Eaolsndruitcpm

09/05/2011  

Puede ser que algún día escriba una entrada al regresar del trabajo y me salga algo como lo de arriba, especialmente si me da por ahí un jueves del segundo cuatrimestre a las diez de la noche; pero no, esta vez no es fruto de una conexión espontánea del centro cerebral del lenguaje escrito con el plexo neuronal encargado de dar forma a las emociones primarias contra los partidos políticos.

Eso de ahí arriba es la frecuencia de uso, en perfecto orden de mayor a menor, de las letras en lenguaje escrito. No sabría decir si en castellano (creo que sí) o en inglés (pudiera ser), dado que me lo sé de memoria desde que tenía unos quince años y lo leí en un libro que había en el antiguo PRYCA (PRecio Y CAlidad) que no quería comprar por no hacer gasto y que por tanto no conservo. Ni siquiera recuerdo de qué iba el libro, pero el poder saber matemáticamente las letras que más se usan fue algo que me impactó bastante (a la vista está). Por aquel entonces no sabía nada del amigo Shannon y su teoría de la información, que da mucho juego y queda muy vistosa para este tipo de cosas.

Pues el caso es que me he acordado de esa secuencia de letras porque el otro día estaba concentrado escribiendo con el teclado, al que le empieza a fallar el blanco de las pegatinas de las teclas, y en vez de pensar, como siempre, “vaya mierda de pegatinas de las teclas”, pensé “leñes, de aquí se deduce algo”. He aquí el teclado en cuestión:

Como se ve, no sólo está el hecho de que las pegatinas son una mierda, sino el de que no todas están gastadas por igual. Las más gastadas parecen ser: e, a, s, d, i, l, m, que fue lo que me recordó el “eaolsndruitcpm” de esta entrada. También podemos ponernos técnicos y hacer una detección de bordes de esa imagen para ver dónde se detectan mejor, aunque realmente dependerá mucho el resultado del método elegido (yo lo he hecho con el operador de Sobel que viene con el GIMP), y al final creo que es más razonable fiarse de la capacidad de procesamiento de imágenes del cerebro. Esto es lo que obtenemos con el Sobel:

En fin. Que asumiendo un tiempo de uso no demasiado largo del teclado (de ahí mi afirmación de que las pegatinas son una mierda), y por tanto una incertidumbre más o menos elevada en la coincidencia de lo gastado con lo predicho teóricamente, tenemos que la coincidencia observada no está nada mal.

Mi santa me dijo luego que hay una historia de Sherlock Holmes parecida a todo esto. Qué de cosas pueden salir de una mirada perdida en medio de una labor rompeneuronas…

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