Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

La Bolsa o la Bolsa

Abril7/2009

La mayoría de la gente que conozco que tienen algo invertido en Bolsa (vale, no son muchos), no venden cuando la cosa va mal porque esperan a que vaya mejor, y no venden cuando la cosa va bien porque como va bien seguramente vaya todavía mejor.

Cuando las instituciones se convierten en entelequias

Abril6/2009

¿No os habéis dado cuenta de que es a las instituciones públicas, como institución, a las que cuando cometen un error y perjudican a alguien, y (años después) la justicia decide que han sido culpables de tal perjuicio, se les asocia la pena a pagar? Por supuesto, como una institución no existe físicamente, la pena no puede ser de cárcel, así que suele ser pagar una indemnización a los afectados (como mucho habrá alguna dimisión, que en política ya sabemos que es equivalente a recolocación automática).

¿Y quién está dando el dinero para pagar realmente esas indemnizaciones, causadas por personas concretas dentro de esa institución pública? Pues nosotros, todos nosotros, a través de los impuestos que sostienen a esas instituciones.

¿Y quién se anota en el currículum que ha sido tal cargo de tal institución? Pues quizás, precisamente, una de las personas culpables del daño (y ya hablaremos en otra ocasión de por qué demonios el mero hecho de haber sido cargo en una institución es motivo de mérito en un CV; se puede haber sido un cargo pésimo).

Por tanto, algo muy importante cambiaría en política y en esta sociedad cada vez más absurda si en todos y cada uno de los casos en que una institución pública fastidiara a alguien la ley estuviera obligada a identificar a las personas concretas responsables y a asignarles íntegramente a ellas (y a sus propios pecunios) la responsabilidad de sus actos, incluyendo penales, y nunca, nunca, a la institución. Seguro que entonces actuaban con mucho más cuidadito…

No es lo mismo ser el más popular que ser el mejor

Abril5/2009

Para ser el mejor hace falta esfuerzo y talento, y, a veces, redes de amigos y gente que te apoyen.

Para ser el más popular hace falta esfuerzo y redes de amigos y gente que te apoyen, y, a veces, talento.

Los niños estorban

Abril3/2009

Los telediarios están hartos de fomentar y considerar como buenas, modernas y simpáticas las noticias de cuando los niños son enviados a campamentos o similares para que sus padres puedan continuar su jornada laboral o disfrutar de unas vacaciones sin niños, y de cómo los susodichos padres anhelan y agradecen ese “respiro”.

Yo me pregunto para qué tienes niños si sabes (deberías, que ser padre es una responsabilidad muy gorda) que criar un niño te va a llevar un tiempo que no tienes y si no estás dispuesto a dejar de trabajar para tenerlo por el perjuicio económico que te va a suponer. Es decir, para qué tienes niños si no lo vas a criar tan bien como deberías. Podrías no tenerlos, no pasa nada.

Pero yo soy simplón, un radical y por tanto muchas veces me equivoco, así que seguramente es una verdadera burrada mi impresión de que esos padres que salen en la tele tan contentos de que les quiten de enmedio a sus hijos un rato -y diciéndolo tan tranquilos ante millones de espectadores- están reconociendo explícitamente que les estorban sus hijos y/o que los llegaron a tener simplemente porque tocaba tenerlos -por presión social, por edad, por gusto- en lugar de pensarse bien qué lleva consigo tener y criar un niño.

Pero es que yo soy así de burro. Y además no he tenido el mejor de los días. Si peores bestialidades he leído yo en otros blogs, por qué no poner aquí las mías.

Algún día nos dominarán los robots inteligentes

Marzo31/2009

Yo trabajo (cuando todo lo demás me deja) en robótica inteligente. No sé si mi opinión valdrá mucho o poco, porque como aquel que dice, cada vez sé menos de lo que conozco. Pero sí tengo claro que el adjetivo “inteligente” debe entenderse en esa frase casi como cuando se aplica a las bebidas.

En casa, limpio el polvo, aspiro y friego con estas manitas acostumbradas al teclado. Me sigo levantando todos los días para ir a enmarronarme con no sé muy bien qué, que seguro me caerá de manera imprevista en el trabajo. Sigo porfiando de los que escriben recetas de cocina cuando voy a implementarlas (lo siento, los ingenieros informáticos hablamos así) y me encuentro que sólo leyendo el paso N+3 te enteras de que en el paso N-3 tenías que haber separado la calabaza del pimiento (deberían enseñarles algorítmica básica). A un coche no es que precisamente le des a un botón y te lleve a tu destino sin tener que mover ningún otro dedo. Cuando un edificio se eleva en su maravillosa construcción (camino de su hipoteca imposible), sigo viendo monos azules, cascos (pocos, que dan mucha calor), gente llevando vigas, cubos de mezcla y ladrillos de un lado a otro.

Me permitiréis entonces que cuando vea que el mayor logro de la electrónica de consumo en los últimos veinte años ha sido meter un ordenador en el teléfono móvil; cuando observo el último ejemplar japonés de recepcionista robótica saludando al público desde los telediarios con su piel de látex que casi parece que tiene celulitis hasta en los mofletes, o los dichosos juguetitos bailarines de Honda (¡que también saben subir escaleras! Seguro que no los han probado para bajar las de mi Escuela), o el último modelo de robot que demuestra emociones levantando una ceja de goma espuma… les desee la mejor de las suertes a los que vivan, si este planeta aguanta, dentro de un par de decenas de generaciones. Lo mismo ellos ya no tienen que limpiar el polvo. Nada más con eso sería un exitazo.

Y no es que sea pesimista. Es que llevo unos meses mu malos de trabajo. Digo yo.

Ley de Murphy de los períodos festivos

Marzo30/2009

Dado un período no laboral cercano, de longitud N, el número de nuevos trabajos que hacer (a.k.a. marrones) que te caerán cuando queden D días antes de que comiencen las festividades es (\frac{1}{D-1})^{N}

De la persistencia del marrullerismo

Marzo27/2009

No sé por qué, pero últimamente vengo pensando sobre la persistencia del marrullerismo en distintos tipos de agrupaciones sociales (instituciones, empresas, asociaciones…). En España, decir que las cosas se hacen muchas veces con marrullerías es como decir que nos gusta mucho la playita y el fútbol (a mí no me gustan ni la playita ni el fútbol, pero como os habréis percatado a estas alturas, yo vengo de Andrómeda), es decir, una perogrullada, pero tampoco os creáis que es idiosincrasia única de este país… Yo al menos lo he visto de primera mano en uno que se llama a sí mismo el país más avanzado del mundo, y de oídas me ha llegado sobre otros tantos.

La cuestión que planteo es: dado que el ser humano (quizás en especial el mediterráneo, quizás en especial especial el españolito) tiende a la marrullería como medio preferente de realizar sus labores en lugar de tratar de hacer las cosas bien, ordenadamente y respetando las reglas, cuando un individuo que no comulga con esa idiosincrasia marrullera es insertado (o se inserta por propia voluntad, criatura) en tal organización, ¿qué sucede?

Podemos distinguir tres casos:

a) El no-marrullero sucumbe al marrullerismo dominante. No, mejor dicho: se hace un converso del marrullerismo, termina siendo más marrullero que el que más. Ya se sabe que los conversos son los peores. También meto en este caso a aquéllos a quienes los marrulleros dominantes convierten a la religión-substrato de la institución. “Total, si todo el mundo hace lo mismo”. “Total, si nunca pasa nada…”

b) El no-marrullero resiste. Algo dentro de él o ella le impide aceptar como válido el tener que hacer las cosas mal (y las marrullerías son objetivamente malas, porque indican que el sistema es inconsistente y por tanto cualquier cosa sería válida en ese sistema si dominaran de manera absoluta). Se busca una burbujita en la que trabajar a su modo, de manera más limpia que su entorno, y trata de resistir lo mejor posible los roces con la marrullería fronteriza. En este caso se expone a que le dé un yuyu alguna vez, cuando esa marrullería cruce la frontera inesperada e imparablemente y le dé un susto.

c) El no-marrullero se impone. Éste me parece el caso más interesante, porque supone que, o bien se lo comen con patatas en un par de microsegundos (aunque sea sólo por la aplastante superioridad numérica de la población marrullera) o bien es un verdadero genio y consigue transformar el sistema, o una parte grande de él, y disminuirle el grado de marrullerismo apreciablemente.

Éstos últimos (los no-marrulleros de tipo c) deberían acabar erigidos en los altares de la decencia de la especie humana. Por lo menos para que se les recuerde después de que hayan conseguido tal logro. Porque cuando se vayan todo volverá a ser como antes, claro.

La pena es que para erigir altares hace falta ponerse de acuerdo y trabajar, y confiar en que quien se encargue no empiece a hacerlo marrulleramente es tener ya, creo, un exceso de fe en nuestra especie rayano en la inconsciencia.

Haciendo de departamento de recursos humanos, y de todos los demás departamentos

Marzo25/2009

Entrevistando a candidatos para un contrato uno aprende varias cosas interesantes.

Una es que, por mucho que haya candidatos que se preocupen mucho de causar una impresión (la que sea; incluso los hay que no quieren causar ninguna), la impresión final se forma en base a la interacción candidato-entrevistador, o sea que mejor, como en el amor, sé tú mismo porque el resultado no lo vas a poder controlar muy fácilmente (si eres el candidato).

Otra es que con cierta experiencia el entrevistador puede llevar al candidato más fácilmente de lo que éste esperaría hacia un estado de ánimo en el que se incline a ser sincero. Algo así como la droga de la verdad pero en forma de pequeños gestos, formas de sentarse, tono de voz, etc.

Y otra es que si alguna vez alguien hace un estudio de la frecuencia de la enfermedad de la personalidad múltiple entre los profesores universitarios apuesto a que le sale un valor más alto de lo esperado. Quizás tener que alternar las entrevistas con las clases con la preparación de otras clases con la recogida de documentos (burocracia) con las tutorías (atención al cliente) con la investigación (más quisiera tener tiempo para eso) con la planificación docente del próximo curso con la preparacion de congresos propios con las contestaciones a los infinitos alumnos de escuelas indias que quieren venir a hacer una estancia con los proyectos fin de carrera con el mantenimiento de los recursos web de las asignaturas con la planificación de proyectos de investigación con la compra de equipos con el inventariado de los mismos, todo en el mismo día (y a veces en pocas horas) quizás, sólo quizás, tenga algo que ver.

(Y me dejo algo en el tintero, seguro)

Don't think Don't worry Everything's just fine

Marzo24/2009

Puedo entender algunas cosas.

Por ejemplo, puedo entender que un profesor no sepa (o no sea capaz) de enseñar bien. Y que el sistema universitario le permita seguir en su trabajo. Pasa también en la empresa privada. Lo puedo entender.

Puedo entender que la evaluación/calificación de los alumnos, al no ser un asunto objetivamente definible, sea discutible, e incluso a veces, tenga cierto margen de apariencia aleatoria. No se pueden resumir los conocimientos de nadie en una escala de cinco niveles, ni decidir demasiado bien qué pasa con los que andan en los límites entre niveles.

Puedo entender que la excesiva proliferación de escuelas y facultades a finales de los 80 y primeros de los 90, fruto principalmente de decisiones políticas, haya creado una superabundancia de alumnos y una escasez de medios que mermen la calidad de la enseñanza universitaria.

Puedo entender que los criterios de evaluación del profesorado para su natural promoción en su carrera profesional (de lo que quizás hablemos otro día con más detalle) parezcan algunas veces no sólo arbitrarios sino pensados expresamente para perjudicar su labor docente.

Puedo entender todas esas cosas.

Pero no puedo entender que haya alumnos, personas mayores de edad a quienes seguramente sus familias le están donando a interés 0 un dinero importante para su educación cuando perfectamente podrían estar teniendo que ganarse la vida, que no pongan todo su empeño en aprender de los mejores profesores que tengan (aunque sean dos), que no se molesten por su propia cuenta en acceder a todo el material que consigan tener a su disposición (aunque sean un puñado de libros o laboratorios), que no estrujen las tutorías de aquellos profesores que respeten las horas que la ley les obligue a tener (aunque encuentren a quienes no las respeten), que no interroguen a aquellos profesores dispuestos a ello sobre su experiencia, que no se la expriman, que les dejen salir de clase sin que lo hagan, en fin, que no saquen, en definitiva, el máximo provecho de un regalo, pues eso es lo que tienen en la Universidad. Un regalo que paga toda la sociedad para ellos; imperfecto, pero no inútil.

Y lo que menos puedo entender no es que haya alumnos que tiren al aire esos años de esa manera, sino que los haya que ni siquiera mediten sobre ello ni una sóla vez en toda la carrera.

¿Sabéis qué me hace más difícil entender estas cosas?

Que cuando yo era alumno fui tan estúpido como para hacer eso mismo que no comprendo. Y no encuentro explicación para esa conducta salvo mi propia inmadurez. Y no puedo comprender cómo otros pueden ser tan inmaduros como yo lo fui. Y no quiero comprender que en realidad no sea sólo inmadurez, sino también indolencia.

Quizás los alumnos que simplemente pasan por la Universidad sin pensar, sólo porque toca, que se acomodan en una burbuja en la que sólo les preocupa aprobar exámenes, deberían aprender algo más de la vida y enfrentarse antes de llegar a la Universidad con la realidad de tener que llevar un sueldo a casa, pagar una hipoteca, tener hijos, una familia a la que contribuir a mantener, tener jefes (buenos y malos), competidores (honestos y deshonestos), trabajar horas y horas hasta que sientan sus cabezas rodar y sus cuerpos caminar dando tumbos… Quizás, de hecho, yo sea el primero al que tendrían que haber obligado a hacer todo eso antes de regalarme la Universidad, en lugar de tener que haberlo aprendido después. Para que así comprendiera en el momento justo en qué consistía realmente ese regalo tan imperfecto.

Don’t move
Don’t talk out of time
Don’t think
Don’t worry
Everything’s just fine
Just fine

Don’t grab
Don’t clutch
Don’t hope for too much
Don’t breathe
Don’t achieve
Or grieve without leave

Don’t check
Just balance on the fence
Don’t answer
Don’t ask
Don’t try and make sense

Don’t whisper
Don’t talk
Don’t run if you can walk
Don’t cheat, compete
Don’t miss the one beat

Don’t travel by train
Don’t eat
Don’t spill
Don’t piss in the drain
Don’t make a will

Don’t fill out any forms
Don’t compensate
Don’t cower
Don’t crawl
Don’t come around late
Don’t hover at the gate

Don’t take it on board
Don’t fall on your sword
Just play another chord
If you feel you’re getting bored
I feel numb
I feel numb
Too much is not enough
I feel numb
Don’t change your brand Gimme what you got
Don’t listen to the band
Don’t gape Gimme what I don’t get
Don’t ape
Don’t change your shape Gimme some more
Have another grape
Too much is not enough
I feel numb
I feel numb
Gimme some more
A piece of me, baby
I feel numb
Don’t plead
Don’t bridle
Don’t shackle
Don’t grind Gimme some more
Don’t curve
Don’t swerve I feel numb
Lie, die, serve Gimme some more
Don’t theorize, realise, polarise I feel numb
Chance, dance,dismiss, apologise Gimme what you got
Gimme what I don’t get
Gimme what you got
Too much is not enough
Don’t spy I feel numb
Don’t lie
Don’t try
Imply
Detain
Explain
Start again I feel numb
I feel numb
Don’t triumph
Don’t coax
Don’t cling
Don’t hoax
Don’t freak
Peak
Don’t leak
Don’t speak I feel numb
I feel numb
Don’t project
Don’t connect
Protect
Don’t expect
Suggest
I feel numb
Don’t project
Don’t connect
Protect
Don’t expect
Suggest
I feel numb
Don’t struggle
Don’t jerk
Don’t collar
Don’t work
Don’t wish
Don’t fish
Don’t teach
Don’t reach
I feel numb
Don’t borrow Too much is not enough
Don’t break I feel numb
Don’t fence
Don’t steal
Don’t pass
Don’t press
Don’t pry
Don’t feel
Gimme some more
Don’t touch I feel numb
Don’t dive
Don’t suffer
Don’t rhyme
Don’t fantasize
Don’t rise
Don’t lie
I feel numb
Don’t project
Don’t connect
Protect I feel numb
Don’t expect
Suggest

Don’t project
Don’t connect
Protect I feel numb
Don’t expect
Suggest

I feel numb

Numb (U2, 1993)

Cuando las personas se juntan

Marzo14/2009

Ya es difícil que no haya problemas cuando se juntan las personas para hacer algo (por nuestro egoísmo y falta de empatía, fundamentalmente, aderezados con buenas dosis de interpretaciones subjetivas de las cosas).

Pero los problemas se hacen exponencialmente más complejos cuando el grupo trata de utilizar herramientas de política/márketing, o en general ha de tener alguna preocupación por la imagen que da hacia el exterior.

Menos mal que las reglas que las personas han de cumplir en sociedad las definen y hacen cumplir también grupos de personas que se juntan (egoístas, faltas de empatía, basadas en interpretaciones subjetivas), que deben dar la imagen de que las ponen y las hacen cumplir justamente. De ahí viene la esperanza de que en algunos casos los problemas de los grupos se anulen con los de los encargados de mantener las reglas, como ondas de igual frecuencia desfasadas medio período exacto, y entonces se consiga algún resultado limpio para el mundo.

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