Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

Responsabilidad

Febrero13/2009

Hay una forma interesante de clasificar a los seres: aquéllos que toman decisiones y los que no son capaces. Los primeros están obligados a asumir sus fracasos y sus éxitos, y sufren por la responsabilidad. Los segundos asumen que sus fracasos y sus éxitos son culpa exclusiva de los demás, por lo que sufren a causa de los zarandeos del universo y están siempre quejándose. En general, sólo los primeros son razonablemente felices, pues su sufrimiento les es comprensible.

Escribir y revisar

Febrero10/2009

Una revisión de un libro cuesta el 10% del trabajo que cuesta escribirlo inicialmente, y lo puede mejorar hasta un 90% más que cualquier técnica literaria que se aplique en esa primera escritura.

Aquí va un trocito de la última novela que he revisado:

¿Por qué no me escucha?

Sé que él está ahí, tras estas paredes crueles que nos apartan. Mis manos que ahora están crispadas sólo se entrelazan deseando volver a estar cerca de él. Mis ojos que apenas distinguen nada en esta oscuridad han traspasado la maldita prisión sólo para distinguirle muy lejos, muy débil.

Ya le he perdonado. Me abandonó y la oscuridad y los pájaros y la oscuridad me poseyeron y me comieron la cabeza desde dentro; pero yo fui fuerte, como él, que murió y resucitó a pesar de que lo mataran al principio de los tiempos. Sí, yo volví de dentro de mí, de dentro del rincón en el que me escondí cuando la oscuridad y los pájaros y la oscuridad vinieron a por mí. Y al contemplar lo que dejaron tras de sí comprendo que él se fue entonces para ayudarme. Porque él es el verdadero, el único Dios que creó a nuestra gran raza y le donó la Sagrada Mina, y yo habría permanecido en la ceguera más absoluta de ese conocimiento si no me hubieran traido aquí, si mi Dios no me hubiera abandonado en aquel preciso momento dejándome a mi suerte ante mis enemigos, si no me hubiera enfrentado a ellos buscando un rincón en el que refugiarme para desde allí contemplar todo el poder que me había mostrado.

La no-revolución de Internet para los escritores

Enero29/2009

Hace ya tiempo que se viene diciendo que Internet va a revolucionar el mercado del libro, tal y como lo está haciendo con el de la música. Es evidente que para los lectores no sólo lo va a hacer, sino que lo está haciendo ya desde hace tiempo.

Pero a menudo se extrapola al caso de los autores. Ejemplos se ponen: Lulu, bubok, que permiten a cualquiera editar e incluso poner a la venta en el mismo lugar sus propios libros, sin coste. También las empresas de autoedición, o la posibilidad de simplemente colgar un escrito en una página web, o bien la de publicar algo en PDF para leerlo en un libro electrónico se toman como ejemplo del cambio drástico que ha de tener esta industria para los juntadores de letras.

Sin embargo, por algún extraño motivo, este cambio no acaba de producirse.

Ciertamente todos los factores mencionados parecen revolucionarios para un autor, pero cualquiera que esté un poco (sólo un poco) metido en esto de la industria editorial sabe que un libro se vende, o llega a muchos lectores, únicamente (o principalmente) por su promoción. No por su calidad. No por su coste de edición.

Y de todos los factores revolucionarios mencionados antes, la promoción sólo se ve influenciada por la accesibilidad total de la red.

Pero accesibilidad no equivale a visibilidad. Muchas personas, cuando tienen ese factor en cuenta, piensan que la naturaleza de Internet puede suponer un descalabro para el sistema actual de edición; piensan que la red romperá todas las barreras y filtros de las editoriales, puesto que cualquiera puede ver lo que se pone ahí, sin tener que esperar a que una editorial o distribuidora lo haga visible, y además, sin coste. Confunden, en definitiva, que sea accesible con que sea visible.

Lamentablemente, la red es inmensa. El coste de acceder a cualquiera de sus puntos es cercano a cero, cierto, pero nadie va a llegar al sitio que tú quieres sólo porque lo pongas ahí. Tus páginas web sólo las encuentran los cuatro amigos que te conocen y a quienes les has dicho que las tienes. De vez en cuando pasará alguien más, pero normalmente te olvidará a los dos clics de ratón, demostrando que los buscadores tampoco garantizan realmente esa visibilidad que deseas. De hecho, la inmensa mayoría de las páginas web, para ti mismo, son tan invisibles como si no existieran.

Es cierto que hay sitios web muy visibles: concentradores con muchas conexiones con el resto, que ya son populares. Quizás por el boca a boca o por alguna labor de promoción más o menos encubierta, han llegado a ser verdaderos escaparates. Pero por ese mismo motivo no están a tu servicio ni a tu alcance como autor. Y no se sabe bien cómo puedes montarte tú uno. Además, su número no puede crecer indefinidamente, dada la capacidad de la gente de seguir a una cantidad limitada de sitios. Por tanto tratar de trabajar por ahí puede llegar a ser infinitamente frustrante.

Así que para el escritor no conocido, poner la obra en Internet es como si se sentara en una inmensa plaza rodeado de millones de personas. Aun con un vestido llamativo no tendría garantizada más popularidad que la de cualquier otro hijo de vecino.

O sea, que el futuro del libro no va a cambiar esencialmente desde el punto de vista del autor. Todo se resume, como ahora, en las dos categorías en que éste puede caer: a) no lo conoce nadie, o sólo un círculo pequeño de amigos, y b) es popular, lo conoce una masa importante de gente.

En el caso a), por mucho que el autor use los mecanismos electrónicos para quitarse de enmedio a las editoriales o a cualquiera que fastidie (según su punto de vista) la visibilidad de su obra, siempre tendrá que lidiar con la promoción, que como hemos dicho, no cambia sustancialmente su estructura por las nuevas tecnologías. Nadie leerá su escrito más allá de sus conocidos, a menos que se publicite convenientemente. Deberá, por tanto, hacer uso de alguna entidad que le ayude, como ahora lo son las editoriales. En resumen: el publicar electrónicamente no supondrá ninguna gran diferencia con enviar su manuscrito a una editorial. De hecho puede ser contraproducente, pues las editoriales suelen dominar el mercado de publicidad infinitamente mejor que el autor.

En el caso b), el autor es ya popular. Por tanto podría publicar electrónicamente, liberándose de la editorial, pues ha superado el problema de la promoción. Pero claro, teniendo en cuenta que si publica en una editorial ésta se encarga de un montón de labores que están más allá de la escritura, y sus capacidades de dominar los canales de promoción están más allá del alcance de las del autor, la opción de la editorial le trae más cuenta. Por eso hay tan pocos autores conocidos publicando en PDF, en Web, autoeditándose, etc. Porque las editoriales les promocionan mejor que ellos mismos y además así se pueden dedicar a lo que quieren hacer realmente: escribir.

Éstos son los motivos por los que casi todos los que se autoeditan son desconocidos que creen poder romper el límite de su escasa popularidad usando las nuevas tecnologías. Desde mi punto de vista, bastante ingenuos.

La pila de libros

Enero6/2009

Hay quien tiene vicios de humo, de bebida, de cine, de fiesta, de conciertos, de viajes, de deportes… Y estamos también los que nos cuesta quitarnos de leé :-)

Esta es la pila que llevo acumulada desde la noche de los tiempos y que no he sido capaz de eliminar. Más o menos cuento 60 libros, o sea, que no la consumiré este año. ¿Seré capaz de contenerme y no aumentarla todavía mas…? Como dicen los HdS en “Apuesta por el Rock’n'roll”, “te diré que apuestes por mi derrota”.

Viaje

Diciembre22/2008

Comienza un viaje relámpago. Nada mejor que suspirar por que Irrealidad salga a la luz, aunque sea ya tan suavemente…

A veces nos acordamos de lo que éramos antes del neolítico y nos armamos de valor, suspiramos, y decidimos recoger algunos objetos y dejar nuestras casas para marchar a otro lugar. Quizás sólo por un tiempo, o quizás no nos atrevamos a soportar la carga de ningún límite: marchamos entonces para dejar crecer nuevas raíces en nueva tierra donde hallar otros nutrientes. En cualquier caso nos despedimos de nuestro hogar, respiramos hondo, subimos al vagón y nos disponemos a atravesar apaciblemente una frontera de espera, una zona de tensa calma como todas las que separan las intensidades de la vida.

Lo que la mayoría de la gente no sabe es que estas fronteras están tan cercanas a Irrealidad que es difícil no sucumbir de una forma u otra a las distorsiones del mundo. Ya se ha escrito en este cuaderno sobre uno de los efectos más extremos. Esta vez mantendremos la calma.

Muchas personas son levemente conscientes de que cuando viajan, efectivamente, están recorriendo una frontera quebradiza e inestable. Es por ello que se remueven en sus asientos, o hablan más alto, o adquieren espontáneamente una súbita familiaridad con otros viajeros (algo impensable en otra circunstancia); andan de un lado a otro sin encontrar destino a sus desplazamientos, puesto que tienen la certeza de que el único existente está al final del trayecto.

Los verdaderamente sensibles a la cercanía de Irrealidad, sin embargo, se quedan quietos mirando por la ventana, ese umbral que creen de una sóla dirección. Observan el paisaje discurrir hacia atrás mientras imaginan (así se tranquilizan porque sería terrible que tal cosa fuera cierta) que el tren permanece quieto. Se maravillan pues, divertidos, de los ocultos engranajes telúricos que pueden desplazar la epidermis del mundo a tal velocidad. Incluso en las paradas, cuando ese exterior de atrezo se detiene, aún pueden sentirlo moviéndose: los andenes arrastrándose hacia atrás, todo lo que hay fuera deslizándose hacia el origen. Debe ser así, sin duda, puesto que aún no han llegado a destino alguno y sólo los orígenes y los destinos están perfectamente quietos.

Estas personas sienten una especial atracción por ciertas porciones de mundo inalcanzables: los Exteriores Perdidos, parcelas de realidad aisladas del resto. Cuando atraviesan los páramos o los campos inmensos dirigen la vista hacia los pequeños reductos que quedan entre colinas, árboles o caminos, rincones sólo adornados con arbustos, peñascos olvidados durante siglos, y tierras secas o con pequeños charcos que quizás nadie nunca ha pisado. También casas abandonadas en mitad de cultivos infinitos, ya sin sendas que las conecten con nada más. O rocas erguidas orgullosamente en la planicie como túmulos olvidados.

Al vislumbrar los Exteriores Perdidos sienten algo parecido a un escalofrío; mucho más intenso si es de noche y esos limitados mundos separados de todo lo demás e inaccesibles salvo para observadores como ellos quedan iluminados fugazmente por la luz que sus habitáculos proyectan hacia fuera. Quizás distingan algún movimiento furtivo y oscuro entre los matojos. ¿Animales que están también de paso y han encontrado fortuitamente ese micromundo, o quizás habitantes del mismo, que no conocen nada más que ese rincón, esa Gondolin secreta donde viven sus minúsculas vidas felices y autosuficientes en su ignorancia?

Muy, muy raramente, las personas que son sensibles a los Exteriores Perdidos se convencen definitivamente no sólo de que el mundo de fuera se mueve y ellos están quietos, sino de que en realidad ellos no están haciendo ningún trayecto, ni siquiera espiritual, puesto que muy cerca de sus cuerpos se han llevado un trozo de hogar que les protege de los mundos fríos e inaccesibles: la luz, la calidez del aire, algunas voces desconocidas que tratan temporalmente como amigas, su asiento, sus pertenencias. Se dan cuenta así de que son tan celosos de esos fragmentos de posesión que no estarían dispuestas a cederlos, y de que viajen donde viajen siempre van a acarrear una burbuja protectora, su propia Gondolin. Porque la necesitan. Porque nadie es capaz de arrancar todas y cada una de sus raíces. Porque el que se ve obligado a ello muere como persona ante el deshaucio más absoluto.

Quien se hace plenamente consciente de todo esto comprende realmente el significado de la vulnerabilidad, y puede escuchar a partir de entonces, si se esfuerza, el batir de algunas Puertas de Irrealidad más cerca de lo que había imaginado. Entonces tiembla.

El Experimento Phauna, Juan Antonio Fernández Madrigal (2006)

Los personajes lo son todo

Diciembre15/2008

Ayer no me quedé del todo a gusto con la entrada sobre el final de Carnivàle. Dejarlo en una “pérdida de interés” respecto a la primera temporada era demasiado ambiguo, pero en ese momento no veía muy claro qué tenía ésta segunda que no conseguía el mismo nivel.

Ahora ya lo he visto.

Lo que le pasa a la segunda temporada, especialmente a los últimos episodios, es lo mismo que le pasa a muchas novelas que no consiguen alcanzar el nivel que una buena e interesante historia promete: que llega un momento en que los personajes se convierten en actores que siguen un guión que les preocupa más que ser ellos mismos, cuando en realidad debería suceder exactamente al contrario: los actores deberían interpretar el guión para llegar a ser más y más sus propios personajes.

Carnivàle, en su primera temporada, es fundamentalmente una historia de personajes: todos complejos, con sus oscuridades y claridades, pero cada uno con una mezcla particular y diferente de ellas. Todos con secretos y todos con formas de reaccionar propias. Sin embargo, en los últimos episodios de la segunda temporada, y seguramente debido a la necesidad de terminar la historia antes de la cuenta, el guión, la secuencia de hitos que los personajes debían alcanzar para poder enhebrar el final de la historia en pocos capítulos, cobró tanta importancia (apartarse de él significaba perder el hilo de los acontecimientos) que los personajes comenzaron a seguir a ciegas lo que les indicaban sin pensar que era más importante, que siempre, en cualquier historia, es más importante, ser ellos mismos que  cumplir esos hitos.

Hay varios momentos claros en los últimos capítulos en los que esto pasa (>>>SPOILER<<<): cuando Sansom deja a los del circo entrar en el carro del patrón (lo que hace que el personaje haga uso de su sentido común, propio de él, y de los posibles conocimientos que puede tener pero que los demás no tienen) pero luego al no ver a nadie dentro les pide que confíen en él de manera bastante desesperada y patética (lo que no tiene nada que ver con cómo es el personaje); o cuando todos están cabreados por lo del patrón (natural en todos esos personajes) pero cuando Jonesy les enseña su curación de repente todos se arrepienten y apoyan a un chaval por el que ninguno se ha preocupado nunca (ni los milagros deberían afectar tanto a esos personajes llenos de miserias ni alguien por el que no mostraron nunca interés debería provocarles ese efecto: más bien deberían seguir pensando en un engaño); o como cuando, casi al final, Sofie mata de improviso a Jonesy simplemente porque hay que mostrar que es la hija del diablo, siendo que su personaje ha estado toda la serie siéndolo sin mostrar tal comportamiento y además su personaje no tenía ninguna motivación especial para matarle.

En fin, el error de que el escritor considere de repente más importante que sus personajes pasen por una serie de hitos que el que sean ellos mismos, el no poder conciliar ambas cosas, es quizás lo que hace perder más sustancia a una historia. A veces es difícil de evitar (por ejemplo en esta serie, por falta de presupuesto), pero si hace falta dejar a un personaje que siga su vida y ver cómo él mismo retoma la historia siendo coherente con lo que es, es necesario hacerlo. De lo contrario ya no tenemos una historia de ficción, sino una narración de acontecimientos, que es distinto.

Y si no se puede lograr que los personajes sean personajes porque entonces la historia queda descompensada, entonces mejor dejar de lado esa historia.

Envidia

Diciembre5/2008

Si yo pudiera llegar a los sesenta años con la misma lucidez que mostró el escritor granadino Francisco Ayala cuando cumplió cien en la introducción de su recopilatorio “Mi ventana al mundo“, me daría con un canto en los dientes.

Fragmento de novela

Noviembre25/2008

Volviendo a las cosas importantes. Copio y pego de la novela que estoy revisando:

[...] Durante el día siguiente me preparo para la caza. Caliento mis músculos corriendo bajo la protección de los árboles de piel de ceniza y hojas grises, saltando luego de roca en roca; persigo a pequeños animales hasta sus agujeros, me alejo otra vez hacia el mar, me lanzo con la boca abierta sobre una rata a la que descoyunto del golpe y luego escupo lo que he desgarrado, golpeo en la nuca a un gato salvaje mientras paso a su lado como una exhalación, trepo a gran velocidad para atrapar un milano negro que se apostaba en las ramas de un árbol seco próximo a un riachuelo y lo empujo con precisión contra las rocas de más abajo, ocultándome de la hipotética mirada de cualquier otro ser vivo mientras observo su trayectoria rectilínea que se termina en un punto negro, rojizo y estrellado que mancha la piedra.

Puntito gore, acción fluida. Una de las marcas distintivas de este libro. También mucha introspección y una historia que se extiende durante siglos…

Tres libros, dos relatos

Octubre18/2008

Tres libros en el cajón esperando tener tiempo, o bien de revisarlos, o bien de moverlos por editoriales: una novela innumerables veces revisada pero a la que no le termino de encontrar el target, si es que tiene alguno; una antología ilustrada hecha libro (la que considero más prometedora) que quizás sea la que primero comience a dar salida, o a intentarlo; la precuela de Umma (y secuela de Magnífica Víbora de las Formas) que tiene un target bastante claro por motivos obvios pero que quizás no quisiera que lo tuviera, de la que es obligatoria una revisión, y en cualquier caso que va a ser difícil de publicar dado el panorama…

Por otra parte, dos relatos inéditos en espera de salir, ya aceptados: uno que podría llamarse el Robota Silmaril, y otro de temática bastante desagradable.

Aún buscando una historia nueva que me muerda fuerte para reentrar en el universo de lo intangible.

Y ése es mi panorama literario actualmente; me da la impresión de estar en el ojo del huracán, esperando a que todo se mueva de repente o a que quizás se quede así para siempre porque se disuelva la tormenta.

P.D.: Una de las dos supersticiones/manías que tengo con la escritura: no hablo de qué estoy haciendo hasta que lo termino.

Ebenezer

Octubre17/2008

¡Albricias! Al fin ha salido publicado el relato Ebenezer, que con tanto cariño urdí hace unos años. Estuvo pendiente de publicación en la revista en papel Artifex 3a. Época, en mi opinión la revista de más calidad del género fantástico en este país en su momento, aunque dejó de publicarse por problemas de rentabilidad…

Afortunadamente, los chicos de la Asociación Cultural Xatafi la rescataron como revista on-line (¡y gratuita!) en Artifex 4a. Época, con el mismo cuidado por la calidad y una difusión, creo yo, más amplia que la original, o al menos, más fácil.

Os recomiendo que os bajéis los dos números ya publicados de esta revista, merecen la pena. Respecto a Ebenezer, os dejo aquí un trocito y la entradilla (aquí sería finalilla ;P) que le han escrito los editores. El relato transforma un cuento infantil victoriano que trata de la redención en lo que a mí siempre me pareció: un relato de terror bastante desagradable.

Ebenezer enarboló la pluma enérgicamente (a pesar del temblor de
la edad, que convertía sus dedos en un manojo de nueces), casi con
saña, se diría, y firmó el certificado de defunción… por otro año más.
La extraña sensación que había despertado en su interior al amanecer
lo abrumaba ahora: no podía recordar cuántas veces había dado fe de
la muerte de aquel mismo muerto, pero habían sido indudablemente
muchas. Por eso se tragó cualquier comentario al uso ahogándolo en
un áspero silencio. Por eso apretó la pluma con fuerza. Por eso casi atra-
vesó el pulcro folio que perpetuaría su garabato tembloroso. Aunque, a
pesar de toda esa emoción pugnando por explotar, las cosas siguieron
mal. El mundo no se percató de su rabia ni de lo absurdo de la situación
que la provocaba. [...]

“Cordobés pero afincado en Málaga, Juan Antonio Fernández Madrigal (1970) se ha convertido en un autor inclasificable. Su universo referencial, que tiene como puntos culminantes la novela Umma (Parnaso) y la recopilación Magnífica Víbora de las Formas (Grupo AJEC), nos suele trasladar a futuros remotos, inteligencias extrañas y desarrollos casi irreconocibles de lo que será la humanidad. Sin embargo, Juan Antonio lo cambia todo en “Ebenezer” para que todo siga igual. Pese a que su relato se ubica fuera de sus ciclos narrativos principales, y a pesar de la apariencia de cotidianidad y de homenaje literario al Cuento de Navidad de Charles Dickens, el autor condensa aquí todas sus preocupaciones y gran parte de la imaginería personal expuesta en las dos obras ya citadas, y sabe compaginarla con un lúcido homenaje al relato fantástico decimonónico. Un cuento ideal para leer ahora que se acercan las fiestas navideñas.”

« AntiguasNuevas »
  • Últimas lecturas:

  • Andanzas artísticas:

  • Criaturas:

  • Creative Commons License