Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Semana Santa: la mejor época para terminar de ver Battlestar Galáctica

Abril13/2009

Ha sido definitivamente el mejor momento para decidir ir acabando de ver la serie Battlestar Galáctica. Especialmente teniendo en cuenta la cara de Jesucristo que tiene Gaius Baltar -más propio de La Última Tentación de Cristo que de obras más clásicas, eso sí-. Ni qué decir tiene que también ha influido, desde el año pasado, la imagen promocional que imita a la Sagrada Cena poblándola con los protagonistas (presidida por la cylon Caprica Six).

Vaya, lo único que falta es que mañana, cuando vea el último capítulo, me encuentre a la flota entrando en un vórtice espacio temporal y regresando a la Tierra como coro de arcángeles anunciando la venida del Señor. O convirtiéndose en nuestros antiguos dioses griegos (por aquello de las doce colonias procedentes del éxodo del planeta Kobol, donde los dioses se llamaban, qué casualidad, Atenea, Zeus, etc.).

En fin. No sigo, no vaya a acertar y pierda la sorpresa, o a fallar y se quede, como muchos dicen, en un final bastante penosito.

En cualquier caso el final me va a dar igual. Hasta lo visto, me he enganchado hasta las pestañas en todos esos personajes castigados permanentemente por sus contradicciones, sus deseos, sus sentimientos de pérdida y sus limitaciones -incluidos los en principio superiores cylons-; en sus historias llenas de claroscuros y desesperación; en su precisión para dibujar la ambición de poder, la honestidad -a pesar de errores mayúsculos- y el cariño.

Ah, y sí, dicen por ahí que además es una serie de ciencia-ficción.

Cuentos para niños

Abril12/2009

Me atraen los cuentos tradicionales, los que tienen moraleja (o sabiduría antigua, como se quiera llamar), y algunos se me quedaron clavados de niño, hasta el punto de que casi recuerdo las imágenes que evocaban.

Éste que copio aquí abajo es el nº 176 de uno de los libros de cuentos de los Hermanos Grimm, y no es de los que conocía; lo he encontrado, de casualidad, mientras buscaba (sin éxito) uno de ésos que se me clavaron.

Me ha encantado. Y tengo que decir que hasta la edad que tengo, la conclusión del relato se cumple bastante exactamente ;P

La duración de la vida


Cuando Dios terminó de crear el mundo, quiso determinar la duración de la vida de todas las criaturas. Entonces vino el burro y le preguntó:
- Señor, ¿cuánto tiempo debo vivir?
- Treinta años- respondió Dios-. ¿Te conviene?
- ¡Ay, Señor! – respondió el burro – es mucho tiempo. Considera mi penosa existencia: llevar pesadas cargas de la mañana hasta la noche, tirar de los sacos de grano, hasta el molino para que otros coman el pan, sin más estímulos que palizas y patadas. ¡Dispénsame una parte de ese largo tiempo!
Entonces Dios tuvo clemencia y le eximió de dieciocho años. Consolado, el burro se fue y apareció el perro.
- ¿Cuánto tiempo quieres vivir tú?- le preguntó Dios.. Al burro le parecen demasiado treinta años, pero tú estarás contento con eso.
- Señor- respondió el perro- ¿es esa tu voluntad? Considera lo que tengo que correr, mis piernas no lo soportarán por tanto tiempo. Y una vez haya perdido la voz y no pueda ladrar, y los dientes y no pueda morder, ¿qué me quedará sino andar gruñendo de un rincón al otro?
Dios vio que tenía razón y le rebajo doce años. Después vino el mono.
- A ti te gustaría vivir treinta años, ¿verdad?- le preguntó el Señor-. No necesitas trabajar, como el burro y el perro, y siempre estás de buen humor.
- ¡Ay, Señor…! – respondió él- lo parece pero no es así. Cuando llueven gachas de mijo, yo no tengo cuchara. Siempre tengo que hacer travesuras y muecas para divertir a la gente, y cuando me echan una manzana y la muerdo, resulta que es ácida. ¡Cuán a menudo la tristeza se oculta tras la risa! ¡No podré soportar eso!
Dios sintió compasión y le descontó diez años.
Finalmente compareció el hombre, dichoso, sano y fresco, para pedir a Dios que determinará la duración de su vida.
- Vivirás treinta años- dijo el Señor-. ¿Te parecen suficientes?
- ¡Qué tiempo tan corto! – exclamó el hombre. Justamente cuando haya construido mi casa y el fuego arda en mi propio hogar: cuando florezcan y den fruto los árboles que haya plantado y cuando me disponga a disfrutar de mi vida, ¡entonces deberé morir! ¡Oh, Dios, prolonga mi tiempo!
- Te añadiré los dieciocho años del burro- dijo Dios.
- Eso no es suficiente- replicó el hombre.
- Tendrás también los doce años del perro.
- Todavía es demasiado poco.
- Pues bien – dijo Dios-, te daré además los diez años del mono, pero más no recibirás.
El hombre se fue, pero no quedó satisfecho.
Así es como el hombre vive setenta años. Los primeros treinta, que rápidamente quedan atrás, son sus propios años: entonces está sano, con buen ánimo, trabaja con gusto y disfruta de su existencia. Después siguen los dieciocho años del burro y a lo largo de ellos, se le impone una carga tras otra: tiene que acarrear el grano destinado a otros, y golpes y puntapiés son la recompensa por sus fieles servicios. Luego vienen los doce años del perro: entonces anda gruñendo por los rincones y ya no tiene dientes para morder. Y cuando este tiempo ha transcurrido, los diez años del mono hacen de despedida: el hombre chochea, se chifla y comete bufonadas que despiertan la irrisión de los niños.


Cuentos de niños y del hogar /
Cuentos de hadas de los hermanos Grimm
, principios del siglo XIX

En qué consiste la política

Abril11/2009

Sobre todo, sobre todo, en sólo dimitir cuando se está cabreado con alguien, no cuando se debe por haber metido la pata.

Somos extraños bucles

Abril10/2009

Acabo de terminar el último libro del físico/matemático Douglas Hofstadter, reconvertido a científico cognitivo (suena mal en español, pero las ciencias cognitivas son la intersección de varias disciplinas: computación, neurofisiología, psicología, robótica,…) y en este libro prácticamente actúa como filósofo. Es el autor del aclamado -premio Pulitzer- Gödel, Eschel, Bach: un eterno y grácil bucle, y, por cierto, proveedor de apellido a uno de los personajes de la genial serie The Big Bang Theory (Leonard Hofstadter).

Descartando los capítulos dedicados al teorema de incompletitud de Gödel, que a pesar de empeñarse en explicarlo de manera divulgativa consiguen confundir por completo al lector no especialista, y pasándole por alto que todo lo que dice en el libro en su conjunto podría haberse dicho en tres páginas, es un libro que se disfruta muchísimo: está bellamente escrito y propone una hipótesis sobre la consciencia -no dualista- que muchos compartimos o al menos nos hace bastante tilín.

También debería ser de obligada lectura para todo aquel que aún piense que dentro de nada los robots japoneses se harán inteligentes y dominarán el mundo, porque deja meridianamente clara la inconmensurable distancia que aún queda para que se pueda replicar la consciencia (el “uno mismo”) en una máquina. Principalmente porque las ideas que expone de lo que es la consciencia están muy claramente expuestas, pero siguen siendo tan vagas -y están en el estado del arte del tema- que hasta que no llegue un genio que sepa cómo demonios implementar ni siquiera la milésima parte de ellas ya nos puede dar el sol…

Are you human or cylon?

Abril9/2009

ATENCIÓN: SPOILER PARA QUIEN NO HAYA LLEGADO A LA CUARTA TEMPORADA DE BATTLESTAR GALACTICA

Pero vamos a ver… si los cinco cylons “finales” crearon al resto de copias como máquinas biológicas, y si eran miembros de la tribu nº 13 de humanos que salieron de Kobol… ¿no eran los cinco finales humanos y las copias los verdaderos cylons? ¿Por qué se les sigue tratando como si fueran cylons?

Me estoy haciendo un lío con esto

AVISO: Sí, mi duda puede ser una tontada, pero cualquier mensaje, comentario en facebook o similar tratando de aclararme la duda será automáticamente ignorado. Que todavía me quedan por ver los últimos cuatro episodios, así que lo consideraré spoiler -como éste que he escrito- y odiaré (mucho) a quien lo mande.

La Bolsa o la Bolsa (II)

Abril8/2009

Si el país va bien en base al ladrillo y al turismo, ¿para qué invertir en cambiar su modelo a uno más moderno y diverso, sobre todo basado en I+D?

Si el país va mal porque estamos en crisis, ¿de dónde sacar el dinero para cambiar a un modelo más moderno y diverso, sobre todo basado en I+D?

La Bolsa o la Bolsa

Abril7/2009

La mayoría de la gente que conozco que tienen algo invertido en Bolsa (vale, no son muchos), no venden cuando la cosa va mal porque esperan a que vaya mejor, y no venden cuando la cosa va bien porque como va bien seguramente vaya todavía mejor.

Cuando las instituciones se convierten en entelequias

Abril6/2009

¿No os habéis dado cuenta de que es a las instituciones públicas, como institución, a las que cuando cometen un error y perjudican a alguien, y (años después) la justicia decide que han sido culpables de tal perjuicio, se les asocia la pena a pagar? Por supuesto, como una institución no existe físicamente, la pena no puede ser de cárcel, así que suele ser pagar una indemnización a los afectados (como mucho habrá alguna dimisión, que en política ya sabemos que es equivalente a recolocación automática).

¿Y quién está dando el dinero para pagar realmente esas indemnizaciones, causadas por personas concretas dentro de esa institución pública? Pues nosotros, todos nosotros, a través de los impuestos que sostienen a esas instituciones.

¿Y quién se anota en el currículum que ha sido tal cargo de tal institución? Pues quizás, precisamente, una de las personas culpables del daño (y ya hablaremos en otra ocasión de por qué demonios el mero hecho de haber sido cargo en una institución es motivo de mérito en un CV; se puede haber sido un cargo pésimo).

Por tanto, algo muy importante cambiaría en política y en esta sociedad cada vez más absurda si en todos y cada uno de los casos en que una institución pública fastidiara a alguien la ley estuviera obligada a identificar a las personas concretas responsables y a asignarles íntegramente a ellas (y a sus propios pecunios) la responsabilidad de sus actos, incluyendo penales, y nunca, nunca, a la institución. Seguro que entonces actuaban con mucho más cuidadito…

No es lo mismo ser el más popular que ser el mejor

Abril5/2009

Para ser el mejor hace falta esfuerzo y talento, y, a veces, redes de amigos y gente que te apoyen.

Para ser el más popular hace falta esfuerzo y redes de amigos y gente que te apoyen, y, a veces, talento.

Si ya me disgustan las novelas infladas…

Abril4/2009

…imaginaos lo que me pasa por el cuerpo cuando un libro de divulgación científica se podría resumir en dos páginas (y ya es) para decir lo que dice en seiscientas páginas.

¿Podríamos decir timo? ¿Pérdida de tiempo? ¿Simple verborrea?

Porque en el caso de la novela, por lo menos, se supone que estás disfrutando de la lectura, pero en el otro es simplemente que quieres enterarte de algo.

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