Los premios y yo
No, no es nada común que me den un premio por algo. Para empezar, es complicado si uno no se presenta a las convocatorias; para terminar, no creo que lo que yo haga llame mucho la atención (que es requisito casi imprescindible para ganar algo). Y aún así, tiene que suceder que los miembros de un jurado estén de acuerdo y les guste más que todos los demás que se presentan. Vaya, que es complicao
Así que éste ha venido sin yo esperarlo ni saberlo (ni haberme presentado, porque lo presentan los editores), lo cual es de agradecer porque así me han dado una sorpresa además del premio
El relato al que se lo han concedido no tuvo mucha repercusión en su momento, aunque yo me llevé una alegría cuando decidieron publicarlo en el nº 2 de Artifex Cuarta Época, que es una revista que admiro, y mucho más en compañía de otras estupendas obras de magníficos autores.
Recuerdo que lo escribí unas navidades, después de tener en la cabeza durante mucho tiempo la idea de hacer una versión de Cuento de Navidad, de Dickens (que debería titularse Villancico, pero las traducciones es lo que tienen); una versión en la que la historia fuera realmente lo que a mí me había parecido desde chico que era, y no lo que habían intentado vendernos a través de las edulcoradas versiones televisivas: un cuento de terror.
No sé si lo conseguí del todo, eso está a la opinión de los lectores, que pueden aprovechar aquello de que el premio es a textos publicados en Internet
Dejo aquí el comienzo y el enlace a la revista:
Ebenezer enarboló la pluma enérgicamente (a pesar del temblor de la edad, que convertía sus dedos en un manojo de nueces), casi con saña, se diría, y firmó el certificado de defunción… por otro año más. La extraña sensación que había despertado en su interior al amanecer le abrumaba ahora: no podía recordar cuántas veces había dado fe de la muerte de aquel mismo muerto, pero habían sido indudablemente muchas. Por eso se tragó cualquier comentario al uso ahogándolo en un áspero silencio. Por eso apretó la pluma con fuerza. Por eso casi atravesó el pulcro folio que perpetuaría su garabato tembloroso. Aunque a pesar de toda esa emoción pugnando por explotar, las cosas siguieron mal. El mundo no se percató de su rabia ni de lo absurdo de la situación que la provocaba.
Jacob había muerto, sí. Y se acercaba la Navidad, como era lógico siempre que iba terminando Diciembre. Eso no tenía nada de extraordinario si no fuera porque se había despertado siendo perfectamente consciente de que ambos sucesos se iban a emparejar antes del mediodía. Durante un instante fue incluso más allá: se preguntó si no había sabido aquello todo el tiempo, que el óbito tendría lugar en las fechas blancas. Bueno, pues no, seguro que no; había sido aquella misma mañana y no otra cuando la sensación se convirtió en certeza. Y lo había sabido no por presciencia o brujería, sino simple y llanamente porque le había parecido recordar que venía pasando lo mismo desde hacía años.
[...]
(El cuento entero está en el número de la revista que puede descargarse aquí)
Este sábado 24 a las 19:30 estaremos en Madrid, en la tienda
Hay un monstruo que me roba el aliento y la vida. Es más terrorífico que un felino grande provisto de garras sucias, más que una bandada de cuervos que atacan con determinación, más que una serpiente cargada de veneno que se oculta entre la hojarasca y que se mueve sólo para que su certero ataque hienda el miembro más desprotegido de mi cuerpo; más que la tormenta que oscurece el horizonte para atravesarme con un rayo que nunca tendré seguridad de que vaya a caer exactamente sobre mí; más que una roca contra la que me pueda golpear y quebrarme; más que el mar… el mar, para el que mi piel endurecida y mis huesos son paja; más que todos los animales gelatinosos e inmensos y malignos que se deslizan ocultos en el vientre del mar y podrían matarme con un simple abrazo porque bajo el mar se me van las fuerzas; más que los silbidos y crujidos de la noche; más que esos murmullos que no sé si oí; más que la sensación de una presencia invisible a mi espalda.
¿Qué diferencia existe entre un sueño y un recuerdo?





