Ciencia aplicada
-¿Qué tiene de malo la ciencia aplicada? ¿Qué tiene de malo que sea rentable?
-Nada. Siempre que siga buscando la verdad, que es en lo que consiste la ciencia.Contacto (Robert Zemeckis, 1997)
-¿Qué tiene de malo la ciencia aplicada? ¿Qué tiene de malo que sea rentable?
-Nada. Siempre que siga buscando la verdad, que es en lo que consiste la ciencia.Contacto (Robert Zemeckis, 1997)
The stagnation is due in part to the decline in funding after the end of the Cold War and on early attempts to commercialize AI. But the biggest culprit was the “mechanistic balkanization” of the field, with research focusing on ever-narrower specialties such as neural networks or genetic algorithms [o filtros bayesianos, añado yo]. When you dedicate your conferences to mechanisms, there’s a tendency to not work on fundamental problems, but rather [just] those problems that the mechanisms can deal with.
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El estancamiento se debe en parte al declive de los fondos disponibles tras el final de la Guerra Fría y a los intentos iniciales de comercializar la IA. Pero la causa primordial fue la “balcanización mecanicista” del campo, con la investigación enfocándose en más y más especialidades tales como las redes neuronales o los algoritmos genéticos [o los filtros bayesianos en robótica, añadiría yo]. Cuando dedicas tus conferencias a las herramientas, existe la tendencia de no trabajar en los problemas fundamentales, sino sólo en los que esas herramientas pueden tratar.
——-Patrick Winston, director del Laboratorio de IA del MIT desde 1972 a 1997 (en la discusión plenaria del Simposio Brains, Minds, and Machines de Mayo de 2011, comentada aquí)
He tenido conocimiento desde Holanda, por medio de vuestros amigos de allí, que las fluxiones1 de usted triunfan allí, con gran aplauso, con el nombre de cálculo diferencial de Leibniz2. [...] No es usted suficientemente cuidadoso de su reputación -ni de la de la Nación- como debería ser, cuando permite que las cosas de valor reposen tan largamente a su lado hasta que otros se lleven la reputación que a usted le corresponde. He procurado hacerle justicia en ese punto, y ahora siento no haber publicado esas dos cartas palabra por palabra3 [...]. Confieso que la modestia es virtud, pero demasiada timidez -especialmente en estos tiempos- es falta.
Carta del colega matemático John Wallis a Isaac Newton insistiendo para que éste -o quizás deberíamos decir un hijo de la Nación inglesa- reclamara el mérito de haber creado en primer lugar el cálculo infinitesimal, que el alemán Gottfried Leibniz había publicado antes.
(Y que puedes encontrar en cualquiera, ya sea éste muy conocido o poco conocido, muy importante para el desarrollo de su campo o poco importante)
En definitiva: que causen que el lector necesite exponencialmente más trabajo del mínimamente necesario para entender todas y cada una de las partes del artículo. Mi tiempo es oro. Si el problema se convierte en entenderles a ustedes y no al asunto en sí, dedíquense a la política.
En este trabajo, como en casi todos en estos tiempos en los que adoramos a la producción como se adoraba a Horus, muchos intentamos seleccionar qué hacer con nuestro tiempo laboral, principalmente porque si multiplicas todo lo que tendrías que hacer por el tiempo que te llevaría hacer bien cada cosa no te salen las cuentas. Incluyendo horas extras, sí. De ésas que a casi nadie nos pagan, sí.
Una solución alternativa a tener que elegir lo que haces sería relajar tu sentido de la ética y responsabilidad (llámese ser práctico para que no suene a crítica, puesto que no lo es) y dejar de hacer bien tu trabajo: ir a toda prisa, hacer lo mínimo para cumplir, llevar las ochocientas tareas de cada jornada dedicando un par de segundos a cada una. De hecho, eso no sólo está bien visto en este país, sino que como no lo hagas se te castiga (y si eres experto en ello se te premia, pero lo más desesperante es que como no lo hagas, se te castiga).
Como uno está mal hecho y le es (casi) imposible realizar las cosas de las que se siente responsable de aquella manera que uno piensa que están mal, no tiene más remedio que asumir el castigo y dedicarse a seleccionar y establecer prioridades (o tratar de hacerlo todo y morir de un infarto, pero estoy intentando evitar esa salida tan fácil). En resumen: mejor no hacer algo por imposibilidad temporal y de recursos que hacerlo con el culo.
Sí: Es bastante probable que alguien ahora mismo esté elucubrando sobre mi indecencia por intentar seleccionar y dejar sin hacer las cosas que no puedo hacer bien, y sobre la inmensa suerte que tengo de poder actuar así. (Incluso sin saber qué cosas son ésas que dejo de hacer y hasta qué punto mi contrato me permite regularlas, dejar de hacerlas o todo lo contrario). No tengo ganas de meterme en esas batallas ahora.
Sigamos el razonamiento y asumamos la realidad de quien es incapaz (no estoy orgulloso, creedme) de hacer algo sin el debido tiempo y dedicación. Hay que elegir. Puestos a elegir, yo primero elijo hacer aquello que no tengo más remedio que hacer, me guste o no, y de la mejor forma posible (o sea, con el tiempo que ello me requiera y no con el que marque el siguiente deadline), luego lo que me gusta hacer pero tiene requisitos temporales más laxos, también de la mejor forma posible, luego lo que no me gusta hacer y puede esperar.
Si el lector es avispado, puede detectar sin mucho esfuezo que en la secuencia anterior no puedo hacer las cosas de mi trabajo que me gustan y que no tienen requisitos temporales claros que cumplir (investigar, estudiar, madurar ideas y otras tonterías que tenemos los profesores universitarios). Para ésas no tengo tiempo desde hace años. Sí, no he exagerado con lo de años, aunque sea andaluz. El único motivo por el que no las dejo del todo es porque dedico tiempo personal a ellas, ya que mi trabajo me impide hacer mi trabajo, literalmente.
Curiosamente, casi ninguna de las cosas que me da tiempo a hacer me dan currículum (y sí muchas de las que no tengo tiempo de hacer), lo cual no es sino otra prueba más que el currículum que se le pide a un profesor universitario parece diseñado (por decir algo) por una manada de Cockers Spaniel en celo alimentados cinco veces al día con pasta de cafeína. El resultado es que nada de eso de “hacer las cosas con su debido tiempo y dedicación” da la menor pizca de currículum. Preparar las clases bien y modernizarlas cada año no da el menor currículum. Gastar varias jornadas para tener un ejercicio de examen resuelto con detalle para el bien de los alumnos presentes y futuros no da currículum. Estar de plantón las 6 horas de vellón que me obliga la ley para tutorías en el despacho, a rajatabla, sin que venga nadie a consultar nada -con lo que al menos me da tiempo para avanzar en otras cosas, eso sí-, no da puntos en el currículum. Intentar corregir exámenes lo más justa y detalladamente posible no da puntos en el currículum. Tratar de llevar mejor proyectos fin de carrera o tesis doctorales no da puntos en el currículum. Entregar un paper a tiempo y no la madrugada de antes de que se cierre el plazo no da puntos en el currículum. No hay apartado alguno en el currículum, en definitiva, para eso de hacer las cosas bien. Ahora, baremos que reflejen la cantidad de cosas que uno hace (las haga como las haga)… Para listar ésos me quedaría sin dedos de las manos y de los pies.
La selección natural es sabia, y sólo sobreviven los más aptos. En este sistema en el que hay que producir y producir y producir, y luego producir (da igual cómo), los más aptos son los que producen y producen y producen, y luego rebajan un poco más su exigencia profesional para poder seguir produciendo. El resto, o no prospera, o le da un yuyu.
Yo elijo no prosperar (llamadme cobarde).
Una de las cosas curiosas que tiene el que te interese por igual la ciencia y la literatura, es, en particular, cómo vas alternando las lecturas de ambas.
En mi caso, tengo rachas. Ahora mismo estoy con una literaria, pero hasta hace un mes o así no sacaba la cabeza de libros técnicos (la más larga que he tenido de las de tipo científico, por cierto). Suelo estar por lo menos diez libros de una de las dos antes de pasar a la siguiente, aunque también ha habido ocasiones en que los he alternado, con cierta predilección por los de ciencia.
¿Y para qué cuento este rollo? Bueno, primero, porque no desentona mucho con los otros rollos que suelto en esto que parece un blog. Segundo, porque al pasar de una racha de lectura a otra, como se hace por hartazgo (mayormente), uno puede contrastar perfectamente las cosas que le gustan o no de cada tipo de libro.
La literatura, cuando estoy en racha, me proporciona cosas que no tiene ni de lejos la ciencia: color, olor, sentidos en general, la sensación de tener algo vivo entre las manos (o que podría estarlo en algún universo paralelo), belleza.
Cuando empieza la racha científica, es porque la literatura me comienza a resultar vaga, demasiado liviana, carente de respuestas, a veces poco innovadora, diciendo siempre las mismas cosas sin ahondar más de lo que ya ahondaron otros.
Por otra parte, los libros técnicos, cuando estoy en racha, me dan cosas que hacen palidecer a la literatura: profundidad, complejidad, rigurosidad, honestidad, conocimiento.
Cuando voy pasando a la racha literaria, de nuevo, es porque encuentro que la ciencia me empieza a parecer repetitiva, fría, pesada, incapaz de destacar lo verdaderamente importante de los detalles, sobredimensionada demasiadas veces (para lo que al final es capaz de explicar realmente), estresante.
Ninguno de los calificativos que he usado en los párrafos anteriores es exacto: contienen una apreciable cantidad de incertidumbre, vaguedad, y por tanto, podríamos considerar que los he puesto haciendo uso de la literatura. Pero todos son ciertos: son las mejores palabras que reflejan lo que me parecen las cosas que leo, por lo que podríamos considerar que los he elegido haciendo uso de un espíritu científico.
Y es que, en el fondo, literatura y ciencia tienen un nexo común: ambas se apoyan en el arte, que es fruto de la imaginación.
Que cuando se dé simultáneamente que tengas publicados muchos artículos científicos (papers en el argot), que además tus coautores no tengan ni de lejos ese número de publicaciones -se entienden coautores distintos que no participen en todos-, y que ellos tengan dedicación a tiempo completo, durante todo el año, al desarrollo de ideas, pruebas y experimentos mientras que tú no -normalmente porque no te dejen tus demás obligaciones-, el hecho de que aparezcas como autor en tantos papers no te hará mejor investigador que todos ellos (las cursivas, como el resto del texto, son mías). De hecho, probablemente investigarás bastante menos y no podrá decirse que estéis en igualdad de condiciones en ese aspecto, sino todo lo contrario.
Será seguramente el caso de que estés dirigiendo grupos de investigación y será eso, dirigir y formar gente, lo que harás todo el tiempo. Y quizás proponer alguna idea, incluso brillante, pero totalmente falta de desarrollo. Del laboratorio, de manera suficientemente intensa como para llamar investigación a lo que haces, no estarás disfrutando.
Que sí, admitamos que son necesarios los directores de proyectos y de grupos de investigación, y que poder abstraerse de los detalles para guiar mejor la línea de investigación puede hacerte pensar más rápidamente (incluso puede avanzar la investigación más rápido, teniendo en cuenta el trabajo conjunto tuyo y de los que guías, que si sólo estuvieran ellos o sólo estuvieras tú), pero llamemos a cada cosa por su nombre. Guiar a la gente para que desarrolle ideas no es investigar: es dirigir y formar gente. Los empresarios, los entrenadores, los militares, etc., también lo hacen, incluso probablemente mejor que tú, y no se llaman a sí mismos peones, centrocampistas o soldados.
Por otra parte, tener muchos papers no te hará mejor investigador ni más destacable en ese ámbito que el que tenga menos (habría que ver su calidad y hasta dónde has contribuido con horas de verdadera investigación a los mismos); dirigir un gran número de proyectos no te hará mejor investigador que el que lleve menos (sólo te quitará más tiempo que a éste); dirigir proyectos con mucha gente a tu cargo no es ser un investigador más relevante que los que llevan menos gente (serás un director más relevante, probablemente); manejar grandes cantidades de dinero con ellos no es ser un investigador enorme y poderoso (un investigador poderoso debería ser un oxímoron, you know, al contrario que uno enorme, hecho este último fácilmente realizable con sólo estar sentado investigando todo el día); conocer a muchos otros investigadores personalmente y tener muchos contactos en tu área no te hará mejor investigador que quien no los tenga (sólo se podrá deducir algo de tu extroversión y simpatía); ser muy popular a causa de todo lo dicho, en fin, no es ser un investigador de primera (sólo se podría decir que has conseguido llamar mucho la atención; pobre de ti si te da por investigar en algún problema teórico, oscuro, y encima sin resultados patentables y/o visibles).
En fin. Éstas y algunas otras cosas al respecto me repito yo de vez en cuando, por si, confuso por la vorágine de ideas institucionales que tratan de meternos en la cabeza a presión -consignas, más bien; al grado de idea sólo llegan cuestiones que no se prestan a la propaganda-, se me olvidara lo que es la esencia de este trabajo en algún momento.
El trabajo de un investigador en formación es sumergirse olvidándose de todo, persiguiendo la máxima profundidad y comprensión del problema que está investigando, hasta llegar a encontrar una solución redonda; el trabajo de su supervisor es agarrarlo en los momentos adecuados de las piernas y sacarlo a la superficie, para que no se ahogue y para que comprenda lo inmenso del mar en el que busca, renovando así las esperanzas de encontrar la próxima vez una solución más brillante que la anterior (y no cansarse de rescatarlo hasta que sepa salir y entrar por sí mismo cada vez que sea necesario).
Quizás sea porque en realidad la excelencia no consiste en plantar árboles ni hacer calles para que se pueda ir a la Uni en un entorno sostenible y ecológicamente atractivo (a la par que dinamizador y transversal, por supuesto), ni en dar las clases con herramientas modernísimas, ni siquiera en gastarse mucho dinero en comprar aparatos muy caros… sino en cuidar de las personas que tienen talento, formarlas bien, darles facilidades para que sigan aprendiendo y no tener miedo de que destaquen por encima de ti, aunque tú tengas un cargo mu alto y mu importante.
Así de simple, y, por lo que parece con los gestores-políticos que tenemos, así de complicado.
Aquí dejo un recorte de una carta a La Vanguardia que lo dice de manera algo más alterada que yo (es de un investigador que regresó a España):
Los titulares que hacen eco de esta encrucijada en la que estamos muchos investigadores utilizan un lenguaje común que gravita en torno a la siguiente frase: “Fuga de jóvenes cerebros: el futuro del sistema de investigación en España”. Dejemos de hablar de “fuga”, nos están echando. Dejemos de hablar de “jóvenes”, ya no lo somos; la connotación es que como jóvenes podemos aguantar todo lo que venga y seguiremos luchando por nuestro ideal, pero no es así; muchos investigadores de esta generación están considerando seriamente dejar la ciencia. Dejemos de hablar de “cerebros”, nos están impersonalizando; tenemos estómagos a los que alimentar, y tenemos corazones a los que escuchamos cuando decidimos regresar a nuestro país para estar más cerca de nuestras familias, a la vez que seguíamos haciendo investigación; corazones que nos rompen cuando nos dicen que se van a incumplir con total impunidad los contratos que firmamos.
Dejemos de hablar de “futuro”; la connotación es que al ser el futuro hay tiempo, que la solución se puede posponer indefinidamente; no somos el futuro, somos el presente. Y por último, no puede hablarse de sistema de investigación en España, sino de una colección de parches que se están deshilvanando. No se puede consolidar un sistema de investigación a base de bandazos. La investigación no precisa de medidas drásticas puntuales sino de una apoyo sostenido y coherente. Es el equivalente a plantar un jardín y no regarlo.
P.: ¿Cómo ve la investigación en España?
R.: Me temo que ustedes siguen retribuyendo más el cargo que los resultados de la investigación y el talento que los puede conseguir.
P.: Todo un diagnóstico… Dolerá.
R.: La ciencia en España aún está encorsetada en inoperantes burocracias y jerarquías paralizantes. Si quieren progresar, tendrán que empezar a compensar antes por los resultados obtenidos que por tener un cargo.Entrevista a Philip Campbell, editor jefe de Nature (La Vanguardia, 25/03/2008)