De la entropía al mito

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Hay varios paradigmas del dualismo explorados ya hasta lo verdaderamente cansino, especialmente en la literatura fantástica y épica, en la mitología y en la política: el del bien contra el mal es el más conocido, pero también están el de la luz contra la oscuridad, el del orden contra el caos, el de la derecha contra la izquierda (si eso significa ya algo), el del progresismo contra el liberalismo (si eso significa ya algo), y otros más tangenciales.

Ninguno tiene verdadera sustancia, mucho menos en un mundo tan complejo como el real, pero estas interpretaciones tan simples siempre despiertan en nosotros un interés especial, quizás por nuestra memoria genética… En cualquier caso, hay uno que a mí me parece el más cercano a una verdad, si existiera tal cosa.

Lo digo por la entropía, precisamente una medida matemática del caos (en el sentido de desorden) y que está en la raíz de toda la física moderna. Todos sabemos que la física predice (o teoriza) que la entropía siempre crece en el universo.

Que el desorden siempre crezca, globalmente, despierta el mismo tipo de interés en nosotros que los antiguos dioses del dualismo: puede asimilarse a un principio o dios poderosísimo de cuyo poder nadie puede escapar, que alcanza instantáneamente todos los rincones del universo, y que no puede hacerse desaparecer.

El dios opuesto a éste, el orden, es miope: sólo es capaz de existir en entornos diminutos respecto al tamaño total del universo. Esto es porque el caos permite en su seno porciones de realidad en las que el orden crezca, en las que el desorden pierda poder, siempre que sea a costa de ganarlo en otro lugar. De esa manera, el mapa del desorden total del universo sería irregular, y aunque el poder global del dios entropía sea inimaginable e inigualable, el poder local del dios orden siempre tendría una oportunidad de crecer.

En el mundo que conocemos todo ser vivo es un avatar del dios orden: para mantenernos con vida expulsamos entropía de nuestras entrañas, aumentando así la del exterior que nos rodea. El orden absorbido puede ser modelado y encauzado a través del tiempo para desenvolvernos. Cualquier ser vivo, por minúsculo que sea, hace esto continuamente.

Pero hay unos seres vivos especiales, que se llamaron a sí mismos humanos, que en algún momento no se conformaron con moldear el orden sobre sí mismos y aprendieron a canalizarlo hacia fuera de manera masiva. De esa forma no sólo supieron sobrevivir, sino que también crearon lugares de orden que no eran ellos mismos, y que por lo común pasaban a obedecerles o dependían de su auxilio para mantenerse en pie. Los seres humanos adquirieron poderes maravillosos: podían poner nombres a las cosas que creaban, y hacer que les obedecieran; incluso le pusieron nombre al dios entropía y pensaban una y otra vez en robarle aún más poder.

Sin embargo, en todas las épocas y lugares hay seres humanos que no aprenden correctamente que todo su poder viene del esfuerzo y del sacrificio, al igual que los animales sobreviven con esfuerzo y sacrificio (aunque la vida humana sea mucho más luminosa cuando lo aprenden), y que vencer a la entropía constantemente requiere luchar constantemente contra el dios enemigo. Los seres humanos que no entienden esto se cansan, y dejan de luchar. Algunos incluso comienzan a emplear sus energías en distribuir uniformemente la entropía a su alrededor, es decir, se ponen del lado del dios que deberían combatir por ser lo que son.

Estos seres humanos perdidos encuentran que destruir es siempre infinitamente más fácil que construir (puesto que el poder del dios entropía es inmenso), y una vez que entran en el camino oscuro es difícil que salgan, porque el lado oscuro es poderoso y fácil, y por tanto atractivo e irresistible cuando se contempla durante demasiado tiempo.

Lo que no se paran a pensar es que cuando pierdan suficiente vida dotando de entropía a su entorno, destruyendo lo que otros forman, llegará un momento en que el dios entropía comenzará a comerles por dentro, porque es un dios insaciable, y entonces comenzarán a morir, y no por haberse buscado tan poderoso aliado conseguirán escapar de la destrucción de sí mismos, como tampoco pueden hacerlo sus hermanos del lado de la luz.

Porque el comienzo y el fin es el mismo para todos. Sólo el camino recorrido puede suponer alguna diferencia.

Lamentablemente para los aliados del orden, el significado que pueda tener el camino no es apreciado por demasiada gente.

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