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20/07/2011  

Estamos viviendo en directo al desarrollo de la estrategia empresarial más antigua del mundo: crea una dependencia a tus clientes de manera que, una vez acostumbrados, necesiten tus servicios para cubrirla y así te hagan de oro. O hagan de oro a cualquier otro que también les cubra esa necesidad. Más concretamente: quítales la necesidad de instalar programas, de hacer copias de seguridad, de buscar medios de comunicación eficientes para intercambiar datos con otros, que ya te encargas tú de todo ese engorro.

Ojo, no es una crítica (salvo por el hecho de que en el límite sólo puede llevar a crear sociedades de incapacitados para valerse por sí mismos; una forma de sociedad colmena uniformizada). Lo novedoso en esta ocasión (con Google Plus, por si alguien muuuuy despistado no sabe aún de qué estoy hablando) son las formas: al mismo tiempo que emplean esa estrategia, lo hacen con una pátina de “buen rollismo” y “transparencia” que potencia aún más su capacidad de atracción. Compárese con esa misma estrategia aplicada por Microsoft en los 90 para conseguir meter Windows en cada ordenador del planeta.

Y no es una crítica porque se trata ni más ni menos de un pasito más en la evolución de la humanidad, una especie que se hace más y más dependiente de sus herramientas, por las inmensas ventajas -y comodidades- que le proporcionan, llegando hasta el límite de hacerse una con ellas. No es que el futuro sean los cyborgs, es que ya somos cyborgs y no nos hemos dado cuenta.

Yo por ahora me resisto a perder el control, al menos tratando de no hacerme dependiente de cosas que no necesito realmente (por más que me intenten convencer de que las necesito) o de cosas que se supone que debo saber manejar por mí mismo porque he sido educado para hacerlo. Puede que no tenga más remedio que llamar al albañil si se me cae una pared, pero por ahora dejaré mis datos personales en mi propia nube, montada por mí mismo; no me gusta que los guarde todos una sóla entidad (que no sea yo), especialmente cuando es una empresa privada que no puede sino estar guiada por su propio beneficio, no por tu bienestar precisamente.

Pero comprendo que sólo estoy retrasando las cosas, porque esto no tiene más que un futuro posible: la empresa se saldrá con la suya. Porque está en nuestros genes que se salga con la suya, y nosotros mismos crearemos las fuerzas sociales necesarias para que todos acaben entrando por esa necesidad que hasta hace poco nadie tenía y, lo más sorprendente, nadie parecía echar de menos…

Es lo que hay.


P.D.: Gracias a Gabriella Campbell por el enlace compartido sobre este tema.

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