Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

La enésima razón para despreciarnos

Julio4/2009

Después de ver en un telediario cómo una familia china se harta de reír mientras anima a su hijo (que andará por los 5 años, si llega) a que se fume un cigarro tras otro con total profesionalidad, no me diréis que cualquiera que esté en proceso de adopción y haya visto Un Día de Furia no se piensa un poco lo de cogerse la recortada y empezar a darle al gatillo…

P.D.: En el fondo soy pacífico como una mariposilla campestre, pero llevo una semana bestia (¡y todavía siguen con el raca-raca de Michael Jackson!). Y se me junta que me queda un mes para las vacaciones, que hace un calor de derretirse entero y que estoy viendo la segunda temporada de Ashes to Ashes (Gene Hunt tira mucho).

Plan E from Outer Space

Julio3/2009

Veamos: ¿no sería lo más conveniente para el futuro del país que, dado que están dispuestos a usar el dinero de todos los que trabajamos para pagarles el sueldo a personas paradas afectadas por la crisis -es decir, están creando funcionarios de tiempo limitado, por así decir-, lo invirtieran en pagarles a esas mismas personas para hacer cursos -siempre que los aprobaran, claro-, prácticas en otros sectores, reciclarlos, derivarlos hacia actividades distintas de las que hacían -como la construcción- y que ahora y en mucho tiempo no pueden absorber más empleo, en definitiva, en que esas personas tengan unas perspectivas de futuro mejores cuando el plan E y sus sueldos se terminen?

Es que lo de seguir en la construcción, haciendo obras de necesidad dudosa, no me convence como herramienta anticrisis, francamente.

Ah, perdón, que no había caído en que esto lo habían diseñado políticos.

Buf. Sí que estoy bueno. Por un momento pensé que el objetivo era el bienestar de la sociedad que gobiernan…

Vicente Ferrer vs. Michael Jackson: la humanidad y su verdadero rostro

Junio29/2009

Fin de la transmisión.

El pequeño detalle

Junio22/2009

Una reflexión que he leído por ahí estos últimos días (sé que es de un amigo, pero no recuerdo quién para ponerlo, lo siento): ¿Os habéis fijado con qué diligencia dedican los telediarios una noticia cuando hay una sentencia judicial -o incluso sólo una imputación- sobre lo que ahora llaman piratería pero que ha sido préstamo de toda la vida? Y… ¿os habéis fijado en cuántas de ellas mencionan el pequeño detalle de que las condenas hacia el que copia sólo se producen en otros países que tienen legislaciones diferentes -a mi juicio perversas y anticuadas- o cuando hay ánimo de lucro, pero que aquí, en España, compartir música, películas, libros… en fin, todo menos programas de ordenador, sin obtener beneficio alguno, no es delito?

No me gustan las conspiranoias (salvo en los libros o películas de ficción). Pero teniendo en cuenta que las televisiones son unos de los chiringuitos que se están yendo al garete por las nuevas tecnologías de compartición (léase que ya nadie ve la tele si puede bajarse series de TV extranjeras, no hablemos de telediarios ni de los programas basura)…

En fin, blanco y en botella.

¿Por qué matan gente?

Junio20/2009

¿Porque pueden?

Ojalá fuera tan triste como eso: se trataría de descerebrados -como alguno que hay por ahí-, a quienes psiquiatras o psicólogos podrían tratar.

No, éstos no tienen tratamiento, porque razonan perfectamente: se han creado unos motivos para matar, aunque sean inventados -eso da igual; los símbolos tienen el significado que uno quiera ponerles-, y siguen la “lógica” de esos motivos -incoherente en muchos aspectos, pero eso también les da igual porque lo incoherente se convierte en axioma y se acabó el problema-. Éstos matan porque han decidido unilateralmente que son enemigos de una sociedad que les da de comer, una sociedad que decidió hace mucho tiempo, precisamente a costa de sangre, dejar cualquier motivo que justificara la violencia en manos del estado y de la justicia. No son parte de nosotros, por tanto. En todo caso podrían encontrar su lugar si viajaran en el tiempo al medievo, o así. Aquí y ahora son simplemente células cancerígenas que se nutren de quienes no les han hecho nada y luego los matan.

Para éstos, como se demuestra cada vez que sale uno de estos salvajes gritando y pegando puñetazos detrás del cristal en un juicio, lo único que sirve es la quimio o la radio. ¿No estaban decidiendo si cerrar o no Garoña? Pues las barras del núcleo deberían ser un buen sitio para recibir el correspondiente tratamiento.

En un alarde de buenismo impensante (que a veces también los tengo), podría aceptar la solución alternativa de encerrarlos de por vida en una isla desierta sin árboles con que construirse un barco, para que no vuelvan a donde no quieren estar: junto a la especie sapiens del siglo XXI. Pero que se den prisa ahí arriba que se me pasa la bondad.

El currículum de un investigador universitario: ¿una contradicción en términos?

Junio18/2009

Hoy en día hace falta continuamente que te califiquen, es decir, que te reduzcan a un número (o a unos pocos) para poder compararte con otros. Esto no ha sido siempre así. En la historia de la humanidad esta necesidad ha ido creciendo exponencialmente: el que hoy haga falta para casi todo es principalmente porque somos muchísimos para conseguir pocas cosas (tan diversas como un puesto de trabajo, metas personales, popularidad, acceso a préstamos o seguros médicos, etc.).

El problema de esto de cuantificar aptitudes, actitudes, capacidades, en fin, el problema de reducir a un grado de bondad alguna actividad humana es que hay muy poquitos campos humanos donde realmente pueda definirse de manera justa, es decir, objetiva e imparcialmente, esta cuantificación.

Es relativamente fácil saber si un corredor olímpico ha batido una marca o no (es fácil por tanto cuantificar y luego ordenar a los participantes según ese desempeño). Es inmediato saber cuántas canastas encestó un equipo en un partido de baloncesto, y por tanto calificarlos y ordenarlos (obviando las subjetividades del árbitro). También es fácil saber cuántas soldaduras hace un soldador al día. Es decir, cuando el ser humano se parece más a una máquina es posible encontrar una medida objetiva de sus actividades. Pero, por ejemplo… ¿cómo calificas la bondad de un profesor universitario que hace investigación, de manera objetiva y global?



Los baremos que se usan hoy en día siempre incluyen el haber publicado muchos artículos científicos. ¿Pero esto hace que seas mejor investigador? ¿Y si no los hiciste sólo tú -como es habitual-? ¿Y si llevas toda tu vida persiguiendo una línea que no ha dado aún frutos pero eres un magnífico investigador, incluso mejor que otros? ¿Y si sólo has publicado dos artículos pero forman la base de una teoría especialmente importante? ¿Y cómo mides si un artículo determinado es bueno? ¿Por la revista en que se publica -tal y como se hace ahora-? Pero las revistas las llevan editoriales privadas, sus rankings no miden bien lo que dicen que miden, y la revisión de los artículos -que se hace de gratis y daría de por sí para hablar muchísimo- depende del tiempo, ganas y afinidad con el tema que tenga el revisor (lo cual no se asegura nunca). ¿Y por qué se valora más un artículo publicado en esas revistas que no uno publicado en Internet, a la vista de todos? Ahora mismo la excusa es que el segundo no ha “sufrido” la revisión por pares, pero… ¿y si a pesar de no haberla sufrido es realmente mejor, sea lo que sea que eso de “mejor” signifique?

Últimamente se está poniendo cada vez más de moda contabilizar también las patentes para el currículum de un investigador. ¿De qué manera objetiva refleja una patente que eres mejor investigador que otro que no la tenga? Para empezar (esto es experiencia personal y quizás sólo aplicable a mi campo), las patentes no suelen dar lugar a demasiados resultados de investigación -artículos- porque presentan desarrollos prácticos a partir del uso de herramientas ya existentes, es decir, suelen excluir investigación fundamental, y están por tanto más relacionadas con las ventajas comerciales que necesiten las empresas que con la investigación (de hecho los departamentos de investigación de algunas empresas son básicamente departamentos de desarrollo de patentes). ¿Y si mi desarrollo como investigador produce software, que en Europa no es patentable? ¿Y si es una nueva hipótesis de física teórica? ¿Y si me alío con una empresa para investigar y ésta me exige un número dado de patentes por unidad de tiempo y simplemente no las encuentro? ¿Y si produzco algo patentable pero no aporto lo más mínimo al conocimiento científico-técnico existente? ¿Y si encuentro yo solito algo patentable que ya ha sido patentado y por tanto no puedo patentar; por qué soy entonces peor investigador que otro?

También te contabilizan las estancias en el extranjero. No es que yo haya sido precisamente un fiera en esto, pero hice la correspondiente, y bastante lejos de España, por cierto, y en un lugar de prestigio (no, no es el de la foto)… ¿Y? ¿Me convirtió eso en un mejor investigador? En mi caso, así creo que fue, pero por el acceso que tenían allí en aquella época a Internet, lo que me permitió descargarme treinta artículos que necesitaba en una tarde en lugar de estar aquí en España tres meses para encontrarlos hojeando revistas en papel. No fue por la estancia en sí. Vi una forma de trabajar distinta, sí (y otras cosas que no me gustaron nada), y evidentemente de todo se puede sacar una lección, pero… ¿cómo calificas, le asignas un número, a eso? ¿Por la longitud de la estancia? ¿Por el ranking de la Universidad de destino? ¿Y qué ranking? Por otra parte, la mayoría de las estancias que conozco que han hecho otras personas no han dado más frutos que, como mucho, algún articulillo científico, y luego la relación se suele terminar; la ciencia/técnica actuales, a nivel investigador (y siempre restringiéndome a mi área, aunque no me huelo nada demasiado diferente en otras), suelen estar basadas en grupos bastante aislados entre sí. Vale, comunicados por revistas y congresos e Internet, pero las colaboraciones estrechas y duraderas, como si fueras miembro de un grupo más grande, son escasas. Además de todo esto: ¿y si has dedicado tu estancia a hacer visitas culturales? ¿Quién vigila eso? Lo que te miden para el currículum es la longitud temporal de la misma… ¿Y si obtienes buenos resultados en tres meses pero otro, que está menos capacitado que tú, necesita un año para lo mismo? ¿Por qué la suya cuenta más?

¿Y los premios? No, mejor no hablaré de los premios… (por motivos ajenos a la investigación siento cierta aversión hacia los premios). Bueno, sólo diré que los premios son, exactamente, el resultado de mezclar un número finito y normalmente pequeño de cuantificaciones que hacen una serie de gente que tiene sus filias y fobias personales, como todo el mundo ;P

¿Y la participación en la organización de congresos? Tampoco diré mucho aquí porque el tema de los congresos daría casi tanto para hablar como el de la revisión de artículos. Simplemente, creo que es bastante evidente que el organizar un congreso es algo en todo caso valorable para quien se dedique a organizar eventos (no sé, alguien que haya estudiado turismo, por ejemplo), pero no para un investigador científico.

Y para terminar: la dirección de proyectos de investigación. Lo pongo aquí porque pasa algo pelín parecido con lo de organizar congresos. Para empezar, dirigir un proyecto no está en tus manos: necesitas disponer de personal en tu grupo que pueda asociarse al mismo (porque no esté asociado ya a otros), lo cual no siempre se da, aparte de que te lo aprueben con criterios, de nuevo, discutibles. Pero asumiendo que dirijas proyectos, éstos tienen una cosa positiva: te permiten guiar y ver crecer a futuros investigadores, lo cual, humanamente, no tiene precio. Lo malo es que… ¿cómo medir lo que eso te hace crecer como investigador? ¿Por el número de tesis que diriges? ¿Y si esas tesis no tienen tanta calidad como otras de otros proyectos que han leído menos tesis? ¿Y si el tema de investigación que escoges se agota en una tesis, aunque valga por diez? ¿Lo mides entonces por el número de proyectos, como ahora se hace? ¿Y si has guiado a todos tus doctorandos pésimamente pero has llevado un montón de proyectos? Para más inri, aparte de esta labor de guía de doctorandos, el resto es puro papeleo y burocracia del que cualquier investigador preferirá no hablar mucho.



En fin, quizás yo es que soy muy bestia (que lo soy). Pero estos baremos, estas cuantificaciones de actividades humanas complejas y creativas, no pueden ser objetivas, por mucho que nos empeñemos, y por tanto, acaban siendo injustas para alguien.

Antes de terminar hay una cosa que quiero dejar clara para que no se me malinterprete: no soy un relativista, ni abogo por el relativismo. Yo tengo muy claro qué de bueno y qué de malo tengo como investigador, y lo que yo creo que un investigador debería ser, y además creo que incluso podría tener una idea de la medida que yo le daría a cada uno, pero sería mi baremo subjetivo, basado en mi experiencia personal. ¿Por qué sería mejor o peor que el de otro? Yo lo aplico para llevarme impresiones personales, guiarme y aprender de mis errores, y punto pelota. No se me ocurriría imponérselo a nadie (aunque a veces me entren ganas :) ). ¿Por qué puede un comité determinado imponer un baremo (incluso aunque yo esté de acuerdo con él)? ¿Es que son los únicos con acceso al olimpo de la objetividad, vedado para el resto de los investigadores que estamos aquí abajito?

Finalmente comentaré lo peor de todo esto, que no lo he dicho hasta ahora. He comentado estos baremos, que más o menos como los describo son los que intervienen con un peso más que grande para optar a puestos en la Universidad (ya hablaremos de la docencia en otro momento, que es un tema más delicado). Ya para empezar, por todo lo que he dicho, habría mucho que dudar al respecto de los mismos, al menos desde un punto de vista científico.

Pero lo que me parece más injusto es que a cada año que pasa se endurecen y endurecen y endurecen… Los investigadores que ahora quieran optar al mismo puesto que tengo yo tienen que tener del orden del triple de currículum que yo tenía cuando opté. No sé si son mejores investigadores que yo o no (a algunos los he guiado yo y sí podría atreverme a decirlo claramente desde mi opinión subjetiva), pero sí sé que no es desde luego nada justo que se les exija lo que a mí no se me exigió, lo que tampoco se les exigió a los que vinieron antes que yo -que por lo que me comentan, hace décadas era aún menos de lo que se me exigió a mí-, por el único motivo (al menos el único que puedo llegar a comprender) de que…

…somos demasiados. No hay sitio para más gente. Aunque sean mejores que los que ya estamos.

Cómo diluir ingenierías (for dummies)

Junio12/2009

Antes de entrar en materia, un extracto del Informe de Referencia sobre la Situación de las Ingenierías Informáticas elaborado por el Colegio Profesional de Ingenieros en Informática de Andalucía el 17 de Noviembre de 2008, al que se tildó de alarmista, arguyendo que lo que viene a continuación no era cierto pues se iban a mantener de manera estatal los estudios de nuestras ingenierías, de común acuerdo entre todas las Escuelas y Facultades, aunque no hubiera ninguna ley a tal efecto:

[...]
En lo siguiente identificamos las principales consecuencias que tendrá la situación actual [la no regulación estatal de las ingenierías informáticas pero sí la de las otras ingenierías], si se consolida:

1.- Obviamente, la dilución de las titulaciones de informática. Solamente estarán regulados y garantizados por el Estado los títulos de ingenierías cuyas fichas de grado/máster han sido propuestas [según el R.D. 1393/2007]. El resto pasará al control de las Universidades. Serán éstas las que tendrán libertad para elaborar sus propios títulos, que una vez validados por el estado (RUCT) pasarán a engrosar un largo catálogo. Por las razones expuestas en secciones anteriores, lo más probable es que los nuevos títulos no tengan mucho que ver con los actuales, ni en denominación ni en contenido, ni entre ellos mismos. Todo esto supone la desaparición de facto del interés y la utilidad social de los títulos y estudios actuales de ingeniería en informática e ingeniería técnica en informática.
[...]

Los hechos son que, siete meses después (manifestaciones mediante), a un año de que todas las ingenierías se tengan que convertir sin remedio en grados/másteres gracias al proceso de Bolonia, los políticos no han cambiado la situación de desrregulación discriminatoria de nuestras ingenierías respecto a las demás. Esto no aportaría nada ahora mismo sino fuera al ver el siguiente extracto, bastante interesante (lo he tomado del Consejo de Estudiantes de la Escuela Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Málaga), de una nota pública del Ministerio de Educación y Ciencia del 9 de Junio de 2009:

Relación de Grados verificados para el curso 09/10:


* Universidades de Barcelona, Deusto, Europea Miguel de Cervantes, Ramón Llul, UDIMA, Alcalá, Autónoma de Madrid, Murcia, Politécnica de Madrid: Ingeniería Informática
* Universidad de Cardenal Herrera: Ingeniería de Sistemas de Información
* Universidad de Alcalá: Sistemas de Información
* Autónoma de Barcelona: Informática de Servicios
* Universidades de Alcalá, Politécnica de Madrid: Ingeniería de Computadores
* Universidad Rey Juan Carlos: Ingeniería en Sistemas Audiovisuales y Multimedia



Relación de Masters verificados para el curso 09/10 ( y por proceso abreviado):


* Universidad Carlos III y Complutense de Madrid: Ingeniería Informática
* Universidad de A Coruña: Informática
* Alfonso X El Sabio: Seguridad de la Información y las Comunicaciones
* Ramon Llull: Investigación en las Tecnologías de la Información y la Comunicación
* Autónoma de Madrid: Ingeniería Informática y de Telecomunicaciones
* Burgos, Baleares, Mondragón: Tecnologías de la Información y las Comunicaciones
* Politécnica de Cataluña: Ciencia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
* Zaragoza: Tecnologías de la Información y Comunicaciones en Redes Móviles
* Castilla La Mancha: Tecnologías Informáticas Avanzadas
* Complutense de Madrid: Investigación e Informática
* Deusto: Seguridad de la Información
* Huelva: Ingeniería de Control, Sistemas Electrónicos e Informática Industrial
* Baleares: Tratamiento Matemático de la Información
* UNED: Lenguajes y Sistemas Informáticos
* Politécnica de Cataluña: Hidroinformática y Gestión del Agua
* Salamanca: Sistemas de Información Digital

En fin. Para más inri, llevamos desde Febrero de este año con la promesa de que se iban a publicar unos acuerdos que todas las Escuelas y Facultadas, de buena voluntad iban a cumplir, para que se mantuviera la regulación estatal de los títulos de grado y máster en ingeniería informática aunque no hubiera ley para ello (se pueden consultar estos acuerdos -aún no publicados en BOE- en el Colegio Oficial de Ingenieros en Informática del País Vasco, en el enlace “Fichas definitivas…”). Ni han sido publicados a la fecha, ni, como se ve, tenido en cuenta ningún tipo de acuerdo.

No sé si alguien puede imaginarse cómo serán los procesos de homologación (acceso a un título teniendo otro) y convalidación (aprobado de una asignatura de un título teniendo otra de otro) en este escenario, no sólo entre todos estos títulos, sino, especialmente preocupante, entre los antiguos (las actuales ingenierías en informática) y éstos. Como colofón, aquí va otro extracto del mismo informe tan alarmista que mencionaba al principio:

[....]

5.-Se dificultará en informática el objetivo primordial de Bolonia de facilitar la movilidad de títulos y profesionales en Europa. Nuestros nuevos títulos no tendrán por qué tener correspondencia en nuestro entorno, y además las telecomunicaciones serán la disciplina más cercana a la informática dadas sus nuevas competencias, y por tanto se situarán en clara ventaja competitiva con nosotros. Puesto que habrá una difícil homologación de nuestros títulos por lo explicado anteriormente, o bien no existirá una correspondencia con ningún título europeo, o bien si la llegara a haber sería de difícil implantación.

6.-Estaremos sometidos a las decisiones locales de cada Universidad. Debido a que los nuevos títulos serán propuestos por cada Universidad, se podría dar el caso, por ejemplo, de que cada una adoptara un posible criterio de homologación, es decir, podría pasar, al igual que ocurrió con las homologaciones del título de licenciado en informática con el de ingeniero, que haya Universidades que lo permitan y otras que no. Más aún, dependerá de los títulos que se definan y del criterio de los que los hagan.

Y ahora se puede decir aquello de que el tiempo nos pone a todos en nuestro sitio.

La industria editorial: de cabeza al agujero

Junio10/2009

Mira que la mayoría de editoriales están tan paralizadas que ni se atreven todavía a tomar una decisión arriesgada (y por tanto innovadora) para reconvertir el negocio, a pesar de que el tiempo corre en su contra y de que ya tienen la experiencia (mala) de las industrias musicales y audiovisuales que se encontraron de repente con el bofetón; pero las pocas decisiones que caen, con cuentagotas, van precisamente en la dirección errónea.

En resumen: gobernantes con un retraso mental en tecnología que parecen recién salidos del siglo trece, libros electrónicos (me refiero a los propios libros, no al cacharrito para leerlos) con protección anticopia en lugar de formatos libres y estándares, cobrar por esas copias, pagar canon a los propietarios de ¡los sistemas de seguridad anticopia!…

En fin, ustedes mismos. Se están jugando sus propios negocios, así que ya sabrán. Y si no, adieu.

Aquí dos artículos al respecto, del siempre interesante Blog del Futuro del Libro, mucho más detallados que lo que yo digo (e igualmente interesantes sus comentarios respectivos):


Sobre los nuevos modelos de negocio

Sobre las actuaciones institucionales al respecto

Democracia: 54% de abstención (en España)

Junio8/2009

Acordaos de multiplicar todos los porcentajes que asignen a los partidos por 0.46 para deducir qué porcentaje real de la población que podía haberles votado efectivamente les votó.

Por cierto, que no he visto en ningún medio de comunicación dónde están los porcentajes de votos en blanco (ni nulos). Y luego dicen que la abstención es sólo porque la gente está desmotivada. Tendrán cara…

En fin, en cualquier caso esto sí que es el gobierno de la mayoría. Qué duda cabe.

Yo ya me desahogué lo mío en su momento.

El desencanto político visto por un desencantado

Junio1/2009

Como desencantado (digo más: asqueado) de la política desde hace años, la situación electoral me resulta sencilla y clara de entender. Sin embargo, el propio sistema político ha llegado a tal grado de degeneración e ineptitud que estoy convencido de que muchos de los que viven dentro de él ni siquiera se plantean una verdadera explicación. A veces me los imagino como hormigas buscando un túnel en su oscuro hormiguero de enredos y medias verdades que les lleve a algo de luz. O mejor: haciendo como que buscan para que los que los miramos nos creamos que están preocupados por buscarla.

Pero en realidad, ustedes, señores políticos, hagan lo que hagan, sea acertado o no, sensato o no, saben que sus respectivos partidos tienen su conjunto de seguidores a ultranza, ésos que se comportan, por ideología, fanatismo o ignorancia (¿no son lo mismo?) como sectarios, o si prefieren algo más suave, como aficionados al fútbol, sólo que esto no es el fútbol; ésos que van a los mítines con el banderín de colores vivos, ésos que defenderían que la izquierda es tal o la derecha es cual o el lugar X del espectro político es todo lo contrario con la misma intensidad que chillarían si un camión les pisara un pie.

Esos seguidores (“votantes de base” los llaman eufemísticamente en lugar de votantes acríticos; hoy todo es eufemístico, no vayamos a llamar a las cosas por su nombre y ganar tiempo) van a votarles siempre. Como mucho, si les disgusta algo que ustedes hagan o tienen la posibilidad de irse de playa ese día -con su tortillita- no irán a votar en alguna ocasión, pero eso no será importante para ustedes más que en esa ocasión. Ellos les son fieles en el fondo. Algunos pasan a ser fieles al grupo político contrario en algún momento de su vida, pero bueno, es que la gente que cree a pie juntillas en una ideología goza de una fidelidad fuerte fuerte, de ésas que no cambian más que cuando cambian de ideología; asumamos que ese flujo más o menos se compensa en todas las direcciones de trasvase.

Así que ustedes saben que elección tras elección, sus “votantes de base”, que en cualquier población de gente formada con el suficiente espíritu crítico simplemente no deberían existir, les darán su voto.

Pero también estamos los que no entramos en ninguna de esas “bases”, quizás porque siempre nos jodió (perdón, no encontraba un eufemismo que reflejara el mismo sentimiento) que nos guiaran, o que nos metieran una ideología en la cabeza o por otro lugar más oscuro (con lo simplistas que son las ideologías y la de colores que hay en la vida), o quizás es que simplemente teníamos algunas opiniones que coincidían con las que defendía un partido, otras con las de otro y otras con las del de más allá.

En cualquier caso, nosotros hemos ido dándonos cuenta en nuestra ya no tan joven democracia, cada vez más claramente (porque no tenemos las neuronas anudadas por la ideología de turno y porque, perdonen, pero nos lo ponen fácil con el nivel intelectual que ustedes exhiben), de que lo que ustedes tienen montado es un negocio como cualquier otro. Un negocio que no busca lo que dice que busca, el bien común, sino sólo mantenerse (como cualquier otro). Un negocio que miente, engaña, dice verdades a medias, simplifica la realidad (como cualquier otro), pero ay, un negocio que no sabe enfrentarse a los problemas tan complejos que necesita resolver una sociedad moderna, porque a) ustedes, en su gran mayoría, son unos ineptos en los aspectos técnicos que dicen que quieren corregir y b) no es eso lo que les interesa de todas formas; es mucho más importante seguir ocupando puesto. Desafortunadamente ahí no son como cualquier otro negocio, porque cualquier negocio debe resolver algún problema de su cliente si quiere seguir existiendo. Pero bueno, para eso son ustedes los que deciden las leyes que tienen que cumplir los negocios, ¿no?

Antes de que nos diéramos cuenta de esto, este grupo de indecisos (otro eufemismo, por no decir insulto) nos movíamos de un partido a otro en cada elección, fundamentalmente porque había políticos concretos, personas, una vez en un grupo, otras veces en otro, que razonaban y convencían y mostraban cierta coherencia, que veíamos que sabían más que nosotros y podían resolver lo que nosotros no imaginábamos cómo; y en esos tiempos éramos nosotros quienes decidíamos el resultado, según dicen los que entienden de historia.

Lamentablemente, ahora que ya hemos visto sus verdaderas caras dada su bajada espectacular de nivel neuronal, nuestro “grupo” pasa completamente de formar parte de ese negocio que ustedes tienen montado. Hombre, si al menos se les pudiera admirar por algo, pues podríamos replanteárnoslo, como cuando compramos un Mac (tan chuloooooo…), pero es que es escucharles en público y entrarnos una vergüenza ajena… Ay, que es que da grima. Y lo que nos da grima no nos interesa, y no votamos. Igual que no mandamos un SMS con “gana Borja-Nacho” al último reality de la tele. O si acaso votamos en blanco, si sentimos algo de culpabilidad inducida. O votamos nulo, si nos va el cachondeo.

Así que, a cada elección que pasa (salvo en las que suceden catástrofes tan importantes que son capaces de volvenos a hacer creer por un momento que necesitamos de ustedes -somos débiles-), los votos “no-de-base”, como los nuestros, bajan, y el resultado depende más del número de gente que cada partido es capaz de captar para su secta, perdón, para su causa ideológica, que de nosotros.

Por supuesto, como dije antes, ustedes hacen las leyes. Por supuesto, en esas leyes la abstención, el voto en blanco y el voto nulo puede que sean contabilizados, pero no se tienen en cuenta, no tienen efecto alguno.

Así que ustedes saldrán sonrientes tras las próximas elecciones, como sale sonriente la Sardá cada vez que ve cómo de limpia tienen la casa de GH XXIII sus amados experimentos sociológicos, digo concursantes. Se asomarán a sus altas ventanas que dan al pueblo (con forma de micro redondo y feo, o, efectivamente, de ventana) y, después de no haberse siquiera molestado en ofrecernos ninguna solución concreta y bien especificada a ningún problema de los que tenemos actualmente, dirán que han ganado (si han ganado), o que han superado sus expectativas (si han perdido), o que son el partido clave/bisagra (si los otros van a pactar con ustedes), o que representan la pluralidad (já) en cualquier otro caso.

No se preocupen: los medios de comunicación también tienen su buena parte de responsabilidad en que esto suceda así, por eso estamos tan seguros de que así será. Ya se encargarán de montar la parafernalia habitual tipo enfrentamiento futbolístico del siglo: éste gana, aquél pierde, al de más allá le han sacado la amarilla, el de más acá tiene tendinitis… Qué interesante les resulta todo, ¿verdad?

Así, a cada elección que pasa, la democracia es menos democracia, y más un sistema homeostático, que se regula y mantiene constante a sí mismo, y autopoiético, que se reproduce a sí mismo buscando la eternidad de lo inepto, de lo insustancial, de la mentira, y del medio engaño o del engaño completo.

Vamos, buscando el puesto aristocrático correspondiente para su propia dinastía de descendientes.

« AntiguasNuevas »
  • Últimas lecturas:

  • Andanzas artísticas:

  • Criaturas:

  • Creative Commons License