Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Blog en jornada(s) de reflexión

Mayo19/2011

Sí, desde hace días. Es lo que tiene que el sistema, ése ante el que somos tan “anti” (como han dicho por ahí, es él el que es anti-nosotros), te deje tan pocas opciones útiles a la hora de ir a votar.

También se hace difícil en medio del ruido de los que no se enteran de qué va la cosa y todavía dicen que no se quiere ir a votar o que es mejor votar en blanco; de la cantidad de desinformación interesada aderezada con conspiranoias varias (principalmente a la derecha, que se tenían que sacar el palo del culo de una vez); aprovechamientos políticos diversos pero no menos interesados (principalmente a la izquierda, que ahora han descubierto que siempre han defendido esto que se exige a pesar de haber apoyado o ser parte integrante del problema durante décadas); medios de comunicación tradicionales (éstos nos tienen rodeados) que cabrean bastante cuando hacen como que hablan del que ahora llaman movimiento 15-M (tenían que ponerle una etiqueta idiota, como a todo); en fin, una amplia panoplia de procesos distractores que tratan de dificultar mantener la cabeza clara.

Veremos qué pasa el 22, aunque la verdad es que yo ya estoy contento viendo a todos los que participan de la misma mierda tan descolocaos. Ya era hora de tener una alegría en política :)

Por cierto:

Artículo 21.

1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

Constitución Española de 1978.

Todo esto ya ha sucedido antes

Mayo17/2011

Y mientras la nobleza y el clero crecían, crecía con ellos la exención fiscal, y trataba el Estado de recuperar lo que perdía exprimiendo con mayor fuerza la bolsa de los pecheros. Los más soportaban con estoicismo el sufrimiento; muchos huían, buscando otra oportunidad más allá del océano; otros, con más arrestos, se convertían en bandoleros, prestos a recuperar por la fuerza lo que se les quitaba, y otros muchos, en fin, languidecían entre la delincuencia y la mendicidad, convertidos en pícaros, arquetipos, junto a monjes e hidalgos, de una España decadente que la Historia parecía arrumbar en las márgenes de su río imparable.
[...]
Así, la corrupción y el nepotismo devoraban ahora lo que las guerras se habían llevado antes, y los impuestos y la deuda no dejaban de crecer. De poco sirvió que el Consejo de Castilla se pronunciara contra el excesivo crecimiento de los tributos, y recomendara reducir los gastos y los cargos innecesarios que entorpecían la Administración y lastraban sus presupuestos. [...] Los consejeros del rey sólo se mostraron enérgicos a la hora de tomar decisiones que golpeaban a los más débiles de sus súbditos.

Párrafos sobre el final del siglo XVI del libro Breve Historia de España I. Las Raíces (Luis E. Íñigo Fernández, 2010).
Las negritas son mías

Estrategias de márketing

Mayo13/2011

Una de las estrategias más exitosas de márketing, normalmente implementada en anuncios de televisión, consiste en hacerle sentir al espectador diferente, especial, más listo, hasta el puntos de que son una élite minoritatia los que llegan a entender ciertos anuncios.

Es curioso que la única estrategia de márketing político que se usa hoy en día en nuestro país consista en hacer sentir al futuro votante uno más, animal de instintos básicos, libre de la tiranía del pensar, con mítines, eslóganes y discursos elaborados (a propósito) para niños de cinco años.

Me pregunto si algún día a esta casta política nuestra tan sofisticada le dará por descubrir la estrategia elitista que lleva cosechando éxitos en los anuncios de televisión durante tantos años. Al menos no nos daría vergüenza ajena verlos de vez en cuando meter sus caretos en medio de nuestro salón…

Contradictio in terminis XIV: I+D privada

Mayo11/2011

Es curioso que en las películas los inventos futuristas que acaban fastidiando a la humanidad vienen impepinablemente de empresas privadas. Digo curioso porque llamar I+D a lo que una empresa privada dice que hace (cuando dice que hace I+D) es algo así como llamar protección social a lo que hace Zapatero: ya me explicaréis cómo se puede llamar investigar a buscar sólo inventos que den dinero (olvidando todos los demás, que normalmente son necesarios para llegar a los que dan dinero), cómo se puede llamar investigar a buscar soluciones sólo a los problemas que estén de moda en cada momento (porque si no no vende), o cómo se puede llamar investigar a dejar de lado unos fármacos que resuelven el problema porque es más rentable diseñar otros que sólo lo cronifiquen (que así se saca más pasta).

Sorry, pero por algo los artículos que publican los miembros de las empresas que dicen que hacen I+D son meramente testimoniales en la literatura científica de todos los tiempos. Y no es porque quieran ocultar sus desarrollos (que también, porque los tienen que patentar), sino porque simplemente no están a la altura de la ciencia y la técnica actuales.

Ahora, dar dinero seguro que dan. Y peligrosos, no puedo decir que no lo sean en algunos casos…

Atrévete a pensar, pero siempre según otros

Mayo6/2011

A veces sueño (o por qué creo que una reforma de la ley electoral no es suficiente)

Mayo4/2011

A veces sueño con que hay una manifestación popular como nunca se ha visto: de tal calibre y de tal duración en el tiempo que los dirigentes políticos y cualquier cargo público en general comienzan a apreciar más su pellejo que los intereses de los poderosos de los que son peleles. Sueño que conseguimos entre todos obligarles a firmar leyes por las que asumen todas y cada una de las responsabilidades derivadas de su trabajo, como nosotros tenemos que asumirlas por ley. Que se ven a partir de entonces obligados a pagar de su dinero el dinero que malgastan por su ineptitud, a ir a la cárcel cuando estafen a los ciudadanos, a hacer trabajos sociales cuando sus políticas lleven al paro a millones o a la miseria al país, a renunciar a sus sueldos y a sus pensiones cuando sus decisiones consigan empobrecernos, a serles arrebatados sus títulos oficiales -a los pocos que los tienen- cuando demuestren que no saben realizar aquello para lo que les habilitan, a no volver a tener posibilidad de un empleo público cuando dañen públicamente a la sociedad de forma ostensible, a llevar a sus hijos a colegios públicos de barrios desfavorecidos, o a sus enfermos a centros de salud abarrotados de personas marginadas, mientras se constate que no son iguales las prestaciones básicas de éstos comparadas con las de los demás, a rellenar miles de páginas de papeleo cuando obliguen a otros a tirar su tiempo rellenando miles de páginas de papeleo, a hacer cuadernos Rubio a tutiplén cada vez que se equivoquen con la sintaxis de una frase.

A veces sueño que hay una epidemia de raciocinio y sentido común entre nosotros y conseguimos reunirnos y ponernos de acuerdo para algo tan simple como exigir que los cargos públicos hagan bien su trabajo, y que queden escritas en la ley las penas por no hacerlo. Que es posible conseguirlo a pesar de que nos contraprogramen con ocho partidos de fútbol de los más importantes del milenio cada mes, con programas de casquería amarilla que mancha el cristal de la televisión desde dentro o con sistemas educativos pensados para crear borregos que voten por consigna y que sirvan sin rechistar a los intereses de grandes empresas que sólo buscan mano de obra barata y dócil. Sueño que logramos abrir los ojos lo suficiente, no porque lo diga yo, ni el otro, ni el de la moto, sino porque cada uno empieza a pensar por sí mismo; a pesar de que nos viertan la miel de las noticias prefabricadas de los grandes medios informativos en los párpados día sí y día también.

A veces sueño con que nos olvidamos de que “somos de” (ponga aquí su ideología putrefacta favorita) y empezamos a pensar mirando la realidad cara a cara, con la posibilidad de equivocarnos pero también con la de acertar (van juntas; es la única manera de tener la segunda).

A veces sueño que nos levantamos pacífica pero abrumadoramente y lo que logramos queda para la posteridad, por el miedo que tienen a vernos así otra vez.

A veces sueño con salidas de verdad a la trampa en la que nosotros mismos hemos dejado que se convierta esta democracia, por nuestra inacción, infantilismo y comodidad. Salidas que convierten en irrelevantes a las que nos cacarean y nos cacareamos de continuo para marear la perdiz, como la reforma de la ley electoral o el cambio a una república u otras más o menos imaginativas.

A veces sueño con soluciones imposibles.

La mayoría de las veces me despierto.

En qué se diferencia la realidad de la ficción

Mayo3/2011

En que a nadie se le hubiera ocurrido hace unos pocos años inventarse un presidente de los Estados Unidos llamado Obama al que se le concediera un premio Nobel de la Paz, que bombardeara Libia, que matara a un terrorista llamado Osama y que llamara justicia a lo que es venganza.

Si quieres ser el mejor, sea “el mejor” lo que sea, olvídate de ello

Abril29/2011

El mejor artista no es el que tiene la mirada puesta en la posteridad, sino el que ama practicar su arte.

El científico rebelde (Freeman Dyson, 2008)

Por qué creo que #NoLesVotes no tendrá el éxito que pretende

Abril27/2011

Está claro que algo está cambiando, si no en la realidad física de este país (y quizás de algunos otros), sí en el imaginario colectivo: eso que, en el fondo, es lo que lleva a las sociedades complejas de un sitio a otro.

En nuestro caso es evidente el desencanto, cuando no la impotencia, que sentimos ante nuestro sistema de gobierno y las leyes que lo rigen, pensadas para crear y mantener en el poder a una casta de, en su mayoría, perfectos ineptos, que no hacen más que turnarse para seguir ahí indefinidamente, sin demasiados beneficios para el país que supuestamente gobiernan (pero sí para los allegados o los que tienen más dinero/poder que ellos).

En nuestro sistema electoral, tal y como se explica razonablemente bien aquí, los ciudadanos sólo podemos votar a un partido (no a personas concretas), o bien decidir no votar (lo cual no se contabiliza en absoluto), votar nulo (sólo se contabiliza para que cuadre el número de votos pero no para totalizar finalmente éstos), o votar en blanco (se contabiliza hasta el nivel más alto, pero luego no afecta a los escaños).

Como bien argumentan en ese blog, no votar no va a cambiar nunca el panorama que sufrimos; votar nulo es equivalente; votar en blanco, de hecho, favorece a los partidos grandes puesto que reduce el número total de votos a asignar, lo que facilita que se “caigan” de la asignación de escaños aquellos partidos que tengan menos.

En los últimos años se han propuesto varias alternativas para intentar cambiar esto, por supuesto por parte de los ciudadanos (los de arriba están muy cómodos donde están). Una de ellas es la de Ciudadanos en Blanco, un partido al que se le puede votar, que contabilizará completamente esos votos, y que no los usará -dejarán sus escaños sin ocupar- a menos que sirva para proponer leyes que cambien el sistema electoral.

La otra ha sabido jugar mejor con la difusión en redes sociales, blogs, etc. Es la iniciativa #NoLesVotes, que propone que se vote pero no a ninguno de los partidos grandes. Originalmente surgió por el inmenso cabreo con esos partidos, que votaron la Ley Sinde, pero se ha generalizado como mecanismo de cambio del sistema electoral. Su teoría es que esos votos se les quitan directamente a los partidos grandes, con lo que se les obliga a pactar con otros y a pensarse mejor sus estrategias político-monopolísticas.

Yo aún no sé qué votaré, aunque estoy entre estas dos alternativas. El caso es que se habla mucho de esta última sin decir un par de inconvenientes que hay que dejar también claros:

  1. Fragmentar el panorama político puede que le reste poder a los grandes, pero no garantiza políticas coherentes; ni siquiera aquéllas que queremos para cambiar el sistema. Es más: es probable que, si eso llegara a pasar, los grandes se las arreglaran para modificar el sistema todavía a peor, puesto que la cosa tendría efectos graduales y les daría tiempo.
  2. No sé cuánta gente secundará el #NoLesVotes, pero soy pesimista (o realista): hay que descontar a todos los que no saben qué es (no subestiméis el número de personas en este país que no le hacen ni caso a Internet), y también a los que “son de” (los fans-boys no van a hacerlo, tenedlo claro, y los suelos electorales de los dos partidos grandes son muuuy grandes, como me quejaba por aquí). El asunto es: los que voten (votemos) de esta forma se distribuirán sin concentrarse en ningún partido en concreto, disolviendo su efecto. Es muy probable que veamos toda una encomiable iniciativa -por lo importante de la idea- quedarse en nada en la práctica…

Lejos de mi intención apagar los ánimos, pero no es mi estilo ser fantasioso con las cosas importantes, o vivir en mundos imaginarios cuando no estoy escribiendo historias. Quizás me equivoque y haya una avalancha de votos que, por casualidad (porque la iniciativa #NoLesVotes no indica a qué partido votar), se concentren en uno o como mucho dos partidos, y eso suponga una diferencia. Pero permitidme dudarlo: creo que la única solución a estos males que nos aquejan es que nazca un nuevo partido que resuma estos mismos intereses y haya mucha gente dispuesta a votarlo.

Lo peor es que los grandes partidos saben eso perfectamente. De hecho, ya llevarán tiempo pensando en posibles alianzas con otros más pequeños con el sano objetivo de perpetuarse…

Tomando decisiones

Abril25/2011

Una vez tuve una discusión durante la preparación de un paper sobre navegación de robots: uno de los argumentos que sustentaba el trabajo presentado era que permitía al robot tener más información sobre lo que iba a encontrar luego, y, por tanto, le hacía decidir mejor; mi opinión era (es) que tener más información no tiene por qué hacer que uno decida mejor (aunque es prerrequisito), especialmente si no se ofrece un procedimiento para usarla bien.

Esto mismo nos pasa continuamente: el manido ejemplo de la sobrecarga de información en Internet, pero también multitud de ocasiones en las que tenemos que tomar decisiones y no tenemos ni la más remota idea de cuál será más conveniente por mucha información de que dispongamos, simplemente por el pequeño detalle de que el futuro (todavía) es impredecible. Si esto se repite a menudo, nos abrumamos, nos cansamos y nos bloqueamos. En realidad no deberíamos sufrir con ello, porque toda toma de decisiones lleva aparejada su correspondiente incertidumbre, pero cuando estás agotado y ves que en tu entorno casi todo sucede arbitrariamente durante demasiado tiempo seguido lo único que deseas es que tus jornadas se reduzcan a sota, caballo y rey.

No se me olvida que siempre puedes recurrir a la intuición y pensar menos racionalmente; herramienta poderosa, que, sin embargo, también requiere de una mente descansada y dispuesta a hacerse una con el entorno de sutiles maneras, con lo que volvemos al mismo punto.

Una de las múltiples decisiones que he tomado en estos últimos días de semi-asueto es la de respirar un poco con el blog. Nada radical (entre otras cosas no sé claramente qué cambio radical imprimirle). Pero no me gusta lo que se mantiene uniforme a la larga. Así que de vez en cuando voy a dejarme tiempo para tomar aire, oxigenar las neuronas, y ver cómo cambiar de temática, especialmente en las ocasiones en que no tenga más remedio por mis jornadas laborales basadas en seguir secuencias de cambio de chip sistemáticas, que suelen anular bastante la iniciativa.

Puede que en la frecuencia de publicación se note mucho, poco, nada o del todo. Como siempre he dicho por aquí: no es que no tenga ni idea de lo que voy a poner a continuación, es que no pienso tenerla.

Y aquello por lo que creíste haber venido
es tan sólo una concha, una cáscara sin sentido
cuyo propósito nada más se revela cuando está realizado,
si se realiza. O no tenías propósito
o el propósito está más allá del final que imaginabas,
y se altera al cumplirse.

Little Gidding (T.S.Eliot)
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