Axioma 1 (de Loor): Dada cualquier persona con ganas y capacidad ilimitadas de hacerse publicidad, de darle al autobombo, de no tener abuela, de, en fin, no sentir el más mínimo reparo a la hora de considerarse digno de admiración, existirá al menos un conjunto de personas, de cardinalidad
(no necesariamente conocidas del susodicho), deseosas de formar una corte de acólitos de ánimo adulador igualmente inmarcesible.
Axioma 2 (de la Filfa): El conjunto de N personas anteriormente denominado corte no encontrará dificultades para darle autobombo al individuo original de tal manera que aparenten formar un conjunto de cardinalidad
y de que los méritos del adulado parezcan tender a
.
Experimento Exponencial: A veces se han dado casos de rotura de la linealidad del tamaño de las cortes, documentándose tamaños aparentes
, siendo
; especialmente en entornos de comunicaciones promiscuas como Internet.
Corolario Clásico: Las apariencias engañan.
Mi suegro dice que en las barritas de descarga del emule ve patrones…
(Yo le digo que haga el favor de dejar de contemplarlas durante horas)
¿Os habéis parado alguna vez a pensar cuántas personas tienen aptitudes artísticas en el mundo? (Sí, es una pregunta rara, pero tengo el día puñetero)
Yo soy optimista. Creo que podríamos hablar tranquilamente de un 25-50% del total, si no más. Eso hace una cuenta de 1.500.000.000 de artistas en todo el mundo, en el peor caso.
Vosotros diréis: se le ha ido (definitivamente) la olla. Obviamente no pueden ser tantas; serán un 1% del total, o un 1 por mil, o menos.
Yo insisto. ¿Quién no ha conocido a alguien que dibujaba muy bien? ¿O que escribía sus relatillos en la facultad? ¿O que cantaba, o programaba -sí, programaba-, o era un friki de la ciencia -sí, de la ciencia-? ¿O que hacía bonitos abalorios? ¿O que bailaba con un algo especial? ¿O que contaba unos chistes tan absurdos que hubiera debido triunfar en vez de Chiquito…? Contad, contad, y luego extrapolad sin miedo.
Lo que pasa es que la inmensa mayoría de los artistas andan sobreviviendo con poquísimas ventas si han tenido la fortuna de entrar en el mundo del espectáculo un poco, o sea, no son realmente populares salvo a nivel local; o bien viven de algún otro trabajo que les da las habichuelas (y entonces su parte artística, aunque la expongan, no puede desarrollarse del todo); o bien ni siquiera saben que tienen eso de “su parte artística” y ni se ponen a cultivarla.
En definitiva: que al final, conocidos conocidos, que vendan de verdad y puedan vivir bien de ello, que hayan sobrepasado el Umbral, con mayúsculas, es decir, artistas mundialmente populares, hay un puñao. En todos los ámbitos. No hay más que pasarse por cualquier librería o tienda de discos (si algún ser humano hay que se pase todavía por ese tipo de sitios), y ver la cantidad de obras editadas y las poquísimas que realmente se venden. Hace poco Amazon se ha dado cuenta de eso y ha echado por tierra la teoría de la larga cola aplicada a las ventas: no venden un pimiento de otra cosa que no sean unos pocos títulos.
Así que ahí está la explicación. Debido a motivos más allá de lo artístico (suerte en muchos casos, pero también talento para moverse por donde uno tiene que moverse y para gustar a quien uno tiene que gustar, y para escoger el momento adecuado o lo que le gusta a la gente en cada momento, y para muchas otras cosas), sólo unos pocos, poquísimos, llegan al nivel de popularidad que les permite vivir cómodamente de su arte.
Pero artistas hay muchos más. Y cuando se dice que no son tan “buenos” como los que han llegado arriba, pensad más bien en que no están “tan pulidos”, porque no han tenido oportunidad, porque nadie se ha dedicado a pulirles y uno solo está más bien limitado para pulirse a sí mismo como artista… Esto, como la riqueza, es un sistema con realimentación positiva: el que más tiene, dispone de más posibilidades de tener más.
Diréis entonces: ¿y por qué esta injusticia?
Ah, amigos, es que el mundo no entiende de justicia o injusticia; somos nosotros quienes etiquetamos así. El motivo de que sólo unos pocos lleguen arriba es simple, mecánico, casi cartesiano: las masas, las que hace que esos de arriba sean verdaderamente populares, no pueden (no podemos) conocer más que a unos pocos: no tenemos memoria para más. Y unos pocos sólo se pueden hacer muy populares si son los mismos para todos nosotros. Sería imposible recitar de memoria una lista de millones de artistas, ¿no?, e igualmente, si cada uno recitáramos los nuestros, y fueran distintos, no estaríamos hablando de personas extremadamente populares. Así que, casi casi por simple reducción al absurdo, es natural que sólo unos pocos triunfen. Otra cosa es que la decisión de quién llega a triunfar, si hay alguien que la pueda tomar, sea más o menos acertada.
Así que así son las cosas en nuestro planeta, y como diría Marvin Harris, en el fondo el único motivo de que así sean es que somos demasiados sobre tan poco espacio…
En fin. Para no amargarnos mucho pensando en todo el potencial artístico que la humanidad está desperdiciando debido a su masificación sobre el planeta (bonita paradoja), os dejo con un ser humano extraordinario en lo suyo, que sí llegó a la cima, y que además, tenía aptitudes de sobra. No siempre se da esa coincidencia.
Más rápidos, más fáciles, más seductores… pero no más fuertes en el recuerdo que los kalkitos originales.
Maestro Yoda, en “Los 80 Contraatacan”.
… que sintonizábamos analógicamente antes de poner la TDT. Qué hartura de hip-hop, de repeticiones durante meses de lo mismo (a eso de mitad de año ya cambiaban los vídeos), de anuncios de politonos en alemán (”drai drai drai drai drai” o algo así) en los que la voz en off se molestaba en enumerar hasta veinta y treinta politonos en cada anuncio, de grupos y cantantes de la tierra atrasados veinte años musicalmente…
Pero ahora la echo de menos. Porque ahí descubrimos antes de que se promocionaran en España (algo bastante útil para quien no tiene tiempo de estar al tanto como cuando era jovencillo) bastantes cosas interesantes, aunque quizás algo poppies: Franz Ferdinand, Natasha Bedingfield, Maroon Five, A Fine Frenzy, Peter Heppner, Wir Sind Helden…
Encima el sintonizador de TDT satura los colores, la mayoría de las cadenas son una caca (vamos, todas), y el renderizado de subtítulos no funciona.
Así que me voy a desahogar hoy poniendo algunos vídeos de esa época dorada en que la MTV alemana nos acompañaba los desayunos… (otro día hablamos del último hara-kiri que se está haciendo la industria musical eliminando la posibilidad de insertar vídeos de youtube fuera de youtube).
Hasta ahora sólo he conocido dos tipos de asociaciones de homo sapiens no jerárquicas: a) aquéllas en que cada cual opina y se enfada cuando los demás no hacen lo que dice (las que yo llamo folloneras o estocásticas -porque al final lo que hacen como asociación no se puede predecir-), y b) aquéllas en que todo son refinadas maneras y nunca se llega a ninguna conclusión (las que yo llamo sedosas o deterministas -porque se sabe perfectamente que como asociación nunca hacen nada-).
He formado parte de ambos tipos, y cuando sea mayor me propongo no formar parte de ninguna más.
P.D.: Luego dicen que las jerarquías son malas…
(Los dos primeros pasos se pueden obviar si se tiene una red de cable par trenzado buena o bien copia de todo lo dicho en algún sitio)
rsync -vrtpogE --links --safe-links --delete --progress <directorio origen sin terminar en barra para que sea considerado también> <usuario en pc de backup>@<ip destino>:<directorio donde crear lo leído del directorio anterior y el mismo directorio anterior si no se terminó en barra>sudo dpkg --get-selections > <fichero destino> y copiar el fichero resultante a la máquina de backup./etc/apt/sources.list.sudo apt-get update para que las pille, y luego sudo dpkg --set-selections < <fichero de aplicaciones> y luego sudo apt-get dselect-upgrade. Esto tardará porque se descargará todas las aplicaciones. Se pueden quitar del fichero de aplicaciones las que no nos interesen.Editado 11/01/09: Si a alguien le parece tedioso esto, que intente montar una máquina Windows instalando éste de nuevas y recuperando luego todas sus aplicaciones, incluyendo las configuraciones de cada una. La montaña de DVDs, las horas instalando cosas y la imposibilidad de no recuperar las configuraciones de cada aplicación me parecen motivos más que suficientes para ir quitándose de Ventanitas :-)
Cuando lleves un rato revisando cables, conectores, pilas, porque el cursor se mueve erráticamente por la pantalla, acuérdate de que al emisor de infrarrojos de la Wii que está encima de la tele no le sienta demasiado bien un día plenamente soleado entrando directamente por la ventana.
¿Por qué se mezclan los políticos con la vida real? A veces pienso que lo mejor que podrían hacer es, ya que se han montado un mundo propio con sus propias reglas, que lo terminen de separar y dejen de dar la lata en éste.
Este año acelera un tanto la reforma de Bolonia, aunque en algunos casos (como los estudios de informática) sin saber hacia dónde. Tiene tela. Eso significa que tienen a un montón de estudiantes (decenas de miles en todo el país) desesperados buscando la mejor planificación para su futuro: que si termino la ingeniería técnica, que si hago la superior, que si no la hago y me espero a ver si convalidan técnica a grado o no, …
Tal y como avisó el Colegio de Ingenieros en Informática de Andalucía, la actual des-legislación al respecto iba a llevar a que cada centro aprobara unos planes distintos para grado/máster de informática. Ya se está produciendo esto, y en los planes aprobados o en proceso de aprobación consta normalmente que la convalidación de títulos actuales (ingenieros e ingenieros técnicos) a nuevos (grado y máster) dista de ser automática: se les suele exigir a los alumnos nuevas matriculaciones, en algunos casos escandalosas.
¿Cómo puede tomar ninguna decisión un alumno que esté cursando actualmente esas carreras? Ni siquiera los políticos responsables saben qué están haciendo. Los alumnos no saben si sus títulos en el futuro servirán para algo, porque en algún momento dejarán de pedirse los actuales para pedir los nuevos, tanto en ofertas públicas como en privadas, y no se sabe qué será más valorado por ambas…
En la práctica, lo peor de todo, es que no sabremos nada seguro hasta que pasen años y esto se estabilice (en mi opinión, no para mejor). ¿Se les está pidiendo a los alumnos que se matricularon de primer curso bajo unas condiciones que se esperen ahora unos años antes de tomar una decisión sobre unas condiciones que han cambiado y que no se sabe cómo quedarán? ¿Se les está pidiendo que sigan como si no pasara nada a pesar de que obviamente todos estos cambios repercutirán en el mundo laboral y educativo? ¿Simplemente les importan un pimiento los alumnos y esto es un juguetito con el que están mirando qué se puede hacer?
Pues no sé, pero me da que la última opción parece ahora mismo la más probable…
En japonés, Muga es algo así como un estado que se alcanza cuando uno pierde las limitaciones del ego y se deja fluir, plenamente concentrado en el acto, en el presente. Es un estado más mundano que el nirvana budista, más práctico, finito y alcanzable. Se supone que permite a las personas alcanzar el grado de maestría, superior al de simple competencia.
En la labor docente pasa algo curioso, que me ha recordado al Muga japonés. Al principio, cuando eres novatillo y te pones en la tarima (que no deja de ser análoga a un escenario), no puedes deshacerte del ego, es decir, del yo-observador: la porción de ti mismo que está evaluando continuamente qué tal lo haces, como si te viera desde fuera. Es normal, puesto que tu inseguridad a la hora de realizar esa labor es bastante grande. En esa situación, el yo-observador requiere tanta energía tuya que a veces te desconcentra, te deja en blanco (le quita energía a tu acto, que es enseñar), y tienes que pararte tratando de recordar qué estabas realmente haciendo. Me imagino que es una sensación que hemos tenido todos los profesores, todos los actores, todos los políticos, en definitiva, todos los que se enfrentan a grandes cantidades de gente en público, alguna vez. Se pasa francamente mal, como se puede suponer.
Afortunadamente suele ser pasajero. Al adquirir experiencia le vas robando energía al yo-observador. Cuando te subes a la tarima una y otra vez te vas acercando cada vez más al Muga: destierras todo lo que no sea tu acto, que es enseñar, y enfocas completamente en él. De esta manera comienzas realmente a actuar, sin mirarte ni examinarte ni mucho menos juzgarte. Curiosamente, cuando alcanzas ese nivel estás más libre para mejorar; puedes modular mejor las ideas que tratas de transmitir y encontrar mejor el enlace entre tú y tus oyentes. En mi caso hicieron falta años para conseguir algo parecido, y aún así es raro que algún día que te encuentras más “flojo” no vuelva a aparecer el yo-observador a dar la tabarra…
Cuando aprendes a anular al yo-observador la sensación de libertad que eso da es indescriptible.