Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Contradictio in terminis (II)

Noviembre12/2009

Heroes S01

Noviembre11/2009

Pues bueno, no son escasas las ocasiones en que se sacan cosas de la manga para enrevesar la trama (que casi llega al folletín), hay un exceso de “efectitos” decorativos que no tienen mucha chicha detrás (aunque queda bonito ver los títulos de los capítulos superpuestos a la escena inicial, o partes de escenas de capítulos anteriores repetidas para ampliarlas en el actual), los actores actúan justitos en su mayor parte (aunque brillante, sobre todo al inicio, el personaje de Nikki/Jessica, y el de Sylar -el Spock de la última de Star Trek- da un poquito de miedo), los fundamentos técnicos/científicos de la historia no lo son, sino mágicos/fantásticos, como el simbolito misterioso por poner sólo uno (lo que no tiene nada de malo, salvo que al final todo llega a ser posible porque no hay reglas consistentes que seguir), algún capítulo flojea de ritmo, pero…

Pero la primera temporada de Heroes (en V.O., por favor) engancha. Quizás sea sólo a los que nos atraen las tramas sobrecargadas por intentar juntar las piezas del puzzle antes de que las junten los guionistas, o también que los guionistas saben mantener la expectación, o que la cantidad de personajes y sus enredos siempre te dejan despierto, o que el manejo de los flashbacks y flashforwards no está nada mal. O quizás sólo es que está muy entretenida y te divierte.

Que sí, que será flojita, que el final decepcionará a muchos y dejará con ganas a otros de empezar a comerse el nuevo melón que abren, pero el caso es que yo estoy dispuesto para seguir pasando un buen rato con la segunda temporada :)

Del fanatismo y los intereses creados

Noviembre10/2009

Este pasado domingo venía seleccionada una carta de los lectores en el suplemento XL Semanal. Coincido tanto y en tantas cosas con su primera parte, y me parece tan interesante y bien escrita, que me voy a permitir copiar un poco más abajo esa parte para quien no haya podido leerla.

Pero antes también quiero aprovechar para destacar la torpe reflexión de Carmen Posadas en el mismo suplemento sobre la “piratería” de libros. En su artículo comienza aceptando que los tiempos están cambiando gracias a -o a pesar de, habría que deducir del tono en que está escrito- las nuevas tecnologías, pero no parece que ese primer acierto deductivo le ayude a esta señora a comprender que cuando los tiempos cambian quizás sean los negocios, por propia definición, los que primero hayan de cambiar, en lugar de tratar de cambiar a sus clientes maltratándolos en tantas ocasiones para seguir ganando dinero exactamente de la misma forma que se hacía antes. Mal negociante es quien no es capaz de seguir e incluso adelantarse a los tiempos, ¿no cree? Peor, diría yo, el que no cuida a su clientela.

Paso a cosas más importantes, como la carta que mencionaba antes. Las negritas son mías.

Un fanático es alguien que manifiesta su adhesión a una causa de un modo desmedido y apasionado, cayendo en la exaltación y volviéndose intolerante en grado sumo hacia formas de pensar o de sentir que no coinciden con la propia. Bien por necesidad, por desesperación o por estupidez, el fanático se ve abocado a la fe en algo que, inevitablemente, acaba resultando bastante pernicioso para sí mismo y, con cierta frecuencia, para quienes lo rodean. La historia de nuestro país constituye un triste testimonio de la propensión del carácter español, impetuoso y excitable, a degenerar en fanatismo [...]

Miguel L. Martín Jorge (Málaga)

El texto completo al que corresponde esta cita

puede consultarse íntegramente en la revista

XL Semanal del día 08/11/09


(Nota: La copia de este fragmento está hecha, evidentemente, sin ánimo de lucro, pero cabe la posibilidad de que el autor opine como Carmen Posadas y no vea bien que dé visibilidad a su carta aquí, lo cual, en mi opinión, sólo podría redundar en su beneficio personal en caso de tener este blog más de sus dos visitantes diarios habituales. Si ése es el caso, no tiene más que avisarme por la dirección de correo electrónico que aparece en la sección “acerca de” de este blog y cortaré de raíz inmediatamente tal publicidad gratuita de su texto. De hecho, el único motivo por el que no le he pedido permiso previamente es porque no había forma de contacto personal alguna indicada en la citada revista)

Por qué Spotify mola… relativamente

Noviembre9/2009

Está muy bien de Spotify el tener tus listas de reproducción (mi lista en mi caso) en “la nube” (gilipollez de conceto), porque así las puedes escuchar donde estés. Incluso con Wine se puede instalar en Ubuntu y, salvo que no se termina cuando sales del programa y sigue sonando todo, y que a veces se tuesta y deja de sonar todo, funciona bastante bien la mayor parte del tiempo.

Ahora bien, varias cositas quería decir:

En cuanto haya que pagar por las listas o cualquier otra idiotez que se les ocurra, no se preocupen por sus clientes, ésos que les hacen ganar dinero de las discográficas a través de la publicidad que éstas les ponen a ustedes porque precisamente somos muchos: ya nos buscaremos la música por otra parte (y perderán su negocio).

Además: ya les vale a la hora de añadir artistas. Sí, hay muchos, pero no están ni de lejos sus producciones enteras, y para muestra un botón bastante significativo:

Otra más: su sistema de recomendación de artistas según mis gustos apesta. No sé qué algoritmo usarán, pero no, no me gusta ninguno de éstos, que son todos los que me ofrecen (es más, los aborrezco):

Y la más importante: el modo Shuffle (que es el que yo uso) es una chufla, como su propio nombre indica: no te pone las canciones exactamente al azar, y cada vez estoy más convencido de que te pone más probablemente las que las discográficas quieren que te pongan… ¡dentro de tu propia lista! De esto obviamente no tengo pruebas, pero con el tiempo que llevo usándolo la distribución de canciones que se van reproduciendo dista de ser uniforme (no deben de tenerle mucho aprecio a Island Records, porque mira que he metido canciones de U2 de cuando estaban con Island, pero hasta ahora me habrá reproducido como dos o tres…).

Para terminar, lo mejor: qué me gusta la honestidad en una profesión. Como cuando uno tiene un producto que cree que tiene una calidad X y, en lugar de venderlo como que tiene una calidad X, lo vende como el mejor de la década, qué digo de la década, del siglo, qué digo del siglo, del milenio o de todos los tiempos desde el nacimiento del homo antecessor… Que una cosa es que un negocio intente convencerte de que compres sus cositas y otra muy distinta (y que la mayoría no saben distinguir) es que sea necesario mentir para conseguirlo.

Pues, damas y caballeros, sin ninguna traza de duda, aquí tienen, según Spotify, al más grande grupo de rock de la última década (será por el pedazo cabezón lleno de pelos de Dave Grohl), qué digo de la última década, del último siglo, qué digo del último siglo, del último milenio o de todos los tiempos desde que el primer homo antecessor cogió una Stratocaster:

(En el fondo el problema es que les debe de funcionar, porque si no no lo harían)

La peli del finde

Noviembre8/2009

Antes de lo que esperaba ha caído “Battlestar Galactica: The Plan”, la paracuela de la serie “Battlestar Galactica 2003″. Y digo paracuela, aparte de porque me da la gana inventar términos malsonantes, porque han montado en esta película una especie de “Cartas desde Iwojima” para un “Banderas de nuestros padres” (salvando las distancias), o sea, la visión desde el punto de vista cylon de lo que pasa en la serie más o menos hasta finales de la tercera temporada.

La película empieza rara: con ánimo de gastarse todo el presupuesto en los efectos especiales de la primera media hora y como si no tuviera un hilo conductor bien definido salvo contar las mismas cosas que ya se cuentan en la primera temporada pero desde el punto de vista enemigo. Han reducido el número de actores, supliéndolo con escenas copiadas directamente de la serie (lo cual te hace pensar que vaya timo), pero conforme la cosa avanza y encuentran el punto focal del asunto, o sea, la verdadera diferencia entre cylons y humanos, que resulta ser también su verdadero parecido (y que no pienso contar aquí), y empiezan a usar esos momentos ya vividos en la serie pero colocándolos bien alrededor de ese punto de manera coherente, les queda una película muy digna, con actuaciones tan buenas como las de la serie (aquí el peso es para el cylon nº 1, interpretado por Dean Stockwell), e incluso se atreven a ampliar un poco la trama original con subtramas que no se vieron.

El resultado es una película de lo más entretenida, irregular en el uso de los recursos a lo largo del metraje, que sólo debe verse tras terminar todas las temporadas de la serie, y que añade un granito de arena (tampoco mucho) a la historia completa, consiguiendo dejar una sensación de satisfacción (al menos a mí me la dejó).

Modos de darse cuenta de que uno está sobrecargado de trabajo

Noviembre7/2009

El obvio: cuando te encuentras haciendo cosas del trabajo en fin de semana, festivo, fiesta de guardar u horario no laboral porque no te va a dar tiempo a hacerlas en ningún otro momento.

El tecnológico: cuando llevas meses sin leer periódicos ni ninguna página web o blog en Internet (si no entras en Facebook durante una semana es ya gravísimo).

El regreso a la infancia: cuando te pasas la tarde del domingo diciendo “no quiero, no quiero, no quiero”.

El paralizante: cuando te pones a hacer algo habitual en tu trabajo y tus dedos no se mueven porque a tu cerebro no se le ocurre cómo.

El somnífero: cuando empiezas una frase tras la sobremesa (los días que te la puedes permitir) y la terminas en sueños tumbado en el sofá.

El multiplicador de personalidad: cuando alguien le ha dado al botón del play para ver un capítulo de Héroes, lo que te distrae y no te deja hacer tu trabajo…, y entonces te das cuenta de que el del botón del play has sido tú.

La mirada al abismo: cuando empiezas a imaginar posibles planes B para sustituir a tu trabajo actual.

El recursivo: cuando lo único que se te ocurre para actualizar tu blog es pensar en modos de darse cuenta de que uno está sobrecargado de trabajo.

Contradictio in terminis

Noviembre6/2009

Puntuando exámenes tipo test: el dilema

Noviembre5/2009

Amigos y amigas, hoy hablaremos de la formulilla que hay para puntuar lo más justamente posible un examen tipo test. ¿Por qué motivo, os preguntaréis, nos castiga éste con semejante bodrio? Pues principalmente por egoísmo: siempre se me olvida cuando necesito recalcularla, y, como además es una cuestión de probabilidades, hey, qué mejor que dejarla aquí, en este blog probabilístico e incierto (pero escrita en piedra, como el nombre del blog también indica).

De todas formas al final la aderezaré con una reflexión sobre la puntuación de exámenes en general, para que la audiencia menos interesada no se me duerma del todo :)

Normalmente, los exámenes tipo test de los que tienen sólo una respuesta correcta suelen puntuar lo mismo cada pregunta, aunque éstas tengan diferente dificultad. Se podría discutir mucho sobre este aspecto, y lo mismo lo hago en otra entrada (o en un paper educativo ;P) pero digamos que normalmente, y digo normalmente en sentido probabilístico, el que una pregunta difícil te dé la misma nota que una fácil se puede ver también por el lado bueno: puedes obtener la misma nota, tan deseada, en las preguntas fáciles… Es cuestión de que las dificultades sean simétricas probabilísticamente hablando. Dejémoslo, en fin, en que esto no tiene por qué causar demasiados problemas.

Así que tenemos P preguntas en el examen, cada una con R respuestas posibles. Podríamos pensar que puntuando cada pregunta con S puntos si se ha marcado la única respuesta correcta y con 0 puntos si se ha dejado en blanco, está contestada de manera “rara” (borrones, más de una respuesta, etc.), o es incorrecta, el asunto del test estaría ya solucionado y esta entrada no habría sido escrita.

Ah, amigos, esto es lo que hice yo el primer año que puse un examen tipo test, pardillo de mí. Los alumnos honestos, es decir, aquéllos que contestaban las preguntas que pensaban que sabían y no contestaban las que no sabían, obtenían una nota cercana a lo justo. El problema es que si en vez de dejar en blanco las que no sabían, contestaban ésas al azar, no podían sacar menos nota que si las dejaban en blanco, y sin embargo sí podían sacar, simplemente por suerte, más nota de la que merecían. Como diría cierto personaje de La princesa prometida: ¡inconcebible!

El hecho es que si un alumno marca una respuesta al azar en una pregunta de este tipo de test, tiene una probabilidad de \frac{1}{R} de acertar, y \frac{R-1}{R} de fallar. Por tanto, la nota que podría esperar obtener en la pregunta (si hiciera el ejercicio muchas veces, es decir, la esperanza matemática), contestando al azar, sería \frac{1}{R}S+\frac{R-1}{R}0=\frac{S}{R} puntos. Suponiendo que la nota máxima a sacar en el test completo fuera de 10, lo que implica que PS=10, el alumno que contestara alguna pregunta al azar podría esperar obtener una recompensa media de \frac{10}{PR} puntos por pregunta (¡cuando la recompensa por contestar al azar debería ser 0 puntos!). Como máximo, podría obtener \frac{10}{R} puntos adicionales a los que hubiera obtenido de no contestar las preguntas que no se sabía, lo cual no es un valor despreciable a menos que el número de respuestas posibles para cada pregunta sea grande (de hecho, si R=2, lo que entra dentro de lo posible, un alumno podría esperar aprobar el examen entero contestando al azar…).

Solucionar este problema no es trivial, sobre todo porque requiere identificar aquellas preguntas que han sido contestadas al azar (lo dejaré también para un paper :) ). La aproximación que se suele escoger no es totalmente justa, y en cierta medida (cuanto más inseguro está el alumno), perjudica un poco más de la cuenta a quienes fallan no por contestar al azar, sino por no contestar bien. Sin embargo suele ser suficiente para, al menos, disuadir a los alumnos de que contesten al azar lo que no saben bien (y por tanto, debería persuadirlos de estudiar mucho para que no hubiera preguntas en las que les pasara eso, aunque no estoy muy seguro de que ese efecto se consiga…). De hecho, se considera una forma muy común de definir las puntuaciones de los exámenes tipo test.

Esta solución se basa simplemente en no dar un 0 a una pregunta salvo cuando está en blanco o “rara” (cosas fácilmente distinguibles). Cuando está incorrecta no se la puntúa con 0, sino que se le da una puntuación N\neq0. Para conseguir un sistema de puntuación lo más justo posible, se busca que un alumno que conteste a todo el examen al azar tenga, mediante este mecanismo, una nota esperada de 0 (que es lo realmente justo). Eso es lo mismo que forzar a que la siguiente fórmula se cumpla: P(\frac{1}{R}S+\frac{R-1}{R}N)=0. La solución, despejando N, simplificando, y dado que P\ne0, es la siguiente:

N=-\frac{S}{R-1}

Usando esto, tenemos que un examen con R=5 respuestas por cada pregunta, en el que cada una supusiera S=1 punto si se responde correctamente, tendría que suponer a su vez N=-\frac{1}{4}=-0.25 puntos si se respondiera incorrectamente. Si, poniendo otro ejemplo, cada pregunta supone S=2 puntos de responderse correctamente, entonces debería suponer N=-\frac{2}{4}=-0.5 puntos de responderse incorrectamente.

Hay que tener en cuenta que esto afecta a todos los alumnos: no sólo a los que respondan al azar, sino también a los que lo hagan incorrectamente pensando que lo están haciendo bien: les baja la nota más de lo que se la bajaría el tener un 0 por equivocarse. Normalmente se considera que esto fuerza al alumno a estudiar más y mejor, porque se arriesga más al responder, pero las personas somos muy complicadas, y puede pasar que haya alumnos que se aprendan muy bien y respondan sólo a unas pocas preguntas: las suficientes para aprobar. El resultado de usar esta estrategia no suele ser bueno para esos alumnos, ya que en un examen siempre hay una probabilidad de equivocarse (por nervios, por no entender bien el enunciado, etc.), y terminan sufriendo la temida bajada de nota. Así que la primera conclusión suele considerarse válida: este sistema fuerza al alumno a que el no responder preguntas o el responderlas equivocadas no se dé mucho, es decir, a estudiar más.

En cualquier caso, y por mucho que en la pedagogía moderna este tipo de pruebas se llamen “pruebas objetivas”, no existe ninguna manera completamente objetiva de evaluar a un alumno (ni a un profesor, ni a un investigador, ni a un pintor, ni a un arquitecto, ni, en general, a casi nadie que haga una labor medianamente compleja), así que nos tenemos que conformar con aproximaciones. Algunos piensan, de hecho, que el profesor podría tener una idea mucho más acertada de lo que sabe un alumno que la formulita de evaluación del test, y no les falta razón en muchos casos (con la experiencia vas viendo con bastante claridad qué nota se merece cada alumno, sobre todo si no tienes doscientos)

Esta última forma de evaluación, llamémosla intuitiva, tiene un grave problema: no es explicable ni objetiva. Eso quiere decir que probablemente tengas más ojo para puntuar acertadamente a unos que a otros, simplemente por cómo tienes la cabeza de cargada ese día, y, lo que es más injusto desde mi punto de vista: los alumnos no se enfrentan a algo que comprendan y por tanto puedan prepararse; dicho de otra manera: no conocen bien cuáles son las reglas del juego que deben ganar, porque o bien pueden variar arbitrariamente o bien pueden ser difíciles de explicar, o ambas cosas.

Por tanto, yo, por ahora, me quedo con las puntuaciones inexactas y puede que injustas, pero al menos objetivas y perfectamente explicables (y comprensibles por todos los que se enfrentan a ellas), que con mi intuición a la hora de evaluar, que puede estar muy bien si ese día me pilla con la mente clara, pero que también puede ser bastante más injusta si consideramos a todos los alumnos en su conjunto y a todos mis estados de ánimo y capacidad cognitiva a lo largo del tiempo.

La araña de cristal (The glass spider)

Noviembre4/2009
La araña de cristal
(Letra y música de David Bowie, 1987)



Hasta hace un siglo vivió,
en la provincia de Zi Duang, en un país oriental,
una araña de cristal.

Habiendo devorado a sus presas,
repartía los esqueletos sobre su telaraña,
creando, durante semanas, un macabro
relicario.

La telaraña era única, además, porque estaba
dispuesta en muchas capas.
Como los pisos de un edificio.

En la cima de ese lugar parecido a un palacio,
ensamblados con aparente cuidado,
había pequeños objetos brillantes:
vidrios, abalorios, gotas de rocío.

Se podría confundir con un altar.

Cuando la brisa soplaba
a través de la construcción
producía quejidos, gritos;
leves quejidos y leves gritos.

Los hijos de la araña estaban asustados
y buscaban frenéticamente a su madre.
Pero la araña de cristal se había ido hace tiempo, sabiendo que sus niños sobrevivirían,
de alguna forma,
por sí mismos.

Oh.
La araña de cristal tenía ojos azules, casi humanos.
Ojos que lagrimeaban con el invernal paso de los siglos…

.oOo.

¿No oís ese grito perdido? La vida se cierne sobre vosotros.
(Mami, vuelve, que el agua se ha acabado)
¿No habéis visto quién está en el cielo? ¿Hay alguien en el infierno?
(Mami, vuelve, que está oscuro)

Cuidaos, cuidaos.
(Mami, vuelve, que el agua se ha acabado)
En algún lugar ella resplandece divina,
en algún lugar se despierta sola.
Pero vosotros, vosotros mantenéis una promesa en vuestra amante mirada.
Dios, está oscuro ahora.

Se ha acabado, se ha acabado, el agua se ha acabado.
(Mami, vuelve, que el agua se ha acabado)
Permaneced cerca del suelo.
El fuego puede volveros salvajes y asustados.

Estáis clavados al amanecer, venid antes de que los animales despierten.
(Se ha acabado, se ha acabado, el agua se ha acabado,
mami, vuelve, que está oscuro)

Corred, corred, moviéndose toda la noche, los ríos están a la izquierda.
Si vuestra mami no os quiere, los cauces podrían.
(Se ha acabado, se ha acabado, el agua se ha acabado,
mami, vuelve, que el agua se ha acabado)

Me presento, que cumple el blog

Noviembre3/2009

El 20 de Septiembre de 2008 abrí este blog. Quitando que en todo ese tiempo parece haber habido 35 días en que no he escrito nada -no me di cuenta de que fueran tantos-, podemos decir que el blog cumple un año. Bueno, un año y dos días, porque con los festivos se me pasó dar salida a esta entrada antes de ayer…

Este año ha sido muy peculiar: me he cargado con más cosas de las que podía llevar sin saberlo (aunque eso venía de antes), por lo cual he tenido que pagar (y sigo); he aprendido que las gentes somos muy complicadas y contradictorias (y ejemplos de nada y de todo); también cómo quiero hacer lo que quiero hacer y qué es eso que realmente quiero hacer (y qué no), y qué precio tiene y a qué he de renunciar; se me ha caído más pelo, cosa que parecía una imposibilidad en el contexto del conjunto de los números naturales; añoro aquellos tiempos en que podía dedicarme de vez en cuando a hacer lo que me gustaba, pero los espero recuperar de nuevo; y en general he aceptado un puñado de cosas que andaban por ahí chocándose contra el cráneo sin saber muy bien dónde quedarse quietas.

O sea, que ha sido un año muy interesante. Pero como han pasado tantas cosas, en vez de celebrarlo ni nada de lo que se suele hacer en estos casos, lo que voy a hacer es presentarme, ya que soy una persona distinta de la que abrió el blog:

  • Cuando estoy de los nervios hablo por los codos.
  • Cuando llevo mucho tiempo de los nervios me agoto.
  • Cuando estoy agotado me pongo verbalmente agresivo (especialmente si me hablan; en ocasiones soy capaz de cambiarle el color de la cara a una persona con una sóla frase, aunque aún no sé controlar ese superpoder).
  • El resto del tiempo (cuando no estoy agotado ni nervioso) estoy soltando chorradas cada dos por tres, y hay gente que se ríe. Hay otra gente que me mira raro (eso sucede en otras situaciones también). En general, hay quien dice que en esos casos sólo tengo cosas buenas, por lo que es obvio que no sé rodearme de gente objetiva ni fiable.
  • No soporto el irraciocinio, el no ir de frente / no decir las cosas claras y en su totalidad (el guardárselas para tener ventaja), ni el caos que no sea el caos creativo. Como no los soporto, me ponen nervioso y empiezo a hablar por los codos, repitiéndole a cada uno lo que sería óptimo que hiciera en ese momento sin dejar hablar y agotándome, y empezando todo de nuevo.
  • (Y por supuesto no soy hipocondríaco, sólo alarmista, como Woody Allen).

Hay más cosas que ahora no recuerdo (ah, sí: que sigo teniendo memoria de pez).

En fin. El caso es que mi yo de ahora ha decidido que, salvo apagón o desconsuelo, por aquí seguiremos poniendo chorradas un tiempo más. Esta decisión tendrá una validez de exactamente lo que tarde en cambiarla.

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