden natural de las cosas cuando se explica algo: de abajo a arriba, normalmente. Dar bandazos de un lado a otro resulta odioso, de verdad.

En definitiva: que causen que el lector necesite exponencialmente más trabajo del mínimamente necesario para entender todas y cada una de las partes del artículo. Mi tiempo es oro. Si el problema se convierte en entenderles a ustedes y no al asunto en sí, dedíquense a la política.

El rostro es más importante que la cosa (regla para ver telediarios nº 312)

Marzo16/2011

Cuando veáis alguna noticia, especialmente local, que trate sobre avances en una construcción pública, la firma de algún convenio para supuesto beneficio de los ciudadanos, o la celebración de algún congreso sobre los problemas del mundo mundial, no vayáis a pensar que la noticia realmente trata de los avances de alguna construcción pública, la firma de algún convenio o la celebración de algún congreso. Es más bien acerca del hecho de que el político de turno afín a la ideología de la cadena de televisión ha ido a inaugurar la construcción, firmar el convenio o participar en el congreso (o sólo que pasaba cerca), y les ha avisado para que le saquen, que toca, especialmente en época preelectoral.

No hablemos ya de inauguraciones, que son un concepto especialmente diseñado para que sacar el careto de un político en la tele nos cueste a todos un buen montón de minolles, perdón, millones. Aparte de lo que nos cuesta en sí el mantener la cadena de ideología afín repletita de personas dispuestas a tener y/o cuidar esa ideología afín.

Si, a pesar de que dicho así parece algo de perogrullo, no os creéis que un telediario local/regional no saque noticias de interés público sin que aparezca el rostro -dicho con todas las connotaciones de la palabra- de un querido prócer, contad la próxima vez que veáis una noticia que empieza de tal guisa los segundos hasta que salga el mencionado careto. Os aseguro que no falla.

(Otra forma de comprobarlo es tratar de enumerar las noticias que tratan de ese tipo de cosas pero que no contienen ningún político en su interior y ver, al final del telediario local/regional, que ascienden a un total de cero).

Cómo hacer que tu blog tenga más visitas

Marzo15/2011

No te preocupes tanto por la preparación de los contenidos, su calidad, su ingenio o su utilidad. Hazlo todo con mucho menos cuidado -y tiempo empleado- y pon un título como el de ahí arriba.

P.D.: Es una recomendación para los blogs que se preocupen por su popularidad. En el caso presente, seguirá habiendo títulos del tipo “Asumiendo limitaciones” y, por tanto, estadísticas de visitas paupérrimas.

P.P.D.: El verdadero título de esta entrada es “Síntomas (X)”.

Sinvergüenzas

Marzo14/2011

Juro que no soporto más de dos minutos seguidos de programación basura; juro que esto lo pillé de casualidad haciendo zapping; e igualmente juro que esta foto que tiene como fondo la estación de Atocha de Madrid fue tomada el día 11 de Marzo de 2011, y era en directo (esto último lo pone en la imagen).

Las bondades de MS-DOS

Marzo11/2011

Lo mejor que tenía MS-DOS desde el punto de vista de un programador era lo fácil que era saltárselo a todos los niveles y conectar tus programas directamente con la máquina, sin necesidad de aguantar sus ineficiencias, falta de estructura lógica y limitaciones.

El peso de la culpabilidad

Marzo10/2011

Uno de los mecanismos automáticos de defensa más infantiles es el consistente en enterrar y excusarse más de nuestra culpa cuanto más conscientes somos de ella, para no soportarla.

Todavía más curioso: luego nos asombramos al ver cómo el mayor responsable de algún problema público se lava las manos descaradamente.

Qué poco nos conocemos.

Una idea de reestructuración editorial

Marzo9/2011

Lo pongo en cuatro premisas y una conclusión, para ir al grano:

Premisa 1: La industria editorial tradicional se está yendo al garete: ya no renta invertir lo que se invierte en producir un libro en papel, promocionarlo y distribuirlo para terminar recogiendo lo que se recoge (salvo excepciones). El negocio debe redimensionarse sí o sí, a menos.

Premisa 2: La industria de la autoedición (entendida como que el autor paga para que le editen en papel su libro, no como el fraude de que con el supuesto objetivo de además distribuirlo y promocionarlo el autor termina pagando sólo por editarlo), la autoedición, digo, quizás podría sobrevivir, ya que obtiene sus beneficios del autoeditado y en base a éstos es como se ha tenido que dimensionar hasta ahora. La barrera de la difícil promoción a gran escala de autores desconocidos, algo inalcanzable por esos mismos autores, puede mantener a salvo -aunque muy pequeño- ese negocio.

Premisa 3: Los agentes editoriales promocionan un libro normalmente entre editoriales y no se ocupan apenas de la promoción entre el público.

Premisa 4: Internet, que es el invento que ha cambiado rápidamente las reglas del juego y al que irremediablemente hay que adaptarse, abarata infinitamente los costes de edición y distribución, pero no soluciona el problema antes mencionado de cualquier autor desconocido: la promoción. Puedes autoeditarte lo que te dé la gana en Internet, pero como no te llames Pérez-Reverte no encontrará tu libro -y, de hecho, no le interesará encontrarlo- ni al tato.

Conclusión: ¿Qué tal una editorial que haga primordialmente labores de promoción tradicional de sus autores previo pago de los mismos, pero no de distribución de las obras, que éstos podrían hacer gratis por sus propios medios -de la edición podría ocuparse opcionalmente la editorial si el autor lo deseara-, y que probablemente obtuviera beneficio también de publicidad inserta en el proceso de promoción? Ahora mismo, la autoedición no tiene ese objetivo, los agentes no suelen promocionar fuera del circuito editorial tradicional, los autores tienen una necesidad que cubrir -que el público encuentre sus obras, no el editar en sí mismo-, y de todas formas las editoriales tienen que redimensionar sus negocios a menos.

Quien dice editorial dice agentes, distribuidoras (incluso autores ya famosos), en fin, cualquier ente independiente que le dé por llevar a cabo esta idea.

Como hoy no estoy muy fino y tampoco es que sea un gran experto en el mundo editorial, es posible que se me haya pasado por alto algún detalle no tan detalle (probablemente que esto ya se haya hecho), pero ahí queda la idea.

¿Han probado a ser algo más educados?

Marzo8/2011

No sé, por aquello de que, a fin de cuentas, se trata de sus clientes, ésos que ustedes quieren que paguen dinero por sus productos (los que aún no están rotos)…

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