Lithographica

Un cuaderno más de Juan Antonio Fernández Madrigal

El tamaño de Miguelín

Septiembre3/2010

Tenemos un presidente de una vacuidad intelectual del tamaño de Miguelín, el muñeco de la Expo. Tenemos una casta política (empezando por la oposición) con unas corruptelas, poltronas y apatía del tamaño de Miguelín. Tenemos unos sindicatos con una caradura del tamaño de Miguelín. Tenemos un tejido grande-empresarial con una capacidad de innovación del tamaño de Miguelín. Tenemos un tejido obrero con una preocupación por que el Estado nos solucione hasta el dolor de pestañas del tamaño de Miguelín. Tenemos un sistema educativo -a todos los niveles- de una liviandad y mediocridad del tamaño de Miguelín. Tenemos una sociedad con una incapacidad para unirse y ceder en lo individual, con el fin de hacer cosas más grandes que uno solo, del tamaño de Miguelín. Tenemos, en fin, un futuro del tamaño de un electrón orbital de un átomo de carbono de una molécula de padrastro del dedo chico del pie de Miguelín.

Que estaba pensando yo en proponer el Miguelín como nuevo sistema métrico español, a pesar de lo que insisten en Microsiervos con la unidad campofutbolera

Lo que yo les diga: un fenómeno, el tío

Julio8/2010

He cambiado de opinión, sí, pero lo he hecho por las circunstancias, no por las convicciones.

Nuestro Gran Timonel (en el Congreso de los Diputados)

Diga lo que quiera que yo haré lo propio

Junio30/2010

Realmente, si la ministra de ciencia e innovación piensa que lo que le dicen los ciudadanos no es verdad, que cualquier cosa que éstos vean que está mal en realidad está bien, que somos un país verdaderamente puntero y competitivo (!) en los asuntos de su ministerio… es obvio por qué nos mantenemos como estamos: para qué va a cambiar lo que está genial.

Cositas del día a día de un investigador

Junio28/2010

Me pasan un formulario para rellenar la memoria anual del proyecto de investigación… Genial, interrupción burocrática al canto.

Bueno, no te quejes tanto, paciencia, es parte de tu trabajo, no se hace con gusto pero hay que hacerlo, peor lo pasaron en Iwo Jima… En fin, lo que uno se dice para no tirarse por la ventana cuando ya te ha pasado ene veces que tienes que dejar lo interesante por papeleo que podría estar resuelto en diez minutos si todo funcionara como debe, es decir, como no funcionan las cosas.

Comienza el emocionante proceso:

-Fichero en Word, claro. Que luego tienen que dedicar la partida de “pagar dinero para comprar licencias de software propietario” a algo. Puesto que sólo se ve bien en el MS Word, me abro máquina virtual con Windows XP para rellenarlo. Suerte que tenía instalada también una impresora virtual allí para pasarlo a PDF.

-Tras preparar la memoria y pasarla a PDF me voy a la web de la Consejería para subirla. Web caída. Mala suerte.

-Día siguiente: web en marcha. Bien. Entro en la misma con mi flamante (y por cierto cada día más lento) Firefox, me pide firma electrónica. Bien. La tengo copiada por enésima vez del fichero “que no se podía copiar a ningún lao” que me dieron cuando la pedí, y que ahora tengo replicado en máquinas virtuales, en máquinas reales, etc. Funciona, por supuesto, lo que demuestra que la increíble seguridad de una firma electrónica de chorrocientos bits se reduce a la de la clave que le pongas para exportarla.

-Selecciono año de convocatoria y entro en la aplicación web de la Consejería. No tienen apartado “memorias anuales”. Un buen rato buscando.

-Al rato veo que hay un iconito que parece ser ello, oye. Está pegado junto a todos los del día que hice la solicitud del proyecto y que no tienen relación semántica alguna, sin distinción ni nada, para que luego digan de la Web 3.0.

-Me aparece una bonita pantalla con todos mis datos y un texto “Subir formulario” (sí, he dicho texto) que abre un pop-up para subir el fichero si se selecciona un checkbox junto al mismo. Había visto formas de ejecutar una acción más enrevesadas, pero tampoco mucho.

-Subo el PDF. Como había estado un rato buscando el iconito, la aplicación web me dice que ha caducado la sesión. Firefox me enseña un cuadrado blanco si vuelvo a entrar. Reinicio Firefox. Entro.

-Me sale que el PDF está subido. Bien. Pero no firmado. Qué raro. Si había usado ya la firma electrónica para entrar… que por cierto me habían pedido tres veces en el proceso. Triple seguridad y ahora tengo que usarla otra vez para firmar el PDF. Bueno.

-Después de un rato buscando un botón para firmar, me encuentro, como antes, un icono que parece ello, oye. Pinchar iconos planos no es lo que se acostumbra a hacer para ejecutar acciones en una web, pero ya se acostumbra uno a tó.

-Pincho el icono y se me abre una advertencia de que se va a instalar un componente en el navegador. Tiemblo. Al mismo tiempo se me abre un aviso de descarga del PDF que acabo de subir, seguramente para que pueda ver si el PDF que acabo de subir es el mismo que la aplicación amablemente ha tomado de la red, pero estoy tan liado diciendo que sí a la instalación de esa cosa que no le hago caso.

-Que reinicie el navegador. Ya.

-Reinicio el navegador. Entro de nuevo en todo. Obviamente: no va. Curioso que me entere de que la cosa no va con Firefox (o mejor dicho: que sólo va con IExplorer) en los últimos pasos del procedimiento.

-Abro máquina virtual con el Windows. Repito la operación de entrada en la web con el nunca suficientemente menospreciado IExplorer (menos mal que mi firma digital estaba copiada en esa máquina virtual), repito la operación de instalación del componente, espero un rato a que se instale. Me sobresalto cuando me dice que no puede instalarse con una bonita pantalla de error HTML. Deduzco (no me preguntéis por qué ni cómo) que no tengo instalado el entorno de ejecución de JAVA en esa máquina. Festivamente.

-Me voy a la web de Sun. Ah, no, que la compró Oracle. Bueno, dónde está la cosa ésta del JAVA. Ahí. Le doy al bonito y directo botón de descarga. Tururú. Que no tengo no sé qué versión compatible. ¿De qué, del navegador, de la máquina, de las neuronas que hacen falta para matar a un político? A tomar viento. Busco todas las versiones de JAVA y selecciono la que me gusta más y la instalo en la máquina. Ah, reinicio el navegador, que a base de palos va uno aprendiendo.

-Vuelvo a entrar en la web de la Consejería. Esta vez consigo llegar del tirón hasta el momento solemne de la firma de lo que ya había necesitado una firma para poder subirse. Con tesón y valor, como Gladiator, le pego al icono de firmar. No pasa nada. Uno, en estos casos, se espera. Porque es Windows… ¿Ves? Ahí está: mensaje de “componente ya instalado”. Ignoraba que le hubiera pedido instalarlo conscientemente, pero Windows es sabio y amable y lo ha hecho por mí.

-Pos sí: abría un applet de JAVA. Después de pedirme permiso para instalar de nuevo el componente (¿no me había dicho que ya estaba?) me devuelve a la pantalla de inicio.

-Recorro de nuevo el camino hasta la firma del PDF. Esta vez no me devuelve a la casilla de salida: me vuelve a poner el texto html de error, eso sí, pero me pide certificados y firmas y le digo a todo que sí sin leerlos (así se trabaja en Windows, ¿no?).

-¡Oh, gloria! ¡Ha salido el mensaje de acción terminada! Como soy como soy, me copio el ID de transacción en un fichero TXT que guardo junto al PDF de la memoria, porque, por supuesto, no me deja imprimir esa pantalla ni almacenar ningún tipo de resguardo.

¿Tiempo total que me han hecho perder los gestores de la administración pública? Una mañana en redactar la memoria y hora y media de reloj en subir un ficherito a una web. Con lo que me pagan, la verdad es que no es que hayan tirado demasiado dinero, pero lo que tenía en la cabeza al empezar el calvario se ha desvanecido y ahora me tengo que recomponer, lo que me llevará tiempo añadido. Eso fastidia cuando uno tenía en mente algo interesante.

Ah, por si no se lo he dicho suficientes veces: gracias, gracias, gracias por estas siempre fascinantes experiencias. Y ya que estamos, ¿no podrían poner un apartado en los baremos de acreditación acerca de la superación exitosa de las mismas? No les cuesta nada, sería igual de arbitrario que todos los demás apartados de los baremos, y al menos sentiríamos que esto que nos obligan a hacer para perder el tiempo tiene algo de sentido…

¿Cómo es la formación que se da a los niños?

Junio24/2010

-Mi visión es bastante negativa. Un lugar común entre los profesores de la Universidad es decir que los alumnos cada vez llegan peor preparados. No es culpa de los alumnos sino del sistema que no funciona bien, no prima la cultura del esfuerzo. Se dan circunstancias tan perversas como que los políticos entiendan por fracaso educativo el número de suspensos y con medidas como la que pretendió poner en marcha la Junta de dar incentivos a los profesores según el rendimiento, entendido como el número de aprobados, se solventa el problema. El problema no es que haya más o menos suspensos, sino que haya gente con mayor o menor formación. La formación media del alumno que entra en la Universidad es mucho más baja que la de hace 15 ó 20 años.

Miguel Ángel Medina Torres, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular (entrevista en Málaga Hoy)

Pero no se preocupen: todo seguirá igual. Pocos poderes públicos están dispuestos a reconocer que esto está pasando, porque ellos son muy optimistas y muy buena gente y mu enrollaos; no como nosotros, que somos un puñado de malpensados y amargados, cuando no algo peor -ellos no dan clase, por cierto-.

Para más muestra, un botón especialmente cercano.

¿De qué se extrañan?

Junio14/2010

La Universidad pierde nivel y seriedad con tanta rapidez que, de ajustar una curva a alguna medida temporal del asunto, probablemente sería exponencial. Pero tengan en cuenta que esto es el blog de un don nadie -por suerte- y no han de hacerme mucho caso cuando digo estas cosas: es que yo soy alarmista, pesimista y seguramente tengo alguna disfunción en la pestaña veinticinco.

Además, a los alumnos de los cursos universitarios que listan aquí no se les va a exigir que sepan lo que es una curva exponencial, que es algo que no sirve para nada en la vida (se lo digan a los banqueros), al contrario que el Reiki, la astrología o la homeopatía.

Los de ese enlace son casos extremos por lo llamativo, salvo para los cargos universitarios que han permitido que existan, a quienes por supuesto les resultarán de lo más lógico, ético y formativo. Hay bastantes más situaciones de descerebre que éstas, no tan llamativas y que probablemente no sean portada nunca -los aprobados por procedimiento administrativo o la evaluación del profesorado por el porcentaje de alumnos que aprueba, por poner sólo un par de ejemplos al azar-. Han de recordar ustedes que en este país en el que la mediocridad mola mazo, en el que al verdaderamente excelente (no me refiero a esa patochada de la excelencia que venden ahora en las universidades) se le castiga y hunde de mil formas y desde mil frentes distintos para que no se atreva a provocar la envidia y el descontento de los que no son capaces, aprendemos desde muy chicos que todos somos iguales, por muy diferentes que parezcamos, y nos llega a importar todo bastante poco, menos el mundial de Sudáfrica.

Así que nuestro futuro promete. Mucho. Permanezcan atentos en los próximos diez o veinte años a sus universidades favoritas, y en general a la preparación intelectual de su ciudadanía en todos los niveles educativos. Les aseguro que van a divertirse de lo lindo. Mientras tanto, les dejo aquí abajo una analogía para que la completen como gusten.

La declaración de la Alhambra

Junio7/2010

A medidados de Mayo, la FECYT, que como se puede observar en su web es una fundación dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, se gastó dinero público en reunir a 50 expertos internacionales (hoy en día le pegas una patada a una piedra y salen 100 expertos en una cosa y otra, así que no tiene demasiado mérito ser experto) para discutir cómo hacer que las publicaciones científicas sean de acceso abierto para todo hijo de vecino, cosa lógica pero que no termina de cuajar a pesar de que es tan fácil como publicar los artículos, por poner, en el blog de uno mismo.

Si me hubieran pagado a mí cincuenta veces menos de lo que se han gastado, o, preferiblemente, si me concedieran a cambio un año libre de toda preocupación que no sea la investigación para poder desarrollarla de una buena vez en paz, les hubiera dado la solución definitiva a su problema, incluso amablemente:

Basta con que en los currícula de los investigadores que son evaluados para conseguir una plaza o un incentivo tenga el mismo peso una publicación “open” que una tradicional, cosa que, por cierto, sería facilísima de llevar a cabo por los mismos políticos que fomentan un encuentro como éste.

Mientras que nuestras posibilidades de futuro profesional, decididas por estos políticos y sus asesores, pasen por publicar en las revistas tradicionales, pueden estar seguros de que todas nuestras horas de trabajo son tan valiosas (y difíciles de conseguir para nosotros) que no van a estar dedicadas a poner un texto en una edición abierta que no sirve prácticamente de nada en el currículum y que automáticamente invalida la posibilidad de publicarse en un medio tradicional.

Ah, claro, no me había dado cuenta: si hicieran lo que les propongo el pedazo de negocio editorial de las revistas tradicionales, para las que por cierto todos los científicos -revisores/autores- trabajan absolutamente gratis, se iría al garete. Y… ¿de dónde me creeré yo que viene el que sea en esas revistas tradicionales, revistas que son adquiridas y pagadas con dinero público por las bibliotecas universitarias de todo el mundo, donde nos exigen publicar a los investigadores los mismos políticos que gastan dinero en esta reunión de expertos?

Si es que tengo la cabeza medio ida ya.

He de aclarar, que luego la cosa se lía, que esta entrada no discute ni el prestigio ni la calidad que pueden tener esas revistas tradicionales frente a las “open”. Sólo trata de arrojar un poco de luz sobre la hipocresía y la forma de gastar dinero que tienen los que nos gobiernan, con el único fin de aparentar que hacen algo con su tiempo. Hasta le han puesto un nombre tan rimbombante como “Declaración de la Alhambra” a las conclusiones de esa reunión. Para que parezca algo.

Pero comprobad, comprobad, en el enlace de arriba, la increíble concretitud de esas conclusiones: de aquí a un par de semanas tenemos arreglado completamente el asunto, seguro.

Justo, justo lo que hace falta en la educación andaluza

Junio3/2010

No, no se trata de exigir más, que eso es de elitistas asquerosos, ni de fomentar el esfuerzo y la responsabilidad, que eso es de fachas, ni suspender a quien se lo merezca y aprobar a quien no, que eso es ya directamente de neonazis.

Qué va. Lo que necesitamos realmente para que nuestros adolescentes lleguen bien preparados a la Universidad o al mundo real (sabiendo hacer reglas de tres y esas cosillas) es esto.

Por supuesto, también encaja con las necesidades de austeridad para esta región del país tan próspera, especialmente en épocas de recesión o desconsuelo.

No, ustedes tampoco se escapan

Mayo19/2010

Aviso: semana monotemática. Cada uno se desahoga como puede.

La brecha de intención de voto que se abrió tras el anuncio de las medidas del Gobierno no ha sido porque ustedes suban, sino porque los otros se desploman. Es el no tener mucha más idea que los que están en los sillones de enfrente, por no hablar de las corruptelas y la incapacidad de manejarlas.

Por cierto, ¿recuerdan quiénes se tiraron dos legislaturas enteritas no sólo no apoyando la inversión en investigación y desarrollo para cambiar el modelo económico del país, sino fomentando precisamente el ladrillo? Pues eso: ineptos, irresponsables, indecentes. Pueden escoger el que sientan más suyo, que como ven hay para todos.

Ineptos vs. malas personas

Mayo18/2010

Seguimos con la semana monotemática.

Puede ser mucho peor un inepto/irresponsable con poder que una mala persona con poder: la segunda tiene sus propios límites (nunca hará nada bueno, por ejemplo) y así puede más o menos predecirse, mientras que el primero hará cualquier cosa en cualquier momento dañe a quien dañe y dañe cuanto dañe.

En el corto plazo, el inepto/irresponsable puede parecer inofensivo. En el largo plazo sucede exactamente al contrario: a la mala persona se la aprende a esquivar.

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