Yo trabajo (cuando todo lo demás me deja) en robótica inteligente. No sé si mi opinión valdrá mucho o poco, porque como aquel que dice, cada vez sé menos de lo que conozco. Pero sí tengo claro que el adjetivo “inteligente” debe entenderse en esa frase casi como cuando se aplica a las bebidas.
En casa, limpio el polvo, aspiro y friego con estas manitas acostumbradas al teclado. Me sigo levantando todos los días para ir a enmarronarme con no sé muy bien qué, que seguro me caerá de manera imprevista en el trabajo. Sigo porfiando de los que escriben recetas de cocina cuando voy a implementarlas (lo siento, los ingenieros informáticos hablamos así) y me encuentro que sólo leyendo el paso N+3 te enteras de que en el paso N-3 tenías que haber separado la calabaza del pimiento (deberían enseñarles algorítmica básica). A un coche no es que precisamente le des a un botón y te lleve a tu destino sin tener que mover ningún otro dedo. Cuando un edificio se eleva en su maravillosa construcción (camino de su hipoteca imposible), sigo viendo monos azules, cascos (pocos, que dan mucha calor), gente llevando vigas, cubos de mezcla y ladrillos de un lado a otro.
Me permitiréis entonces que cuando vea que el mayor logro de la electrónica de consumo en los últimos veinte años ha sido meter un ordenador en el teléfono móvil; cuando observo el último ejemplar japonés de recepcionista robótica saludando al público desde los telediarios con su piel de látex que casi parece que tiene celulitis hasta en los mofletes, o los dichosos juguetitos bailarines de Honda (¡que también saben subir escaleras! Seguro que no los han probado para bajar las de mi Escuela), o el último modelo de robot que demuestra emociones levantando una ceja de goma espuma… les desee la mejor de las suertes a los que vivan, si este planeta aguanta, dentro de un par de decenas de generaciones. Lo mismo ellos ya no tienen que limpiar el polvo. Nada más con eso sería un exitazo.
Y no es que sea pesimista. Es que llevo unos meses mu malos de trabajo. Digo yo.
Dado un período no laboral cercano, de longitud N, el número de nuevos trabajos que hacer (a.k.a. marrones) que te caerán cuando queden D días antes de que comiencen las festividades es 
He de hacer pública una nota firmada por un tal Capitán Nemo que llegó hasta a mí por cauces que no puedo desvelar:
Desde las profundidades submarinas convoco a todos aquellos a quienes el cambio de hora les cause irritación, sueño, cansancio, urticarias, desgaste innecesario en la maquinaria de sus relojes o simplemente malestar general, a que se unan y esta madrugada, de común acuerdo, a las 2:00 de la mañana del domingo NO CAMBIEN LA HORA A LAS 3:00.
Lleguen a los trabajos una hora tarde.
Salgan de los trabajos una hora tarde (no podrán decir que no echan sus horas reglamentarias)
Sigan acostándose y levantándose como hasta ahora.
Vean Sé Lo que Hicisteis en lugar del Telediario.
¡Disfruten, cual druidas del siglo XXI, de la secuencia natural del mundo! ¡Obliguen por la fuerza de las masas a que las tiendas sigan abriendo y cerrando en el mismo momento (porque nadie vaya a comprar en las nuevas franjas horarias)! ¡Que todos se den cuenta de que no pueden contra las fuerzas físicas del Universo, que hacen levantarse al sol y a la luna cuando a ellas les viene bien, no cuando le viene bien a los diputados europeos!
Desde la sede del Nautilus se convoca por tanto a una acción pacífica el lunes día 30 consistente en desplazar el horario de trabajo y de cualquier acción hogareña una hora después de lo que indiquen los relojes malvadamente manipulados de las instituciones oficiales de la Tierra. Si alguien se siente preocupado por las repercusiones penales de este acontecimiento, recuerden:
NO ES ILEGAL IGNORAR EL CAMBIO DE HORA (AL MENOS EN LOS TOMOS DE DERECHO PENAL QUE GUARDO DETRÁS DEL ÓRGANO DE TUBOS)
P.D.: La próxima convocatoria será contra el ciclo de trabajo 5+2 (5 días de trabajo frente a 2 de descanso), para que se cambie uno más acorde con Gaia, como por ejemplo, 2+5.
No sé por qué, pero últimamente vengo pensando sobre la persistencia del marrullerismo en distintos tipos de agrupaciones sociales (instituciones, empresas, asociaciones…). En España, decir que las cosas se hacen muchas veces con marrullerías es como decir que nos gusta mucho la playita y el fútbol (a mí no me gustan ni la playita ni el fútbol, pero como os habréis percatado a estas alturas, yo vengo de Andrómeda), es decir, una perogrullada, pero tampoco os creáis que es idiosincrasia única de este país… Yo al menos lo he visto de primera mano en uno que se llama a sí mismo el país más avanzado del mundo, y de oídas me ha llegado sobre otros tantos.
La cuestión que planteo es: dado que el ser humano (quizás en especial el mediterráneo, quizás en especial especial el españolito) tiende a la marrullería como medio preferente de realizar sus labores en lugar de tratar de hacer las cosas bien, ordenadamente y respetando las reglas, cuando un individuo que no comulga con esa idiosincrasia marrullera es insertado (o se inserta por propia voluntad, criatura) en tal organización, ¿qué sucede?
Podemos distinguir tres casos:
a) El no-marrullero sucumbe al marrullerismo dominante. No, mejor dicho: se hace un converso del marrullerismo, termina siendo más marrullero que el que más. Ya se sabe que los conversos son los peores. También meto en este caso a aquéllos a quienes los marrulleros dominantes convierten a la religión-substrato de la institución. “Total, si todo el mundo hace lo mismo”. “Total, si nunca pasa nada…”
b) El no-marrullero resiste. Algo dentro de él o ella le impide aceptar como válido el tener que hacer las cosas mal (y las marrullerías son objetivamente malas, porque indican que el sistema es inconsistente y por tanto cualquier cosa sería válida en ese sistema si dominaran de manera absoluta). Se busca una burbujita en la que trabajar a su modo, de manera más limpia que su entorno, y trata de resistir lo mejor posible los roces con la marrullería fronteriza. En este caso se expone a que le dé un yuyu alguna vez, cuando esa marrullería cruce la frontera inesperada e imparablemente y le dé un susto.
c) El no-marrullero se impone. Éste me parece el caso más interesante, porque supone que, o bien se lo comen con patatas en un par de microsegundos (aunque sea sólo por la aplastante superioridad numérica de la población marrullera) o bien es un verdadero genio y consigue transformar el sistema, o una parte grande de él, y disminuirle el grado de marrullerismo apreciablemente.
Éstos últimos (los no-marrulleros de tipo c) deberían acabar erigidos en los altares de la decencia de la especie humana. Por lo menos para que se les recuerde después de que hayan conseguido tal logro. Porque cuando se vayan todo volverá a ser como antes, claro.
La pena es que para erigir altares hace falta ponerse de acuerdo y trabajar, y confiar en que quien se encargue no empiece a hacerlo marrulleramente es tener ya, creo, un exceso de fe en nuestra especie rayano en la inconsciencia.
…que cuando se popularicen los lectores de papel electrónico van a poder las compañías impedir que se hagan copias gratuitas de los libros, al igual que pasa ahora con música y vídeo?
Llevan años sin ponerse las pilas, y ahora que por fin está llegando el cambio, siguen sin diseñar estrategias para sacar valores añadidos a la lectura que no estén en el propio contenido del libro. Y ya se van a tener que estrujar las meninges, porque esto no es como las películas (que en el cine se ven mejor) ni como la música (que el directo es incopiable). Aquí no pueden ofertar que alguien te vaya a hacer lecturas públicas mientras la gente se queda en sus sillones escuchando…
Algo va a tener que cambiar mucho mucho dentro de menos de lo que se espera si se quiere seguir haciendo negocio con el libro…
Entrevistando a candidatos para un contrato uno aprende varias cosas interesantes.
Una es que, por mucho que haya candidatos que se preocupen mucho de causar una impresión (la que sea; incluso los hay que no quieren causar ninguna), la impresión final se forma en base a la interacción candidato-entrevistador, o sea que mejor, como en el amor, sé tú mismo porque el resultado no lo vas a poder controlar muy fácilmente (si eres el candidato).
Otra es que con cierta experiencia el entrevistador puede llevar al candidato más fácilmente de lo que éste esperaría hacia un estado de ánimo en el que se incline a ser sincero. Algo así como la droga de la verdad pero en forma de pequeños gestos, formas de sentarse, tono de voz, etc.
Y otra es que si alguna vez alguien hace un estudio de la frecuencia de la enfermedad de la personalidad múltiple entre los profesores universitarios apuesto a que le sale un valor más alto de lo esperado. Quizás tener que alternar las entrevistas con las clases con la preparación de otras clases con la recogida de documentos (burocracia) con las tutorías (atención al cliente) con la investigación (más quisiera tener tiempo para eso) con la planificación docente del próximo curso con la preparacion de congresos propios con las contestaciones a los infinitos alumnos de escuelas indias que quieren venir a hacer una estancia con los proyectos fin de carrera con el mantenimiento de los recursos web de las asignaturas con la planificación de proyectos de investigación con la compra de equipos con el inventariado de los mismos, todo en el mismo día (y a veces en pocas horas) quizás, sólo quizás, tenga algo que ver.
(Y me dejo algo en el tintero, seguro)
Puedo entender algunas cosas.
Por ejemplo, puedo entender que un profesor no sepa (o no sea capaz) de enseñar bien. Y que el sistema universitario le permita seguir en su trabajo. Pasa también en la empresa privada. Lo puedo entender.
Puedo entender que la evaluación/calificación de los alumnos, al no ser un asunto objetivamente definible, sea discutible, e incluso a veces, tenga cierto margen de apariencia aleatoria. No se pueden resumir los conocimientos de nadie en una escala de cinco niveles, ni decidir demasiado bien qué pasa con los que andan en los límites entre niveles.
Puedo entender que la excesiva proliferación de escuelas y facultades a finales de los 80 y primeros de los 90, fruto principalmente de decisiones políticas, haya creado una superabundancia de alumnos y una escasez de medios que mermen la calidad de la enseñanza universitaria.
Puedo entender que los criterios de evaluación del profesorado para su natural promoción en su carrera profesional (de lo que quizás hablemos otro día con más detalle) parezcan algunas veces no sólo arbitrarios sino pensados expresamente para perjudicar su labor docente.
Puedo entender todas esas cosas.
Pero no puedo entender que haya alumnos, personas mayores de edad a quienes seguramente sus familias le están donando a interés 0 un dinero importante para su educación cuando perfectamente podrían estar teniendo que ganarse la vida, que no pongan todo su empeño en aprender de los mejores profesores que tengan (aunque sean dos), que no se molesten por su propia cuenta en acceder a todo el material que consigan tener a su disposición (aunque sean un puñado de libros o laboratorios), que no estrujen las tutorías de aquellos profesores que respeten las horas que la ley les obligue a tener (aunque encuentren a quienes no las respeten), que no interroguen a aquellos profesores dispuestos a ello sobre su experiencia, que no se la expriman, que les dejen salir de clase sin que lo hagan, en fin, que no saquen, en definitiva, el máximo provecho de un regalo, pues eso es lo que tienen en la Universidad. Un regalo que paga toda la sociedad para ellos; imperfecto, pero no inútil.
Y lo que menos puedo entender no es que haya alumnos que tiren al aire esos años de esa manera, sino que los haya que ni siquiera mediten sobre ello ni una sóla vez en toda la carrera.
¿Sabéis qué me hace más difícil entender estas cosas?
Que cuando yo era alumno fui tan estúpido como para hacer eso mismo que no comprendo. Y no encuentro explicación para esa conducta salvo mi propia inmadurez. Y no puedo comprender cómo otros pueden ser tan inmaduros como yo lo fui. Y no quiero comprender que en realidad no sea sólo inmadurez, sino también indolencia.
Quizás los alumnos que simplemente pasan por la Universidad sin pensar, sólo porque toca, que se acomodan en una burbuja en la que sólo les preocupa aprobar exámenes, deberían aprender algo más de la vida y enfrentarse antes de llegar a la Universidad con la realidad de tener que llevar un sueldo a casa, pagar una hipoteca, tener hijos, una familia a la que contribuir a mantener, tener jefes (buenos y malos), competidores (honestos y deshonestos), trabajar horas y horas hasta que sientan sus cabezas rodar y sus cuerpos caminar dando tumbos… Quizás, de hecho, yo sea el primero al que tendrían que haber obligado a hacer todo eso antes de regalarme la Universidad, en lugar de tener que haberlo aprendido después. Para que así comprendiera en el momento justo en qué consistía realmente ese regalo tan imperfecto.
Don’t grab
Don’t clutch
Don’t hope for too much
Don’t breathe
Don’t achieve
Or grieve without leave
Don’t check
Just balance on the fence
Don’t answer
Don’t ask
Don’t try and make sense
Don’t whisper
Don’t talk
Don’t run if you can walk
Don’t cheat, compete
Don’t miss the one beat
Don’t travel by train
Don’t eat
Don’t spill
Don’t piss in the drain
Don’t make a will
Don’t fill out any forms
Don’t compensate
Don’t cower
Don’t crawl
Don’t come around late
Don’t hover at the gate
Don’t take it on board
Don’t fall on your sword
Just play another chord
If you feel you’re getting bored
I feel numb
I feel numb
Too much is not enough
I feel numb
Don’t change your brand Gimme what you got
Don’t listen to the band
Don’t gape Gimme what I don’t get
Don’t ape
Don’t change your shape Gimme some more
Have another grape
Too much is not enough
I feel numb
I feel numb
Gimme some more
A piece of me, baby
I feel numb
Don’t plead
Don’t bridle
Don’t shackle
Don’t grind Gimme some more
Don’t curve
Don’t swerve I feel numb
Lie, die, serve Gimme some more
Don’t theorize, realise, polarise I feel numb
Chance, dance,dismiss, apologise Gimme what you got
Gimme what I don’t get
Gimme what you got
Too much is not enough
Don’t spy I feel numb
Don’t lie
Don’t try
Imply
Detain
Explain
Start again I feel numb
I feel numb
Don’t triumph
Don’t coax
Don’t cling
Don’t hoax
Don’t freak
Peak
Don’t leak
Don’t speak I feel numb
I feel numb
Don’t project
Don’t connect
Protect
Don’t expect
Suggest
I feel numb
Don’t project
Don’t connect
Protect
Don’t expect
Suggest
I feel numb
Don’t struggle
Don’t jerk
Don’t collar
Don’t work
Don’t wish
Don’t fish
Don’t teach
Don’t reach
I feel numb
Don’t borrow Too much is not enough
Don’t break I feel numb
Don’t fence
Don’t steal
Don’t pass
Don’t press
Don’t pry
Don’t feel
Gimme some more
Don’t touch I feel numb
Don’t dive
Don’t suffer
Don’t rhyme
Don’t fantasize
Don’t rise
Don’t lie
I feel numb
Don’t project
Don’t connect
Protect I feel numb
Don’t expect
Suggest
Don’t project
Don’t connect
Protect I feel numb
Don’t expect
Suggest
I feel numb
Me ha encantado: actores a la altura de sus personajes, historia sencilla en el fondo pero entrelazada de manera inteligente, detalles de sensibilidad y belleza… Un must.
Vía barrapunto me entero de que el Gobierno ha llegado a un acuerdo con algunas operadoras de acceso a internet para comenzar a dificultar el acceso a las redes P2P (algo que es perfectamente legal; el acceder al P2P para descargar ficheros, me refiero).
En esta página podéis encontrar información sobre cómo darse de baja de las operadoras que han acordado esto. Sería bueno difundirlo en la medida de lo posible.
Nada mejor que los buenos, viejos tiempos de los 70, tan bien reflejados en Life on Mars:
- Gene Hunt: I think you’ve forgotten who you’re talking to.
- Sam Tyler: An overweight, over-the-hill, nicotine-stained, borderline-alcoholic homophobe with a superiority complex and an unhealthy obsession with male bonding?
- Gene Hunt: You make that sound like a bad thing!
Ay, que poco durarían algunos (no sé por qué, estoy pensando en los profesionales de lo políticamente correcto) si tuvieran que volver a cierta época…