Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Por qué no voy al gimnasio

Febrero9/2011

Porque hacer ejercicio es cuestión (al menos en mi caso) de muuuucha fuerza de voluntad. Y si a tener que sacar fuerza de voluntad le tengo que añadir todavía más dificultades, a saber: tener que pagar, tener que ir a algún sitio que te puede venir lejos, tener que hacer ejercicio rodeado de gente sudorosa, tener que soportar música que no soportas, tener que perder tiempo en el trayecto… casi mejor ni me lo planteo (todavía me asombra que se asombren de que la mayoría de la gente sólo dure en el gimnasio unas semanas después de las navidades…).

Así que me quedo sólo con el problema de la fuerza de voluntad, y hago ejercicio en casa tranquilamente.

Demasiadas veces, lo que parece de una forma es justamente de la contraria

Febrero8/2011

Si alguien se empeña una y otra vez en enseñarte algo que te resulta complicado y costoso de aprender, normalmente es porque cree que lo puedes aprender y que eso vale la pena aprenderlo (salvo psicopatías, que no suelen darse tanto como algunos creen ver).

Por otra parte, si alguien no hace más que quitarle dificultad a las cosas complicadas que tienes que aprender y darte facilidades para que disminuyas tu esfuerzo, normalmente no tiene el menor interés ni en tu aprendizaje ni en tu crecimiento personal (salvo que sea pedagogo y se crea sinceramente las teorías homeopáticas docentes al uso, en las que se puede aprender lo más complicado por esporas o infusión aérea, sin el menor esfuerzo y además divirtiéndose).

Selección natural

Febrero7/2011

En este trabajo, como en casi todos en estos tiempos en los que adoramos a la producción como se adoraba a Horus, muchos intentamos seleccionar qué hacer con nuestro tiempo laboral, principalmente porque si multiplicas todo lo que tendrías que hacer por el tiempo que te llevaría hacer bien cada cosa no te salen las cuentas. Incluyendo horas extras, sí. De ésas que a casi nadie nos pagan, sí.

Una solución alternativa a tener que elegir lo que haces sería relajar tu sentido de la ética y responsabilidad (llámese ser práctico para que no suene a crítica, puesto que no lo es) y dejar de hacer bien tu trabajo: ir a toda prisa, hacer lo mínimo para cumplir, llevar las ochocientas tareas de cada jornada dedicando un par de segundos a cada una. De hecho, eso no sólo está bien visto en este país, sino que como no lo hagas se te castiga (y si eres experto en ello se te premia, pero lo más desesperante es que como no lo hagas, se te castiga).

Como uno está mal hecho y le es (casi) imposible realizar las cosas de las que se siente responsable de aquella manera que uno piensa que están mal, no tiene más remedio que asumir el castigo y dedicarse a seleccionar y establecer prioridades (o tratar de hacerlo todo y morir de un infarto, pero estoy intentando evitar esa salida tan fácil). En resumen: mejor no hacer algo por imposibilidad temporal y de recursos que hacerlo con el culo.

Sí: Es bastante probable que alguien ahora mismo esté elucubrando sobre mi indecencia por intentar seleccionar y dejar sin hacer las cosas que no puedo hacer bien, y sobre la inmensa suerte que tengo de poder actuar así. (Incluso sin saber qué cosas son ésas que dejo de hacer y hasta qué punto mi contrato me permite regularlas, dejar de hacerlas o todo lo contrario). No tengo ganas de meterme en esas batallas ahora.

Sigamos el razonamiento y asumamos la realidad de quien es incapaz (no estoy orgulloso, creedme) de hacer algo sin el debido tiempo y dedicación. Hay que elegir. Puestos a elegir, yo primero elijo hacer aquello que no tengo más remedio que hacer, me guste o no, y de la mejor forma posible (o sea, con el tiempo que ello me requiera y no con el que marque el siguiente deadline), luego lo que me gusta hacer pero tiene requisitos temporales más laxos, también de la mejor forma posible, luego lo que no me gusta hacer y puede esperar.

Si el lector es avispado, puede detectar sin mucho esfuezo que en la secuencia anterior no puedo hacer las cosas de mi trabajo que me gustan y que no tienen requisitos temporales claros que cumplir (investigar, estudiar, madurar ideas y otras tonterías que tenemos los profesores universitarios). Para ésas no tengo tiempo desde hace años. Sí, no he exagerado con lo de años, aunque sea andaluz. El único motivo por el que no las dejo del todo es porque dedico tiempo personal a ellas, ya que mi trabajo me impide hacer mi trabajo, literalmente.

Curiosamente, casi ninguna de las cosas que me da tiempo a hacer me dan currículum (y sí muchas de las que no tengo tiempo de hacer), lo cual no es sino otra prueba más que el currículum que se le pide a un profesor universitario parece diseñado (por decir algo) por una manada de Cockers Spaniel en celo alimentados cinco veces al día con pasta de cafeína. El resultado es que nada de eso de “hacer las cosas con su debido tiempo y dedicación” da la menor pizca de currículum. Preparar las clases bien y modernizarlas cada año no da el menor currículum. Gastar varias jornadas para tener un ejercicio de examen resuelto con detalle para el bien de los alumnos presentes y futuros no da currículum. Estar de plantón las 6 horas de vellón que me obliga la ley para tutorías en el despacho, a rajatabla, sin que venga nadie a consultar nada -con lo que al menos me da tiempo para avanzar en otras cosas, eso sí-, no da puntos en el currículum. Intentar corregir exámenes lo más justa y detalladamente posible no da puntos en el currículum. Tratar de llevar mejor proyectos fin de carrera o tesis doctorales no da puntos en el currículum. Entregar un paper a tiempo y no la madrugada de antes de que se cierre el plazo no da puntos en el currículum. No hay apartado alguno en el currículum, en definitiva, para eso de hacer las cosas bien. Ahora, baremos que reflejen la cantidad de cosas que uno hace (las haga como las haga)… Para listar ésos me quedaría sin dedos de las manos y de los pies.

La selección natural es sabia, y sólo sobreviven los más aptos. En este sistema en el que hay que producir y producir y producir, y luego producir (da igual cómo), los más aptos son los que producen y producen y producen, y luego rebajan un poco más su exigencia profesional para poder seguir produciendo. El resto, o no prospera, o le da un yuyu.

Yo elijo no prosperar (llamadme cobarde).

Lo que NO suele ser un líder

Febrero4/2011

Si eligiéramos sólo a hombres buenos, nunca habríamos tenido líderes.

Nucky Thompson (Boardwalk Empire)

Un largo camino

Febrero3/2011

Resulta desconcertante ver como países del otro lado de un charco tan chico como el Mediterráneo se desgarran en busca de la democracia mientras por aquí (y otros lares) estamos en plena decadencia de tal ideal… Si te encontraras con alguno de los que salen a la calle a desafiar el poder de dictadores, ¿qué le dirías? ¿Cómo puedes animarle? ¿Puedes entender del todo su ilusión por un cambio hacia algo que con el tiempo parece llevar siempre a esto que tenemos nosotros? ¿Te limitarías a darle ánimos porque obviamente esto es mejor que aquello de lo que quieren salir…?

Esto ya causa desazón. Pero lo causa más plantearse otra pregunta, sobre todo a los que estamos tan atocinados con nuestro sistema que no encontramos las ganas, no ya de protestar y mejorarlo, sino de levantarnos a cambiar de canal en la tele (confiando en que no se le gasten las pilas al mando para no tener que movernos del sofá): ¿les envidiamos?

Utilidad de Internet

Febrero2/2011

A veces, Internet, y especialmente las redes sociales, se parecen demasiado a magníficas herramientas para que la ciudadanía desfogue sus pasiones y frustraciones desde su sofá, calentita y disfrutando del último grito en banda ancha, en vez de en la calle y sobre todo en vez de cerquita de algún pobre político y/o institución pública.

(¡Esperad a que nos movilicemos -sinápticamente- desde nuestras cápsulas de realidad virtual, dentro de unos años, casta de chupópteros sin escrúpulos!)

Síntomas (VIII)

Febrero1/2011

Los telediarios hablan a sus televidentes como si fueran niños chicos.

Los políticos hablan a sus ciudadanos como si fueran niños chicos.

Los ciudadanos hablan a sus mayores como si fueran niños chicos.

Los mayores están tan contentos con la situación.

(Hasta que llegue yo, me levante del exo-taca-taca, le pegue una mascá a la cuidadora robot por tratarme como si fuera tonto, salga en algún telediario holográfico de los que habrá en mi época, en prime time por supuesto, provoque que algún morfopolítico diga alguna idiotez sobre la pérdida de metavalores, y me encarcelen finalmente debido a la recogida de ee-firmas contra la violencia de género que realice algún grupo de tecnociudadanos preocupados por los efectos de mi mal ejemplo en las granjas de socialización transversal).

¡¡Mmmmeeeck!! Camino equivocado

Enero31/2011

No voy a hablar de la Ley Sinde II. Total, ya sabíamos que la iban a aprobar. Total, ya sabemos que no va a servir para nada. Total, sería prestar atención a los políticos, esos seres que nos hacen la vida un poco más difícil de vez en cuando con sus ineptitudes.

Pero sí de algo relacionado. A ver: ya saben ustedes que no es que no vayamos al cine a ver sus películas, es que tampoco sintonizamos la tele (¿la tele? ¿eso que e lo que e?) para ver sus series. Por supuesto, todavía no he conocido a nadie que se haya bajado nada suyo de Internet, ese invento del demonio.

Ustedes están buscando desesperadamente público (al mismo tiempo que le insultan y le criminalizan, pero ya se sabe que ustedes y la salud mental, no digamos ya la lógica, no se llevan bien). Así que han dicho: ¡tate!, lo que se hace en los Estados Unidos tiene muchísimos público. ¡Tate! Vamos a imitarlo.

Ustedes se equivocan de medio a medio.

Si no pagamos por ver sus películas, si no vemos su series (pagando o no), si ni siquiera nos las bajamos de Internet (ese invento del demonio) no es porque no se parezcan a las cosas de los americanos o porque éstas últimas sean las únicas cosas que nos gustan.

Es porque son malas1 (técnicamente, me refiero; para gustos, colores).

Si son malas es porque no saben hacer bien su trabajo.

Y si no saben hacer ese trabajo no lo van a saber imitar tampoco.

Así que menos series mediocres de romanos, menos copieteos penosos de las artísticamente simplonas Heroes o Lost, más actores que sepan actuar y se los pueda creer uno durante más de diez segundos, más guiones que no parezca haber escrito yo con doce años (con catorce los hacía mejor), más historias originales y que no tengan la profundidad y la consistencia de un rollo de papel higiénico Aliada, más postproducciones que no parezcan consistir sólo en unir la pista de audio y la de vídeo, más…

En fin, lo mismo lo digo más corto así: vean In Treatment (¡ya ves la de medios que se necesitaron para hacer In Treatment!), Misfits, Mad Men (¡ya ves la de medios que se necesitaron para hacer Mad Men!), The Wire y luego deduzcan por qué, a pesar de ser todo lo contrario de las típicas series de tipo americano para adolescentes, parten la pana en sus respectivos países y fuera de ellos.

No, no he puesto enlaces en los títulos, no les vaya a dar por bajárselos sin pagar para copiarles las ideas, piratuelooooooss.

1 Sí, estoy generalizando; hoy es lunes y no tengo ganas de ponerme fino. A otros les da por acusarme de hacer cosas ilegales sin siquiera saber si las hago, que es peor que generalizar.

Cicatrices

Enero28/2011

Uno no es responsable de sus heridas, pero sí de cómo quedan sus cicatrices.

El vuelo del Hipogrifo (Elia Barceló)

Infocondría

Enero26/2011

El informático más puro tiene muchas probabilidades de convertirse en un hipocondríaco: en su mundo de colores, intangible, ideal y aséptico, es imposible que no se pueda solucionar un error con el único sufrimiento de echar un rato con un teclado y una pantalla.

No hay ningún médico que te arregle algo echando un rato de pensar y teclear, y, sobre todo, sin que te duela.

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