Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Resumen de una jornada electoral cualquiera (para ahorrarles tiempo)

Marzo2/2009

El periodista: observemos con atención cómo el voto escrutado se sitúa ya en el 17.34%, desde el 17.31% de hace un cuarto de hora, lo que da pie a suponer que el partido A podría alcanzar la mayoría absoluta, aun quedando mucha noche en la que seguiremos informándoles de esta jornada terriblemente interesante y estudiando los resultados con nuestros analistas invitados.

El partido que obtiene su primera representación: nuestro escaño es sin duda una señal de que algo está cambiando; con nuestro escaño haremos oír la voz de los olvidados; tomaremos asimismo la confianza depositada en nosotros para comenzar a construir una opción que pueda llegar a convertirse en alternativa sólida de gobierno.

El partido perdedor: hemos mantenido una presencia que no podríamos negar útil para la representación plural de una sociedad dinámica y que puede resultar ser la clave de la gobernación. Nuestro partido sigue representando a una porción de la población que quien gobierne no podrá ni deberá ignorar.

El partido ganador por votos: indudablemente el pueblo ha dado su total confianza a nuestra alternativa: nos ha transmitido su deseo de que lideremos una nueva etapa en la que esta sociedad pueda avanzar en el progreso, el bienestar y la concordia.

La coalición que le quita la victoria al ganador por votos: es evidente que la mayoría del pueblo ha votado por un arco político que abarca a nuestras fuerzas, que lideran la pluralidad y modernidad de nuestras gentes.

El fino analista de encuestas electorales: se ha materializado, sin duda, una de las posibilidades de nuestros sondeos.

El votante del partido/coalición ganadores: ¡han ganado los míos!

El votante del partido perdedor: ¡ha habido tongo!

El votante del partido perdedor (2): ¡tienen a la gente comprada!

El votante del partido bisagra: ¡los tenemos a todos donde queríamos!

El votante del partido que obtiene representación por primera vez: ¡haremos historia!

El votante en blanco: ¡esta democracia está podrida!

El no votante: ¡llueve!

Contradicción

Marzo1/2009

Todo lo físico tiene límites.

El hombre es una cosa física.

La economía de mercado inventada por el hombre, los últimos años, funcionaba por el incremento incesante (sin límite) de los beneficios.

Ergo…

Lo que envidiamos

Febrero28/2009

Pues los profesores tienen muchas vacaciones…

Pues los fruteros no tienen estrés…

Pues los funcionarios están todo el día tocándose la barriga…

Pues si crees que eso es así, hazte profesor, frutero o funcionario, y deja de quejarte ya.

Una regla de oro de los contadores de historias

Febrero27/2009

Tomo prestada una frase del portal literario en el que colaboro (Literatura Prospectiva), de una entrada de Julián Díez sobre la reciente muerte del escritor Philip José Farmer, autor, entre otros, de A vuestros cuerpos dispersos:

[...] una regla de oro de la cf: no expliques el fascinante mundo que has creado, pues posiblemente lo estropees.

Vengo dándole vueltas a esa misma idea desde hace años. Pero yo no la considero una regla de oro de la ciencia ficción, sino de cualquier historia. Si no, pensad en vuestra serie favorita de TV, la que más os enganche, y ved qué parte de ese enganche se debe a lo que aún no os han contado…

Es decir: lo mejor de una historia es lo que no se cuenta; lo más interesante es lo que no está ahí; para contar algo que atrape, no lo cuentes.

Hay varias formas de lograr resolver esta aparente paradoja: no contar nada hasta el final (quizás la más torpe), no contar nada (historias abiertas, la más exigente para el lector), o contarlo sin que parezca que lo cuentas (la más difícil).

Por este tipo de cosas, entre otras, es por lo que la literatura es un arte. Y también por eso es maravillosa.

¡Me he cargado todo el trabajo de una mañana en medio segundo!

Febrero26/2009

(rompiendo las dos barreras de seguridad de mi sistema de backup como quien se aparta el flequillo)

Así que como no me debo estresar, celebrémoslo compartiendo con mi distinguida audiencia nuestra última adquisición en cuestión de electrodomésticos. Hele aquí:

Olvídense de probar cualquier otra maravilla tecnológica del siglo XXI, de ésas de líneas estilizadas y futuristas que parecen capaces de volar o conectarse por wifi a tu móvil, o de las que tienen un manejo del color superior a la blancura uniforme sólo para que parezcan compatibles con el Enterprise. Si quieren exprimir, usen el Braun-fernando-esteso. Nosotros llevamos destrozados unos pocos de otras marcas y modelos porque son una mierda (muchos los hacen de puro plastiquito todo; éste no llega a usar remaches de obra por los pelos: porque han obtenido el mismo efecto con tres tornillacos).

Qué más da que hace casi cuarenta años mi madre tuviera uno igualito en la cocina de casa. A éste nuevo que acabamos de comprar le llamamos el exprimidor Cuéntame, por nostalgia. Exprime rapidísimo (tengo que probar a exprimir secreto ibérico: seguro que puede), no se resbala (la gravedad y su masa de más de un kilo lo impide), apenas hay que hacer fuerza… en fin, que le da mil vueltas, funcionalmente hablando, a todos los demás. Y ya se sabe, si funciona no lo toques.

Y ahora me voy a llorar un rato sobre el teclado del ordenador.

Franz Ferdinand, lo ecléctico y lo insustancial

Febrero25/2009

Que haya escrito un post lleno de cantantes femeninas de los 80 peinadas a lo Mad Max (o como los ángeles de Charlie) y con hombreras de medio metro… bueno, no quiere decir que ése sea el tipo de música que yo oigo habitualmente, no se crean ustedes que soy un carca musical ni nada de eso. Lo que pasa es que uno tiene un pasado hiper-ecléctico que ha dejado huella. Algún día pondré aquí un vídeo de la música que hacían los monjes Iuto del Tíbet frotando cráneos (etapa new age) mezclado con uno de Battiato con coros de Jim Kerr (etapa inclasificable) más un bonito tema de Sisters of Mercy con gafas polarizadas de la época (revival temprano).

Eso sí, un poco comercial sí dice mi cuñá que soy, pero eso es porque ella tiene el cerebro podrido por una juventud saturada de grupos que no se conocen más allá de su ámbito familiar (del de los grupos, no del de mi cuñá; bueno, y también del de mi cuñá).

En fin, que en esta entrada pretendo volver al siglo XXI, y en espera de que Muse y/o Placebo saquen nuevo disco -y en espera también de comprobar si el último de U2 realmente sigue ahondando el pozo de decadencia creativa en que se metieron de cabeza con All that you can’t leave behind-, concluyo que tiene tela que después de escucharme quince canciones del último de Franz Ferdinand resulte que sólo tres me gusten… Que sí, que puede ser que yo tenga un gusto tan comercial que no llegue a apreciar en qué consisten las otras doce mezclas de notas elegidas con un algoritmo pseudoaleatorio y arreglos todavía más pseudoaleatorios, pero también tiene tela que tengas que pagar por quince para disfrutar tres. Y la primera, encima, no aporta nada a lo que ya han hecho esta gente, vamos, que gusta porque es una repetición de lo bueno, no porque se hayan roto la cabeza.

Y es la segunda vez que me pasa. Que el asunto Coldplay-Viva-la-Vida tardará en olvidarse…

Eso sí, hay que reconocerles a los chicos espasmódicos y enflequillados que su nuevo álbum se trata de alejar de lo que hicieron, al menos en su mayor parte: mucho más electrónico, menos guitarras minimalistas que lo soporten todo, pero también tan absurdo que uno no deja de pensar que no tenga algo que ver la necesidad de sacar un álbum en haber pergeñado tantos temas. O el exceso de estupefacientes, que cualquiera sabe.

Luego dicen que la gente no compra música. Con la de veces que los compradores nos quejamos de que tenemos que pagar por más de lo que disfrutamos luego, ya deberían haber hecho las compañías algo de caso y dejar de lado un poco el negocio del empaquetado estándar y rígido de una decena de temas, que hay otras posibilidades, hombre. Que si Coldplay sólo tenían la cabeza para sacar dos temas, pues que saquen dos. Y si Franz Ferdinand no dan ahora mismo para más de tres, pues oye, es un número bonito el tres.

En fin, como en realidad no es que esté muy cabreado, y además estos días estoy en plan zen por motivos de salud (se me cierran los ojos de hecho a estas horas), paro de reflexionar y dejo aquí dos de las canciones que me parecen buenas: Ulysses (la que no innova), y Live Alone (que es como debería haber estado el resto del álbum). La tercera, The Vaguest of Feelings, no está en youtube, pero es básicamente una extensión instrumental de una frase de la segunda: una mezcla de jean-michel jarre con toquecitos de tangerine dream; sí, como lo oís.

Que ustedes las disfruten, si eso.

Por qué no me gusta el baloncesto

Febrero23/2009

Aparte de porque el deporte en general me aburre soberanamente (me imagino que porque usan reglas de lo más simple para jugar -salvo el béisbol-, porque lo que son los juegos en sí sí que me gustan…), el baloncesto en particular es que me pone de los nervios: si quedan 40 segundos para terminar debe terminarse en 40 segundos, no estar 10 minutos esperando a que pasen los 40 segundos.

Ni las barras de espera de Windows me desesperan tanto…

Enérgicos, creativos, entrañables 80

Febrero22/2009

¿Cómo esperar que una generación que tuvo su adolescencia en los años 80 del siglo pasado y su más tierna juventud en los sofisticados 90 -es decir, aquéllos que están a pocos años de llegar definitivamente a los lugares de responsabilidad del mundo- deje indiferente a nadie?

(Advertencia: los siguientes vídeos pondrán como escarpias las pelambreras -las que nos quedan- de los referidos por este post, con intensidad creciente si se reproducen según el orden expuesto)

¿Y cómo podría ser ésta la única entrada en este blog sobre una década que desbordó al mundo…?

Águila roja

Febrero21/2009

Dejando aparte el que les pueda gustar a adolescentes e infantes a quienes no les rechine que las personas del siglo diecisiete se comporten como en Al Salir de Clase… ¿alguna vez tendremos en este país un grupo de actores y no digamos de guionistas buenos?

La carretera

Febrero20/2009

Acabo de leer “La carretera”, de Cormac McCarthy (autor, entre otros, de “No es país para viejos”).

Lo que más me ha impresionado es que, usando un estilo absolutamente minimalista, hasta el punto de desterrar prácticamente el uso de las comas, de la separación entre capítulos, de los signos de diálogo, y sin tratar de no ser brusco, sino todo lo contrario; sin contar prácticamente nada (más allá de acontecimientos absolutamente cotidianos en un mundo en el que ya no queda nada que contar, casi ni siquiera lo cotidiano); prácticamente dejando la literatura en un boceto de sí misma, consigue que el lector vaya creando toda la historia.

Con muy pocos elementos consigue provocar compasión, pena, alivio, hasta verdadero terror en algunos momentos, por lo que puede pasar, sin decir qué es lo que puede pasar, sin dar signo alguno, de hecho, de que pueda estar por pasar algo…

Es un libro terrible. Pero no por lo que cuenta: la supervivencia de un padre y un hijo en un mundo desolado por un holocausto, al fin y al cabo una historia bondadosa, sino porque consigue que el lector rellene tal cantidad de maldad, que imagine tal crueldad en los personajes con que se encuentran los protagonistas, que al fin y al cabo acaba retratando la perversidad de nuestra especie.

Pero no es él quien lo hace, sino nosotros. Ésa es la tremenda habilidad que demuestra como escritor en esta novela: nos deja completamente al descubierto.

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