Dos Dunes para un Dune

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Como hablábamos hace poco de Dune, pues qué mejor que dedicar el rincón de la peli del finde de este blog esta semana a dos versiones cinematográficas de la susodicha novela de Frank Herbert, que he estado revisitando estos últimos días.

La primera es el Dune de David Lynch. Inicialmente se pretendió hacer otra obra, en la que iban a intervenir, coordinados por Alejandro Jodorowsky, gente tan importante en diversos aspectos del arte como Salvador Dalí, la banda Pink Floyd, H.R. Giger y Moebius. Quizás demasiado arte, o demasiado ego (que a fin de cuentas son en muchos casos lo mismo) llevó a retrasar ad infinitum el proyecto, con lo que al final la que se realizó fue la de David Lynch, terminada en 1984.

Esta película, sorprendentemente (la sorpresa viene de la creatividad tan excéntrica de Lynch), trató de ser bastante fiel a la novela, dentro de lo que una película puede ser fiel a un libro de 700 páginas tan complicado. Incluso Frank Herbert así la definió, y la ambientación, a pesar de ser tan extraña como lo es en cualquier proyecto de Lynch -¡esos tópteros poliédricos!-, llegó a fraguar entre los fans de Herbert: en especial todos los personajes eran prácticamente iguales a como él los describía en su libro, y por tanto fue fácil que ocuparan la imaginación de quienes los habían leído, y seguramente releído, en letra. Sin embargo, algunos artefactos que Lynch usó para reducir el metraje -¡esos odiosos “módulos sobrenaturales”!- y para hacer que la película fuera al menos mínimamente asequible, como amplificar el maniqueísmo de lo malo y repugnante que era el Barón Harkonnen y lo buenos y elegantísimos que eran los Atreides, o ese final lluvioso que equivale a un toque mágico que el libro nunca tuvo, dejaban una sensación desconcertante en el espectador. El resultado fue que esta película puede ser interesante para quienes ya les guste mucho la novela. Para un público que no haya tenido contacto previo con ésta puede resultar demasiado “de culto” (o friki, como se dice ahora para demasiadas cosas) e incomprensible. Fue un fracaso comercial y de crítica.

Dice un rumor nunca confirmado que fueron 8 horas de metraje las que preparó originalmente Lynch. No se sabe si es cierto, pues la película que se comercializó es de 137 minutos y la versión extendida que se hizo para la televisión americana, de 177 minutos, nunca fue reconocida oficialmente por Lynch a pesar de haber usado su trabajo (ésta no tiene el encanto que yo le veo a la primera, aunque quizás hile mejor la historia para el espectador menos familiarizado con la novela).

En fin, el asunto es que a pesar del fracaso inicial, la novela seguía teniendo la misma fuerza latente que tuvo El Señor de los Anillos en el género de fantasía: los fans seguían apareciendo, se consideró por muchos durante mucho tiempo -si no aún- como la mejor novela de ciencia ficción de todos los tiempos, y, bueno, ya se sabe que la imaginación de mucha gente, por muy frikis que sean, termina normalmente cristalizando en productos que pueden transformarla en dinero 🙂

Así que hubo un segundo intento. Esta vez, el rodaje de la magna (tanto como obra de arte como por compleja) primera novela de la saga escrita por Herbert vino de la mano de John Harrison como miniserie para TV de tres episodios, emitidos el año 2000.

Esta miniserie también es bastante fiel al libro, y también tiene sus excepciones a esa fidelidad como no podía ser de otra forma dado el libro del que estamos hablando… En particular, la estética es completamente distinta a la de la película de Lynch (se parece más a la que podrían haberle dado inicialmente Moebius y compañía), haciendo uso de la tecnología de efectos especiales del momento -aunque para mí personalmente la de Lynch no desmerece en nada a esta miniserie en eso-, los personajes no tienen ningún parecido a los que minuciosamente describió Herbert, el guión -¡qué diálogos más planos!- pierde toda la oscuridad, complejidad, profundidad o como queráis llamar a eso que destila el libro por los cuatro costados y que Lynch sí mantuvo porque es algo también intrínseco en su propio estilo cinematográfico, y el elemento mágico se exageró mucho más que en la película de 1984, pareciendo a veces una de esas producciones baratas para televisión sobre el mago Merlín… También se le dio un protagonismo a la Princesa Irulan que no existe en el libro con el fin de encajar en poco tiempo ciertos asuntos (lo cual no quedó del todo mal). Se consiguió así una película muchísimo más accesible al público no fan, comprensible y de más amplia audiencia. En algunos aspectos, quizás debido a su mayor longitud, es más fiel a (y no se come) algunas escenas del libro, al contrario que la de Lynch.

La miniserie fue continuada, dado su éxito (ganó dos Grammies), con otra, Hijos de Dune, en la que se resumen los dos siguientes libros de la saga de Herbert: El mesías de Dune e Hijos de Dune. En mi opinión, esta segunda miniserie tiene una alta calidad, pero aquí no hay otra con la que compararla…

Es probable que ya esté agotado el filón de Dune y no creo que podamos ver adaptada de nuevo la saga de Dune en formato de serie de TV con todas sus consecuencias en una serie de calidad: varias temporadas, exhaustividad en la adaptación, fidelidad al libro y a todos sus niveles de madurez y complejidad… Pero yo siempre digo lo mismo: no nos empeñemos en hacer infinito lo que ya terminó. Seis libros de Dune originalmente escritos por la pluma de Frank Herbert (las muchas más mediocridades que su hijo perpetró después para sacar dinero no cuentan) no necesitan nada más para deleitar. El que muriera antes de poder dar fin a tan descomunal historia no es motivo para hacer como si no hubiera muerto pretendiendo que se pueden contar más cosas sobre el universo de Dune… de la misma manera en que lo haría su creador.

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