Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Ese riquísimo espectro político nuestro

Enero24/2011

Nota preliminar: soy perfectamente consciente de que lo que pongo a continuación es una mera ida de olla, un razonamiento vago y lleno de lagunas, una retahíla de ideas que lo único bueno que tienen, si es que lo consigo, es que puedan hacer pensar (aunque hagan pensar solamente en que están equivocadas). Esta advertencia, cuando se habla de política en este país, es conveniente hacerla, lo cual apoya los argumentos posteriores pero en ningún caso los hace necesariamente ciertos.

Nota preliminar 2: vamos, que esto es pa desahogarme, más que ná.



Desde hace años se viene observando un hecho bastante relevante en las encuestas políticas, considerando “encuesta” tanto esas malas malísimas que hacen las teles y los periódicos como las buenas buenísimas (estadísticamente hablando) que son los propios comicios locales, regionales y estatales.

El hecho es el de “suelo electoral”: el mínimo porcentaje de votos sobre la población votante que una formación política va a conseguir como mínimo. Ya la propia existencia de ese concepto dice mucho de nuestra hispana idiosincrasia, pero si nos paramos a examinar el valor concreto de esos “suelos” se nos pueden caer todos y cada uno de los palos del sombrajo.

Resulta ser que los dos partidos mayoritarios tienen unos suelos electorales poco por encima del 30% de la población votante, que a 1 de Enero de 2011 se eleva a 37.891.586 personas, como se puede consultar en el Instituto Nacional de Estadística. El 30% de esa cantidad hace un total de unos 11 millones de personas (no es exacto: he considerado los mayores de edad sin mirar nada más).

Dado lo rematadamente mal que lo suele hacer un partido que gobierna al final de su última legislatura (por eso suele ser la última, claro), podemos considerar que, si a pesar de ello, siguen teniendo ese “suelo” inamovible, es porque todos esos millones de ciudadanos, a pesar de no ser todos militantes oficiales, no se van a mover de ahí incluso si su partido se lía a palos con las viejecitas, aunque sea con sus propias viejecitas, por las calles (no les den ideas), es decir, aquella cosa tan nuestra y tan futbolística de “yo soy de éstos y los del otro lado son mis enemigos mortales acérrimos”, un reflejo también muy evidente de nuestra idiosincrasia que revela que seguramente Caín fue a dar con sus huesos por estas tierras hace mucho tiempo, después de matar al tonto el haba de su hermano.

Lo de los “suelos electorales” es también muy evidente con los partidos nacionalistas, y por los mismos motivos que ahora diré, pero dejémoslos fuera de esto aunque sólo sea por sus porcentajes irrisorios (pero determinantes en ocasiones) en comparación con los de los dos grandes.

Antes de seguir, dos cosas: a) sí, puedo estar completamente equivocado y ese 30% venir de ciudadanos que cambian de voto de forma dinámica, aunque yo no sea capaz de creerme que siempre siempre acaben coincidiendo aproximadamente el 30% en el partido que peor va, qué casualidad (tambén puede ser que ese flujo sea más lento, por ejemplo a lo largo de la vida de una generación, lo cual podría ser más creíble), y b) en este punto resulta conveniente copiar aquí la definición de “fanático” que hace la R.A.E., porque la voy a usar bastante y sólo en el sentido aséptico y objetivo que ella nos dice:

Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas.

A partir de aquí: si tenemos nada menos que un 60% de votos que no se mueven de sitio sino por fanatismo, y a eso le añadimos que normalmente la abstención es de todo menos insignificante (especialmente si ponen las elecciones en día de fútbol, de sol o de playa; no cuento los votos blancos y nulos porque aparte de ser poquísimos nadie les echa cuentas tampoco), nos queda entre un 10% y un 20% de votantes no fanáticos que son los que mueven la balanza. Esto no es algo que no se sepa, desde luego, desde hace tiempo, pero a mí personalmente me deprime un poco cada vez que alguien publica una encuesta y se vuelve a ver claro (o cada vez que me da por poner un canal de tv o leer un periódico y escuchar lo objetivos que son y lo poco inclinados que están hacia alguno de los dos partidos).

Primer colorario: que sepan todos los fanáticos de sus respectivas ideologías que no son los que deciden nada. Un voto que no cambia nunca se anula perfectamente con otro voto que no cambia nunca.

Segundo colorario: esto no es una democracia; al menos una en la que la mayoría decide. Los que deciden (que tampoco deciden mucho: sólo qué facción de las dos castas de nuevos aristócratas se pone en los sillones más caros) resultan ser bastantes menos que los fanboys de cualquiera de los dos grandes partidos o supuestas ideologías; en particular, son entre un 10% y un 20% los que al final deciden algo con sus votos. Es decir, vivimos en el gobierno de la minoría.

Tercer colorario: para que la minoría que decide pueda ser la de los no fanáticos, que es lo más deseable dadas las circunstancias, la única condición necesaria es que los otros dos grupos (porque dos partidos hay y habrá en estas dos Españas que sufrimos, durante mucho tiempo) sean iguales en “suelos electorales”. Parece ser que viene siendo más o menos así y por tanto se anulan la tontería de unos con la tontería de los otros, dejando que sean los demás los que marquen la pauta casi por completo.

Cuarto colorario: el que los dos “suelos electorales” mayoritarios sean más o menos iguales viene a indicar que la probabilidad de que un recién llegado a la mayoría de edad, con tendencias fanáticas en lo político, se decante por uno u otro comecocos, es del 50%. Vaya, que se puede deducir casi con certeza que se debe al puro azar en términos globales. Lo cual deja a las claras que lo que nos importa en este país, como en cualquier patio de colegio que se precie, es “ser de alguien”; el “alguien” es casi secundario.

Ciencia y literatura, literatura y ciencia

Enero20/2011

Una de las cosas curiosas que tiene el que te interese por igual la ciencia y la literatura, es, en particular, cómo vas alternando las lecturas de ambas.

En mi caso, tengo rachas. Ahora mismo estoy con una literaria, pero hasta hace un mes o así no sacaba la cabeza de libros técnicos (la más larga que he tenido de las de tipo científico, por cierto). Suelo estar por lo menos diez libros de una de las dos antes de pasar a la siguiente, aunque también ha habido ocasiones en que los he alternado, con cierta predilección por los de ciencia.

¿Y para qué cuento este rollo? Bueno, primero, porque no desentona mucho con los otros rollos que suelto en esto que parece un blog. Segundo, porque al pasar de una racha de lectura a otra, como se hace por hartazgo (mayormente), uno puede contrastar perfectamente las cosas que le gustan o no de cada tipo de libro.

La literatura, cuando estoy en racha, me proporciona cosas que no tiene ni de lejos la ciencia: color, olor, sentidos en general, la sensación de tener algo vivo entre las manos (o que podría estarlo en algún universo paralelo), belleza.

Cuando empieza la racha científica, es porque la literatura me comienza a resultar vaga, demasiado liviana, carente de respuestas, a veces poco innovadora, diciendo siempre las mismas cosas sin ahondar más de lo que ya ahondaron otros.

Por otra parte, los libros técnicos, cuando estoy en racha, me dan cosas que hacen palidecer a la literatura: profundidad, complejidad, rigurosidad, honestidad, conocimiento.

Cuando voy pasando a la racha literaria, de nuevo, es porque encuentro que la ciencia me empieza a parecer repetitiva, fría, pesada, incapaz de destacar lo verdaderamente importante de los detalles, sobredimensionada demasiadas veces (para lo que al final es capaz de explicar realmente), estresante.

Ninguno de los calificativos que he usado en los párrafos anteriores es exacto: contienen una apreciable cantidad de incertidumbre, vaguedad, y por tanto, podríamos considerar que los he puesto haciendo uso de la literatura. Pero todos son ciertos: son las mejores palabras que reflejan lo que me parecen las cosas que leo, por lo que podríamos considerar que los he elegido haciendo uso de un espíritu científico.

Y es que, en el fondo, literatura y ciencia tienen un nexo común: ambas se apoyan en el arte, que es fruto de la imaginación.

Objetivos realistas de un profesor

Enero19/2011

Un profesor corrigiendo exámenes o trabajos no puede aspirar a ser exacto (que es imposible), pero debe aspirar a ser justo (que ya es bastante difícil).

The Desinformation Era

Enero18/2011

Completamente de acuerdo: usar Internet para informarse de las cosas que pasan tiene el problema de que pueden estar mal documentadas, ser tendenciosas o basarse directamente en mentiras.

Exactamente igual que los medios tradicionales. So what?

P.D.: Por otra parte, Internet tiene la ventaja de ser mucho más rápida y tener muchas más fuentes posibles de donde escoger.

El negocio del libro electrónico

Enero17/2011

Todos sabemos ya -menos quizás algunos editores, aunque más bien es que no quieren mirar- que al negocio editorial le está pasando como al musical y al del cine: se encuentra sobredimensionado de la noche a la mañana por el simple hecho de que la tecnología avanza que es una barbaridad, y si antes daba tiempo a que los negocios, que eran bichos lentos y pesados, evolucionaran tranquilamente y sin traumas, ahora no deja ni pestañear. Lo cual no es culpa de los clientes, parece mentira que haya que repetir esto.

El caso es que seguramente habrá en el futuro de pasado mañana menos volumen de negocio en el libro que antes, y eso no es ni malo ni bueno: es lo que tiene la economía de mercado. No significa que dejen de venderse libros (ni siquiera que dejen de venderse en papel).

Una de las opciones que quedan es, dada la inutilidad de luchar contra tus propios clientes, apostar por el libro en papel como objeto de lujo y dar el electrónico gratis o prácticamente gratis (apostar por la promoción, vaya). Eso no es fácil de llevar a la práctica, lo sé, y da mucho vértigo, lo sé, pero es una opción indudable. Una variante de la misma es dar contenidos extra en los libros electrónicos (animaciones y demás), pero no creo que eso dé dinero realmente puesto que no estás cubriendo ninguna necesidad del cliente (quizás con los libros didácticos…).

A ver, la cuestión básica es que si quieres tener clientes tienes que crearles la necesidad de que compren lo que tienes o bien crear un producto para una necesidad preexistente (véase el ejemplo de Apple; todavía no sé cómo se lo montan los tíos para que tantísima gente quiera comprarles unos gadgets de utilidad cuestionable). Hay mucha gente que necesita leer, igual que hay mucha que necesita escuchar música y ver películas. Los avances en lectores de libros electrónicos también están creando nuevas necesidades (de hardware, de acceso a libros electrónicos de buena calidad, etc.). Luego no es problema de que falten necesidades que cubrir, sino de cómo se están cubriendo. A mí, por ejemplo, que me gusta mucho leer, también me gusta cada vez más hacerlo en un lector electrónico: me es más cómodo de manejar, sobre todo cuando tengo que leer tochacos de cienes de páginas. Ahí hay otra necesidad a cubrir: mi comodidad a la hora de leer.

Por supuesto, hay que cubrir estas necesidades a un precio que el cliente esté dispuesto a pagar, es decir, que le resulte razonable (el valor de esa necesidad). Cubrir una necesidad a precio de lujo no sirve de mucho. Yo pagaría no más de cinco euros por mi comodidad a la hora de leer, pero eso sí, los pagaría. Ahora mismo me venden libros electrónicos por el doble (por poco menos de lo que valen en papel) y además no todos los que quiero, luego mi necesidad no está bien cubierta, luego como eso les pase con mucha gente se van a la ruina.

¿Que no pueden mantener el negocio actual vendiendo libros a 5 euros o menos? En primer lugar, está por ver (prueben a tener muchos libros que vender, como Amazon), y en segundo lugar, es absurdo pretender mantener un negocio que no tiene clientes, ¿verdad? Luego la pregunta está mal construida.

Termino con otra necesidad que podrían cubrir muy bien: nos resulta pesado tener guardados un montón de ficheros, tener que buscarlos, encontrarnos con cosas mal editadas, etc… ¿Para cuándo un servicio de streaming como los de las pelis pero para lectores de libros electrónicos, de ésos que ahora traen wifi como mínimo? No puede hacerlo cualquiera: sólo tendrá beneficios si dispone de un catálogo amplio y además unos precios del orden de los que he dicho antes. Pero la posibilidad está ahí también para quien quiera arriesgarse.

Ah, que no quieren arriesgarse. Pues sepan que igual que un negocio sin clientes no tiene sentido, un negocio que no asume riesgos, tampoco. Y ustedes son los que quieren tener un negocio aquí, por propia voluntad.

Hala, me voy a la cama esta noche a intentar hojear un mamotreto de casi mil páginas y medio kilo sin que se me caigan los dedos. Buenas noches a todos.

Síntomas (VII)

Enero13/2011

De verdad, en serio: ¿cómo es posible que prácticamente ningún dirigente político de este maravilloso país esté al día de nuevas tecnologías -a nivel usuario, me refiero-?

¿Y cómo es posible que nos parezca normal?

Qué hacer cuando no hay nada que hacer

Enero11/2011

Series de televisión como The Wire o Luther resultan magníficos estudios sobre las posibles acciones alternativas que a uno le quedan cuando el sistema está tan corrupto y resulta tan inservible que ni siquiera las leyes, que supuestamente son la base de todo, tienen credibilidad ni garantizan que la gente que quiere hacer su trabajo bien, pueda hacerlo (más bien todo lo contrario).

Lamentablemente también son un reflejo perfecto de cómo el sistema es tan perverso que ni siquiera deja que las alternativas asomen la nariz.

Del escribir y del hablar de lo escrito

Diciembre22/2010

Una de las cosas maravillosas que tiene un relato, una historia, un libro, es que no pueden resumirse. Es decir, la experiencia de leer no es equivalente a la de su análisis y su síntesis. Un relato causa emociones y sensaciones que en la mayoría de las ocasiones no tienen siquiera expresión verbal, y además las produce a lo largo del tiempo. Nadie sabe cómo puede definirse algo así. Y eso está bien.

Ni siquiera su autor es capaz de describir exactamente de qué trata un relato (no suele ser una sóla cosa), ni explicar por qué ha resultado así (casi nadie obtiene lo que pretendió en un primer momento). De hecho, cada lector (incluido el autor) obtendrá un efecto diferente de su lectura… ¿cómo saber cuál es el efecto más común, aquel cuya descripción puede llegar e interesar a más gente? Normalmente los autores lo resuelven hablando de sí mismos, de su proceso creativo (de una parte pequeña de él, para la que existen palabras), del momento que vivían cuando lo escribieron. No es de extrañar que cuando a un autor le piden que presente una historia propia, su estado de ánimo empiece a oscilar entre la confusión por no saber qué ha pasado exactamente para que se construya ese relato y la angustia de no saber reflejar qué es exactamente eso que ha escrito.

De una presentación que escribí para un relato publicado en BEMonLine

¿Se es más feliz siendo más inteligente?

Diciembre17/2010

(Impresionante testimonio que no he tenido tiempo de traducir)

I had an arterial problem for a couple of years, which reduced blood supply to my heart and brain and depleted B vitamins from my nerves (to keep the heart in good repair). Although there is some vagueness as to the mechanisms, this made me forgetful, slow, and easily overwhelmed. In short I felt like I was stupid compared to what I was used to, and I was.

It was frightening at first because I knew something wasn’t right but didn’t know what, and very worrying for my career because I was simply not very good any more.

However, once I got used to it and resigned myself, it was great. Even though I knew I had a worrying illness, I was happy as a pig in mud. I no longer had the arrogance of being frustrated with slow people, I abandoned many projects which reduced a lot of stress, I could enjoy films without knowing what would happen (my nickname before this used to be ‘comic book guy’ if you get the reference), and I became amazingly laid back and happy go lucky. I got on with people much better. I developed much more respect for one of my friends in particular who I always considered slow – it turned out he is much deeper than I thought, I just never had the patience to notice before. You could say I had more time to look around. The world just made more sense. The only negative, apart from struggling to perform at work, and having to write everything down, was that I no longer found sci-fi interesting – it just didn’t seem important. (I’m not joking, although it sounds like a cliché.)

Eventually after more physical and life threatening symptoms developed I got the right tests and they found my arteries where blocked up (2 out of 3 of my main coronary arteries 100% blocked – they couldn’t work out why I was alive – it later turned out that I had unusually good peripheral circulation from my intense cycling). I’ve since had stents to open up the arteries again and made a full recovery.

After a year or so I am almost as ‘clever’ as I used to be, although I tend to ignore distractions more than I used to and focus on a smaller number of projects. I’m still more laid back than I used to be though, and have more patience with people. Most people still find me more socially competent. I also enjoy sci-fi again.

So an unusual perspective, from a fairly unusual circumstance, but that’s what it feels like to be be stupid when you used to be fairly bright. In some ways it was a great learning experience, although obviously in other ways it is a life changing fact I have to live with. Not many people get to walk about in other peoples shoes, and then pick up where they left off. Plus it’s obviously nice to still be alive.

In short I would say that the frustration of dealing with slower people is worse than being one of the slower people, even if you know you are slow. Obviously most people who are relatively slow, don’t know it, but I think I’ve glimpsed how they experience the world.

Comentario de un usuario anónimo en la web Quora acerca de cómo se siente uno siendo menos listo que lo que solía ser.

Mercadeando

Diciembre16/2010

Merchandising political candidates with the same techniques used to merchandise breakfast cereal not only can happen, it has become a standard part of the process in both state and federal elections.
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Vender candidatos políticos con las mismas técnicas usadas para vender cereales para el desayuno no sólo puede suceder, sino que se ha convertido en una parte usual del proceso de elecciones federales y estatales.

Probability and statistics: the science of uncertainty (John Tabak, 2004)
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