Del ingrato trabajo de un enanito-pluviómetro de terraza (versión ligera)

26/01/2010  

En el mundo de los enanitos de jardín, los enanitos de terraza son como la familia pobre: más pequeños, más a merced de los elementos, viviendo en parajes no muy amplios… Pero eso no es motivo para olvidar su utilidad, y mucho menos para tenerles tirria. Precisamente algunos de ellos se especializan en utilísimas labores pluviométricas, viniendo de su casa con un tubito de cristal (plástico, para qué engañarnos) en la mano, abierto hacia el cielo azul.

Cuando el cielo azul se vuelve negro, el enanito-pluviómetro de terraza recoge parte de lo que el cielo nos echa. Si su terraza aún puede decirse que esté en una ciudad sin mucha contaminación, podrá sobrevivir tras varios de esos aguaceros, tan comunes por ejemplo este invierno, y proporcionarnos toda una medida de la cantidad de litros por metro cuadrado que han caído tan cerca de nuestros hogares, medida que podremos contrastar con las siempre inciertas predicciones y constataciones de los partes meteorológicos de nuestro canal favorito.

En particular, como los enanito-pluviómetros de terraza no suelen hablar (para qué, para quejarse todo el rato de lo chicos y pobrecitos que son y rajar continuamente de sus parientes de jardín…), tendremos que fijarnos en la altura que alcanza el agua dentro del tubo por nosotros mismos. El enanito-pluviómetro experimentado sostendrá el tubo bien recto, aunque la tierra de la maceta se ablande y sus botas se hundan y se empape todo el rato (como el de la foto, que definitivamente es estupendo que no diga lo que piensa).

En ese caso, la altura del agua dentro del tubo, medida en milímetros, o sea, en centésimas de decímetros, es la misma altura que la que alcanzaría ese mismo agua si cayera sobre un tubo de un metro cuadrado de base (porque no habría motivo para que el agua que cayera en el metro cuadrado no subiera lo mismo que la que cayera en cualquier porción del mismo metro cuadrado, si consideramos que cae más o menos uniformemente y en gotas más o menos pequeñas). Por tanto nos podemos olvidar del área de la base del tubito que tan esforzadamente sostiene el enanito-pluviómetro de terraza y hacer un breve cálculo con la altura del agua en el mismo.

El cálculo es fácil. Una superficie de un metro cuadrado corresponde al área de un cuadrado de un metro de lado, o sea, de diez decímetros de lado, por tanto es un área de 100 decímetros cuadrados (10 dm x10 dm = 100 dm2). Si medimos la altura del agua alcanzada en ese metro cuadrado también en decímetros (o equivalentemente, medimos la alcanzada en el tubito del enanito-pluviómetro de terraza), y la multiplicamos por esos 100 dm2, tendríamos el volumen en decímetros cúbicos caídos sobre esa superficie. Y como un decímetro cúbico de agua es un litro (en cualquier condición imaginable por un enanito-pluviómetro de terraza, aunque no son muy dados a imaginar nada), pues sólo hace falta hacer una regla de tres: un decímetro de altura es a 100 litros por metro cuadrado (100 dm2 x 1 dm = 100 dm3 = 100 litros) como h/100 decímetros de altura (siendo h los milímetros de altura en el tubito del enanito) son a x litros por metro cuadrado. Al resolver la regla de tres nos sale que han caído en nuestra terraza h litros por metro cuadrado exactamente e independientemente de lo ancho que sea el tubito del enanito. h en milímetros, no lo olviden.

Nótense las cursivas en “exactamente”. No olvidemos que esto es sólo una medida, como tal sujeta a error, y deliciosamente modelable como una variable aleatoria, lo cual me contendré de hacer aquí porque el enanito me está mirando fijamente.

Una conclusión muy interesante de todo este sesudo análisis es que los enanitos-pluviómetros de terraza se quejan mucho, pero ustedes pueden aliviar su malestar poniéndole tubitos más estrechos que puedan sostener, para que no acaben con el aspecto del de la foto: enfurruñados y sosteniéndolos como buenamente pueden. No salven sólo a los enanitos de jardín (que son los primos ricos). Acuérdense también de vez en cuando de estos pobres enanitos de terraza…

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